Transfigúrame, Señor

Que todos puedan, en la misma nube que a ti te envuelve, despojarse del mal y revestirse de su figura vieja y en ti transfigurada.

Himno Transfigúrame, Señor, transfigúrame.

Fuente: Liturgia de las horas

Transfigúrame, Señor, transfigúrame.

Quiero ser tu vidriera, tu alta vidriera azul, morada y amarilla. Quiero ser mi figura, sí, mi historia, pero de ti en tu gloria traspasado.

Transfigúrame, Señor, transfigúrame.

Mas no a mí solo, purifica también a todos los hijos de tu Padre que te rezan conmigo o te rezaron, o que acaso ni una madre tuvieron que les guiara a balbucir el Padrenuestro.

Transfigúranos, Señor, transfigúranos.

Si acaso no te saben, o te dudan o te blasfeman, límpiales el rostro como a ti la Verónica; descórreles las densas cataratas de sus ojos, que te vean, Señor, como te veo.

Transfigúralos, Señor, transfigúralos.

Que todos puedan, en la misma nube que a ti te envuelve, despojarse del mal y revestirse de su figura vieja y en ti transfigurada. Y a mí, con todos ellos, transfigúrame.

Transfigúranos, Señor, transfigúranos.

Poema de la transfiguración, de Gerardo Diego

Transfigúrame. 


   Señor, transfigúrame.
   Traspáseme tu rayo rosa y blanco.
   Quiero ser tu vidriera,
   tu alta vidriera azul, morada y amarilla
   en tu más alta catedral.

   Quiero ser yo mismo, sí, mi historia,
   pero de Ti en tu gloria traspasado.
   Quiero poder mirarte sin cegarme,
   convertirme en tu luz, tu fuego altísimo
   que arde de Ti y no quema ni consume.

   Déjame mirarte, contemplarte
   a través de mi carne y mi figura, 
   de la historia de mi vida y de mi sueño,
   inédito capítulo en tu Biblia.

   Si he de transfigurarme hasta tu esencia,
   menester fue primero ser ese ser con límites,
   hecho vicisitud camino de figura,
   pues solo la figura puede trans-figurarse.

   Pero a mí solo no. Como a los tuyos,
   como a Moisés (fuego blanco de zarza),
   como a Elías (carro de ardiente aluminio),
   cada uno en su tienda, a ti acampados,
   purifica también a todos los hijos de tu padre,
   que te rezan conmigo o te rezaron
   o acaso ni una madre tuvieron
   que les guiara a balbucir el padrenuestro.

   Purifica a todos, a todos transfigúralos.
   Si acaso no te saben, o te dudan,
   o te blasfeman, límpiales piadoso
   (como a ti la Verónica) su frente;
   descórreles las densas cataratas de sus ojos,
   que te vean, Señor, y te conozcan;
   espéjate en su río subterráneo,
   dibújate en su alma
   sin quitarles la santa libertad
   de ser uno por uno tan suyos, tan distintos.

   Mira, Jesús, a la adúltera
   y al violento homicida
   y al mal ladrón y al rebelde soberbio
   y a la horrenda –¡piedad! – madre desnaturada
   y al teólogo necio que pretende
   apresarte en su malla farisea
   y al avaro de oídos tupidos y tapiados
   y al sacrificador de rebaños humanos.

   [A cada uno de ellos] sálvale Tú, 
   despiértale la confianza.
   Allégatele bien, que sienta
   su corazón cobarde contra el tuyo
   coincidentes los dos en solo un ritmo.

   Que todos puedan en la misma nube,
   vestidura de ti, sutilísima fimbria de luz,
   despojarse y revestirse
   de su figura vieja y en ti transfigurada.
   Y a mí con ellos todos, te lo pido,
   la frente prosternada hasta hundirla en el polvo,
   a mí también, el último, Señor,
   preserva mi figura, transfigúrame.

TRANSFIGURAME, SEÑOR (J. Leoz)

Con tu gracia, para entender tu muerte Con tu poder, para contemplar tu rostro Con tu majestad, para adorarte como Rey Sí, Señor; transfigúrame con tu presencia porque, en muchas ocasiones, temo sólo verte como hombre y no como Dios

Si, Señor; transfigúrame con tu mirada porque, en el duro camino, tengo miedo a perderte a no distinguirte en las colinas donde no alcanza mi vista.

Si, Señor; transfigúrame con tu amor y, entonces, comprenda lo mucho que me quieres: que me amas, hasta el extremo que me amas, hasta dar tu vida por mi que me amas, porque no quieres perderme que me amas, porque Dios, es la fuente de tanto amor

Si, Señor; transfigúrame con tu fuerza porque me siento débil en la lucha porque prefiero el dulce llano a la cuesta que acaba la cumbre de tu gloria

Porque, siendo tu amigo como soy no siempre descubro la gloria que Tú escondes.

Transfigúrame, Señor. Para que, mi vida como la tuya, sea un destello que desciende desde el mismo cielo.

Destello con sabor a Dios Destello con sabor al inmenso amor que Dios me tiene. Amén.

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