DÍA DE ORACIÓN POR LOS FIELES DIFUNTOS y Oraciones para rezar en casa por alguien que haya fallecido en la epidemia

La oración por nuestros Difuntos es un gesto de importantísimo valor que nos hace crecer en la fe y a través del cual conseguimos la gracia de la vida eterna para nuestros familiares y amigos que han fallecido.

Nos enseña la Iglesia, por el Catecismo de la Iglesia Católica, que los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos – Nuestra Señora de la Granada

Estos son los fieles difuntos y forman parte de la misma Iglesia de Jesucristo, como los santos del cielo y como los hijos de Dios todavía en la tierra, que anhelamos la misma salvación que ellos ya tienen garantizada. La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados, continúa el Catecismo.

Desde los primeros tiempos, nos recuerda en Catecismo de la Iglesia Católica, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sufragio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios.

Tendríamos que incorporar a nuestra piedad habitual la oración por los fieles del Purgatorio. Así lo recomienda san Josemaría: Las ánimas benditas del purgatorio. —Por caridad, por justicia, y por un egoísmo disculpable —¡pueden tanto delante de Dios! — tenlas muy en cuenta en tus sacrificios y en tu oración.

Ojalá, cuando las nombres, puedas decir: “Mis buenas amigas las almas del purgatorio…”

Nuestra Madre del Cielo, que no conoció pecado, nos puede aficionar a esa limpieza completa del alma, que podemos conseguir también, con oración y sacrificios, para las almas del Purgatorio.

Día de los Fieles Difuntos ¿SABES QUE CELEBRAMOS?

Oración para los padres difuntos

Oh Dios, que nos mandasteis honrar a nuestro padre y a nuestra madre, sed clemente y misericordioso con sus almas; perdonales sus pecados y haced que un día pueda verlos en el gozo de la luz eterna. Amén.

Oración para los amigos difuntos

Oh Dios que concedéis el perdón de los pecados y queréis la salvación de los hombres, imploramos vuestra clemencia en favor de todos nuestros hermanos, parientes y bienhechores que partieron de este mundo, para que, mediante la intercesión de la bienaventurada Virgen María y de todos los Santos, hagáis que lleguen a participar de la bienaventuranza eterna; por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración para los niños difuntos 

Señor, tú que conoces nuestra profunda tristeza por la muerte del (de la) niño(a) N., concede a quienes acatamos con dolor tu voluntad de llevártelo(a), el consuelo de creer que vive eternamente contigo en la gloria. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

En caso de accidente o suicidio

Escucha, Señor, las súplicas de tu pueblo unidas a las lágrimas de dolor que sentimos por la muerte inesperada de nuestro(a) hermano(a) N., y haz que alcance tu misericordia y goce para siempre de la luz de aquella patria en que no hay más sufrimiento ni muerte. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración al fallecimiento de un ser querido

¡Oh Jesús, único consuelo en las horas eternas del dolor, único consuelo sostén en el vacío inmenso que la muerte causa entre los seres queridos!

Tú, Señor, a quién los cielos, la tierra y los hombres vieron llorar en días tristísimos;

Tú, Señor, que has llorado a impulsos del más tierno de los cariños sobre el sepulcro de un amigo predilecto;

Tú, ¡oh Jesús! que te compadeciste del luto de un hogar deshecho y de corazones que en él gemían sin consuelo;
Tú, Padre amantísimo, compadécete también de nuestras lágrimas.

Míralas, Señor, cómo sangre del alma dolorida, por la perdida de aquel que fue deudo queridísimo, amigo fiel, cristiano fervoroso.

¡Míralas, Señor, como tributo sentido que te ofrecemos por su alma, para que la purifiques en tu sangre preciosísima y la lleves cuanto antes al cielo, si aún no te goza en él!

¡Míralas, Señor, para que nos des fortaleza, paciencia, conformidad con tu divino querer en esta tremenda prueba que tortura el alma!

¡Míralas, oh dulce, oh piadosísimo Jesús! y por ellas concédenos que los que aquí en la tierra hemos vivido atados con los fortísimos lazos de cariño, y ahora lloramos la ausencia momentánea del ser querido, nos reunamos de nuevo junto a Ti en el Cielo, para vivir eternamente unidos en tu Corazón. Amén.

Oración por los fieles difuntos.

Dios de misericordia y amor,
ponemos en tus manos amorosas
a nuestros hermanos y hermanas
que has llamado de esta vida a tu presencia.
En esta vida les demostraste tu gran amor,
y ahora que ya están libres de toda preocupación
concédeles pasar con seguridad las puertas de la muerte
y gozar de la luz y la paz eterna.
Habiendo terminado su vida terrena recíbelos en el paraíso,
en donde ya no habrá tristeza ni dolor,
sino únicamente felicidad y alegría con Jesús, tu Hijo,
y con el Espíritu Santo, para siempre.
Amén.

