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Consejos útiles para aprender a afrontar los ataques de pánico

Sabiendo que algunos amigos de Un paso al día sufren de episodios de Ansiedad, público el siguiente artículo.

Artículo tomado de Aleteia, por Silvia Luccetti

Comprender los mecanismos de la ansiedad es el primer paso para salir de la pesadilla del miedo al miedo.

En el número de febrero de la revista BenEssere, la salute con l’anima apareció un interesante artículo de Francesco Vincelli, psicólogo, psicoterapeuta, profespr de psicoterapia Aiamc, titulado “Ansiedad y pánico. ¿Cómo podemos salir de él?” (pagina 114). Vincelli respondía al mensaje de de un esposo que pedía consejo para ayudar a su esposa, muy afectada por los ataques de pánico y ansiedad.

Síntomas físicos de los ataques de pánico…

En el amplio panorama de los trastornos de la ansiedad se distingue, por su inicio violento y por la resonancia emocional generalizada que posteriormente resulta de él, el ataque de pánico, que se caracteriza por la aparición repentina de un miedo intenso que alcanza su culmen en pocos minutos, durante los que se manifiestan, en diversa combinación según el paciente, varios síntomas físicos y cognitivos.

Entre los primeros están las palpitaciones, la sudoración, los dolores en el pecho y la sensación de ahogo que a menudo llevan a hospital por temor a un infarto, pero también dolores abdominales, vértigo, hormigueos, temblores o sofocos como los que padecen las mujeres en la menopausia.

… y síntomas cognitivos

Los segundos muestran el miedo a perder el control o a “enloquecer”, y el miedo a la muerte inminente. Quien experimenta un ataque de pánico puede también sentir alejamiento del entorno en que se encuentra, viendo a las personas y las cosas que le rodean como ilusorias, extrañas y deformadas como en un sueño, o bien percibirse personalmente de manera distorsionada hasta el punto de sentirse irreal uno mismo, el propio cuerpo o partes del mismo.

Desrealización y despersonalización

Ambas condiciones, muy penosas, son definidas por la psiquiatría como desrealización y despersonalización, respectivamente. Un ataque de pánico puede desarrollarse desde una condición anterior de tranquilidad emocional, o desde un estado de ansiedad ya en curso, y resolverse volviendo a una de estas dos situaciones.

Se puede manifestar un único ataque de pánico en la vida, o bien producirse en ocasiones, o por desgracia, incluso con frecuencia.

El “miedo al miedo”

En este último caso, nuestro sistema de alerta se activa de manera continua, estructurándose así un “miedo al miedo”: el constante terror a que pueda surgir un nuevo ataque de pánico, condiciona fuertemente a la aparición de nuevas apariciones de intensa ansiedad, creando así una espiral perversa que se autorefuerza.

La agorafobia

La experiencia del ataque de pánico a menudo se complica, afirma Vincelli, con la aparición de la agorafobia, un trastorno que toma el nombre del término griego agorá (plaza del mercado).

El agorafóbico desarrolla un miedo o ansiedad enorme en varios contextos, como el uso de medios de transporte (del automóvil al avión, pasando por autobús, metropolitano, trenes y naves), encontrarse en espacios abiertos (mercados, aparcamientos, puentes, plazas) o cerrados (tiendas, supermercados, cines, teatros, lugares de culto), a estar en fila o en medio de la muchedumbre, o a salir solo de casa.

La persona evita estas situaciones de las que podría encontrar difícil salir, o donde podría no encontrar ayuda si se produjera un ataque de pánico u otros problemas vergonzantes (como vomitar u orinar).

Consejos para quien sufre ataques de pánico

Ante todo, explica Vincelli, es necesario tomar mayor conciencia sobre las circunstancias estresoras que se están atravesando, si existen, y de cómo afectan al propio equilibrio emocional.

También es necesario subrayar que el ataque es una situación temporal que sólo dura unos diez minutos, y que sus síntomas físicos no constituyen una enfermedad, sino vías de descarga de la gran tensión acumulada.

Es oportuno también esforzarse por respirar más lenta y profondamente, porque la respiración corta y entrecortada que se activa en el ataque de pánico empeora los síntomas físicos y, a su vez, empeora la ansiedad.

Otro consejo útil es desviar la atención del propio cuerpo, concentrándose en el ambiente exterior, de manera que se combata la espiral de ansiedad que se alimenta de dejarse llevar por los síntomas físicos.

Ante ataques de pánico continuados, especialmente cuando se repiten con breve intervalo de tiempo, es indispensable la ayuda profesional, que combine una acertada prescripción de psicofármacos con una psicoterapia que ayude a que el paciente comprenda los mecanismos de la ansiedad, y le enseñe técnicas de comportamiento para afrontarla con éxito.

