¿Qué había detrás de los regalos?

«Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra»

Así relata San Mateo en el Evangelio este episodio:

“Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalosoro, incienso y mirra” (Mateo 2, 1-12)

El oro, el incienso y la mirra son regalos que quizás no aparezcan en las listas de Reyes Magos de casi nadie. No obstante, para los cristianos tienen un significado y un sentido especiales, porque nos hablan de Jesús. La Escritura habla de que María y José vieron postrarse ante el Niño Jesús y presentarle tres cofres con oro, incienso y mirra, respectivamente. 

La adoración de los Reyes Magos es, probablemente, uno de los momentos más conocidos de la Natividad, cada uno de los obsequios tenía un trasfondo que parecía complementar el propósito del nacimiento de Jesús del que habla la Biblia.

Oro para un Rey 

El oro, por ejemplo, representa el homenaje que se le rinde a un rey. Cuando los magos le ofrecieron oro a Jesucristo, estaban reconociendo su autoridad como rey.

Jesús nace en el Portal de Belén, un lugar humilde, pero sigue haciéndolo como Rey. Así se cumple lo que dice el ángel a la Virgen María: “El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin” (Lucas 1, 26-38) El Niño Jesús, Dios hecho carne, viene a ser el Rey de Israel, además de Salvador de toda la humanidad. Por eso, en calidad de “rey”, recibe el oro. 

Incienso para el Niño-Dios 

En el caso del incienso, que es una resina aromática que al quemarse produce un olor especial. Se usa en ciertos templos como expresión de alabanza y adoración a los dioses. Este regalo era ideal para uno a quien se considera Dios. Al regalar incienso al recién nacido, estaban reconociendo su cualidad de Dios, declarando así a todos, su divinidad.

El incienso tiene un alcance mayor. Si el oro es para mandatarios terrenales, el incienso es propio de dioses. Jesús -és el símbolo aquí- era, además de rey, Dios.

Mirra para el Dios hecho Hombre

La mirra posee una función similar al incienso. Se trata de una resina solidificada cuyo destino más habitual era la embalsamación. Es decir, su uso era el “cuidado último” a los muertos antes del entierro. El sentido de este presente para el Niño Jesús era un anticipo de que iba a morir, como un humano más…aunque Él resucitó.

¿Por qué regalar mirra? Una de las posibles explicaciones es que de esta manera quien regalaba, seguramente Baltasar, realzaba la sorprendente naturaleza humana que el nuevo nacido tenía, además de la divina y el mencionado poder terrenal.

 La mirra es un regalo que deja a más de uno reflexivo, no solo por sus propiedades medicinales. Algunos teólogos consideran que al ser una resina aromática que se usa en medicina, sobre todo, para embalsamar cadáveres, no era un presente apropiado para un rey, o para Dios, sino para un cadáver. ¿Por qué, pues, se la ofrecieron? Sostienen que de esta manera se evocaba a su misión de morir y ser el redentor de la humanidad. La mirra es símbolo de la amargura y de la unción de la purificación.

ORO, INCIENSO Y MIRRA. LA REGLA DE ORO, EL GRAN MANDAMIENTO Y LA GRAN COMISIÓN.

Esta narración inspirada a Mateo hace casi dos mil años nos lleva al corazón mismo del Evangelio: …Arrepentíos porque que el Reino de Dios se ha acercado… Mateo 4:17, y Jesucristo mismo es el Reino de Dios en persona, Quien venía a este mundo, Quien cada día viene a este mundo a través de la predicación, y Quien cada día viene al mundo de cada alma que Le recibe como al Hijo de Dios, como Salvador, como el Cristo, el Mesías esperado que trae el Reino de Dios.

El nacimiento del Mesías cambia la historia de la humanidad abriendo la puerta de la reconciliación con Dios, la vuelta al Edén para aquellos que Le aman. Cuando el Niño Jesús es obsequiado con oro, incienso y mirra, con lo que significa y simboliza cada uno de estos presentes, nuestro corazón cristiano recibe también tres presentes que cambiarán nuestra vida para siempre como hijos de Dios y nos harán santificar todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo.

Cuando predicamos el Evangelio traemos estos tres regalos al oyente. El oro del amor de Dios, el Evangelio mismo; el incienso de nuestra oración por los que oyen; y la mirra de nuestra intercesión en santidad, batalla espiritual y persecución del mundo, llevando nuestra cruz. Es de este modo que cumplimos con la Regla de Oro.

Cuando recibimos el Evangelio y nacemos de nuevo, estamos recibiendo esos tres regalos.

El oro del amor de Dios; el incienso por la oración de Cristo en el huerto de Getsemani, y de la Iglesia, para que tengamos la fe en la obra de Cristo; y la mirra en la Pasión de Cristo en la Cruz, Quien con Su sangre nos limpia de pecado. Cuando hemos recibido al Hijo de Dios, amamos a Dios cumpliendo el Gran Mandamiento.

Y en tercer lugar cuando somos iglesia, familia de Dios con nuestros hermanos en la fe, traemos el oro cuando reconocemos a Cristo en nuestros hermanos que han nacido de nuevo, quitando el calzado de nuestros pies, descalzándonos para con ellos del Evangelio, allí donde Cristo ya ha nacido y ha sido formado, porque sus almas son ya Templo del Espíritu, descalzados pues del mismo modo que Yahweh le pidió a Moisés cuando subió al Sinaí, donde moraba Su presencia y ardía la zarza sin consumirse. Este es un punto importante, tratar a nuestros hermanos como gente santa, como templos santos, como Cuerpo de Cristo. Permaneciendo el incienso de la oración, no solo individualmente, sino por la obra del Señor entre todos los miembros, para el ministerio, para la Gran Comisión. Y traemos la mirra en la intercesión por nuestros amigos en Cristo cuando …sobrellevamos los unos las cargas de los otros… Gálatas 6:2 y ponemos nuestras vidas por ellos, 1Juan 3:16 y 17.

El oro es el corazón que nos ama, el de Dios, el de nuestros padres, el de los esposos, el de los hijos, el de los amigos en Cristo, pero el Señor nos enseña a ganar el corazón de nuestros enemigos, y eso éramos nosotros hasta que Le conocimos. Si ganamos el corazón ganamos el verdadero oro, la mayor riqueza que podemos tener, nuestro Dios, nuestros seres queridos y desconocidos en Cristo por la Palabra y la obra. No escatimemos esfuerzos para ganar de verdad los corazones, porque este es el mayor tesoro, que al igual que el oro se purifica en el horno de fuego, símbolo de la prueba de la fe que obtiene un corazón limpio: …Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios… Mateo 5:8, …Haceos tesoros en el Cielo… Mateo 6:20, …El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca buenas cosas… Mateo 12:35.

Cristo en la Cruz solamente recibiría la mirra que ya le fue ofrendada en Su nacimiento como hombre. Y al final de Su vida en la tierra se invierte el orden de los presentes. El incienso le seguiría en Su sepultura, y el oro en Su resurrección recibiendo el Reino, la corona como Rey de reyes a la diestra del Padre.

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