Oraciones para rezar en casa por alguien que haya fallecido en la epidemia por el Covid 19

Oraciones para rezar en casa por alguien que haya fallecido en la epidemia por el Covid 19

Tomado de: Parroquia de Santa Elena; padre Javier

1. Introducción a la oración:

Quien preside se dirige a los presentes con estas o parecidas palabras:

Queridos hermanos:

En estos momentos en que la muerte deja de ser algo lejano y se convierte en una realidad que nos golpea duramente, seguramente surgen en nosotros muchos interrogantes. Ahora, con dolor y esperanza oramos renovando nuestra fe cristiana. Por nuestra fe creemos que la muerte no es el final, sino la puerta hacia la plenitud de la vida. Y esto lo creemos porque Jesús nos dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás». Creemos también que la muerte ha sido vencida por la resurrección de Cristo y por eso celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte, al orar y poner en las manos misericordiosas de Dios a nuestro hermano(a) N. Nos unimos en oración confiada junto con toda la Iglesia que intercede por nuestros difuntos.

2. Inicio – El que preside (o uno de los asistentes) dice:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

R. Amén.   

Si el que dirige la celebración es un laico, dice alguna de las siguientes antífonas de la Sagrada Escritura; en caso contrario, el saludo habitual (El Señor esté con vosotros …)

«Venid a mí, todos los que estáis afligidos y agobiados, que yo os aliviaré». (Mt 11, 28)

O bien:

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones. (2 Col, 3-4)

Luego, rocía el cuerpo o las cenizas del fallecido con agua bendita y puede asperjar también a los presentes.

3. Oración por el difunto y sus familiares

El ministro invita a un momento de silencio para orar y encomendar a Dios a quien ha tallecido; luego dice una de las oraciones siguientes (la tercera está adaptada a un joven).

Oremos.

Recibe, Señor, el alma de tu siervo(a) N., a quien te has dignado llamar de este mundo a tu presencia para que, libre de todo vínculo de pecado, le concedas el gozo del descanso y la luz que no tiene fin, y, entre tus santos y elegidos, merezca participar de la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

O bien:

Señor, te encomendamos humildemente, a nuestro(a) hermano(a), a quien en esta vida mortal siempre protegiste con inmenso amor; ahora que ha sido liberado(a) de todo mal, llévalo(a) al descanso eterno. Imploramos tu clemencia para que conduzcas al Paraíso a este(a) hijo(a) tuyo(a) que ya ha concluido su vida mortal, donde ya no existe ni la muerte, ni la angustia, ni el sufrimiento, sino la paz y el gozo en compañía de tu Hijo y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Por un difunto joven:

Oremos:

Dios nuestro, que diriges los acontecimientos y la duración de la vida de los hombres; te encomendamos humilde y confiadamente a tu hijo(a) N., cuya muerte prematura lloramos, para que le concedas una permanente juventud en la felicidad de tu casa en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

Lectura de la Sagrada Escritura:

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a los Corintios (2 Cor 4, 14-5,1)

Hermanos, sabemos que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él. Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios. Por eso, no nos acobardamos, sino que, aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Pues la leve tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria, ya que no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.

Porque sabemos que si se destruye esta nuestra morada terrena, tenemos un sólido edificio que viene de Dios, una morada que no ha sido construida por manos humanas, es eterna y está en los cielos.

Palabra de Dios

Silencio para orar personalmente.

—–

Salmo responsorial: Salmo 22, 1-3. 4. 5. 6

Lector: El Señor es mi pastor, nada me falta.

Familia. El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.

Familia. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Familia. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

Familia. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

Familia. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Después se prosigue con las preces:

Hermanos: Invoquemos confiadamente a Dios todopoderoso, que resucitó de entre los muertos a su Hijo Jesús para salvar a vivos y difuntos.

A cada intención respondemos: Escúchanos Señor.

– Por nuestro(a) difunto(a) N., que recibió en el bautismo la semilla de la vida eterna, para que el Señor le conceda ser compañero(a) de los santos. Oremos.

– Por este(a) hermano(a) nuestro(a) que se alimentó con el cuerpo de Cristo, pan de vida eterna, para que el Señor lo(a) resucite en el día final. Oremos.

– Por las almas de nuestros hermanos, parientes y bienhechores difuntos, para que el Señor les permita contemplar el resplandor de su rostro. Oremos.

– Por todos los que durmieron con la esperanza de la resurrección, para que el Señor los reciba con amor en su casa. Oremos.

Se pueden añadir aquí oraciones espontáneas

– Por todos los difuntos de esta comunidad cristiana, para que el Señor nos conceda reencontramos con todos ellos en la gloria de su Reino. Oremos.

Se concluye con la siguiente oración:

Oremos.

Señor, Redentor nuestro, que te entregaste a la muerte para que todos los hombres se salvaran y pasarán de la muerte a la Vida: Te pedimos, humildemente, que tengas piedad de estos hijos tuyos que lloran y te suplican por el pariente que han perdido. Tú que eres el único Santo y lleno de misericordia y que por medio de tu muerte abriste a los fieles las puertas de la Vida, perdona todos sus pecados. Rey eterno, no permitas que nuestro(a) hermano(a) sea separado(a) de ti, sino que por el poder de la gloria que tú posees sea llevado al lugar de la luz, de la felicidad y de la paz.

Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Bendición – si preside un ministro ordenado

Invocación final a la Virgen

Para terminar nuestra oración encomendamos a nuestro hermano a la Virgen María, quien estuvo junto a Jesús como madre suya en el momento de la cruz, diciendo:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Amén

O bien:

Bajo tu amparo os acogemos, oh Santa Madre de Dios; no desoigas nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡Oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!