San José “se hizo cargo de una paternidad que no era suya, sino que provenía del Padre”. E hizo crecer al Niño Jesús, llevándolo hasta la madurez del hombre.

Poco nos cuenta el Evangelio de San José, pero lo poco que nos relata de él se enmarca en los momentos tan tiernos y llenos de misterio del nacimiento de Jesús. El tiempo del Adviento nos pone en sintonía con San José. Casi al  unísono, su corazón está muy unido al de la Virgen María, porque ambos esperan confiados el nacimiento de Aquel que en palabras del Ángel había sido presentado como el Santo, el Hijo de Dios (cf. Lucas 1,35).