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Espiritualidad y Ansiedad

Conoce el consejo más repetido en la Biblia

Se repite 365 veces, Dios quiere de veras que estemos en paz

El consejo que más se repite durante todo el Antiguo y Nuevo Testamentos es “No temas”.

Quizás ya te resulten familiares algunos versículos de la Escritura con esta amorosa exhortación. Por ejemplo, cuando el ángel Gabriel se apareció a María anunciándole que sería la Madre de Nuestro Salvador. O cuando José escuchó estas palabras al saber que sería el padre terrenal de Jesús: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo” (Mateo 1,20).

Puesto que Jesús estaba a punto de nacer en Belén, otro ángel se apareció a los tres reyes (los magos) con las mismas palabras de aliento.

Cuando Zacarías fue informado de que su esposa concebiría a su avanzada edad, “quedó desconcertado y tuvo miedo. Pero el Ángel le dijo: “No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan” (Lucas 1,12-13).

De hecho, hay muchísimos versículos más, aparte de estos navideños, en los que la Biblia nos anima a no tener miedo.

En la Transfiguración de Jesús, los discípulos cayeron al suelo abrumados por el miedo, pero “Jesús se acercó a ellos, y tocándolos, les dijo: ‘Levántense, no tengan miedo’” (Mateo 17,6-7).

En total, se repite la frase “no temas” o alguna variante ¡365 veces a lo largo de la Escritura!

Muchas de nuestras preocupaciones diarias grandes y pequeñas giran en torno a algún tipo de miedo por lo que pueda suceder. La ansiedad consume mucha de nuestra energía: ¿Le irá todo bien en el viaje? ¿Tendrá un accidente de coche? ¿Sabré perdonar alguna vez a mi hermano? ¿Estoy haciendo lo que Dios quiere en esta situación? ¿Qué nos dirán los análisis médicos? ¿Empeorará su adicción? ¿Estoy acertando con esta decisión? ¿Veré de verdad a mis seres queridos en el paraíso…? Las preguntas se arremolinan interminablemente en nuestras cabezas y, para cada una, Dios nos recuerda volvernos hacia Él en oración y con confianza.

En Apocalipsis 2,10, se nos anima: No temas por lo que tendrás que padecer: mira que el demonio va a arrojar en la cárcel a algunos de ustedes para que sean puestos a prueba, y tendrán que sufrir durante diez días. Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida”.

En Deuteronomio 31,6 se nos exhorta a depositar nuestra confianza en Dios, en que no nos abandonará cuando le ponemos primero a Él en nuestra vida: “¡Sean fuertes y valientes! No tengan miedo ni tiemblenante ellas. Porque el Señor, tu Dios, te acompaña, y él no te abandonará ni te dejará desamparado”.

En Salmos 27,1 recordamos que ninguna decepción terrenal puede destruirnos: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré?”.

En Jeremías 1,8 leemos: No temas delante de ellos, porque yo estoy contigo para librarte”, dice el Señor.

En Mateo 10,28: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena”.

Lucas 12,7 nos dice: “Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros”.

En Juan 6,20 leemos que cuando los discípulos vieron a Jesús caminando hacia ellos sobre el agua, Él les dijo: “Soy yo, no teman”.

San Juan Pablo II empezó su papado con un recordatorio crucial: “¡No teman!”. Este santo de nuestros tiempos nos instaba constantemente a aceptar la paz que Cristo nos ofrece y a confiar siempre en Su amor y su misericordia.

Oremos…

Fortaléceme con la gracia de Tu Espíritu Santo y da Tu paz a mi alma para que pueda ser libre de toda ansiedad y preocupación innecesarias.

Ayúdame a desear siempre lo que es agradable y aceptable para Ti, para que Tu voluntad sea mi voluntad.

Concédeme que pueda librarme de todos los deseos impíos, y que por tu amor pueda permanecer oculto y desconocido en este mundo y ser conocido solo por Ti.

No permitas que me atribuya el bien que realizas en mí y a través de mí, sino que, refiriendo todo honor a tu majestad, me gloríe solo en mi debilidad, para que renuncie sinceramente a toda vanagloria que venga del mundo, y pueda aspirar a la gloria verdadera y duradera que proviene de Ti.

Amén.

Categorías:Salud Emocional

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unpasoaldia

Un caminante en la fe, obediente a la Santa Iglesia y en espera de la conquista del Santo Cielo

4 replies

  1. Es un simple problema químico y con consejos no se soluciona. Además las soluciones profesionales pasan por adiccionarte a las benzodiazepinas.
    La solución es tan simple como poderosa y de efectos instantáneos: genera tú mismo tú propia serotonina, que es lo que te falta cuando te da el ataque de pánico.
    Para ello simplemente come alimentos ricos en triptofano, vitamina B6 y glucosa, y haces un simple ejercicio de concentración moldeando el aire en forma de una sinusoide. Y listo. Fin y para siempre.

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