Espiritualidad

Frases de Santa Teresa de Jesús y su “Flecha Divina”

Frases del “Camino de Perfección” de Santa Teresa de Ávila

Santa Teresa de Jesús (28 marzo 1515 – 15 de octubre 1582) fue la monja fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzos, mística y escritora española. Se la conoce también como santa Teresa de Ávila. Su historia ha sido llevada en varias ocasiones tanto a la gran como a la pequeña pantalla, en formato literario, en obra teatral y

Transverberación en corazón de Santa Teresa de Jesús fue confirmada en  autopsia

hasta en repostería con las Yemas de Santa Teresa, dulce típico de Ávila. 

Con motivo de su santo, veamos, a continuación, sus diez frases más destacadas. 

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Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor

La vida es una mala noche en una mala posada

La verdad padece, pero no perece

Tristeza y melancolía no las quiero en casa mía

Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero

Que nada te traume, que nada te turbe, todo se pasa, solo Dios basta.

Todo el daño nos viene de no tener puestos los ojos en Vos, que si no mirásemos otra cosa que el camino, pronto llegaríamos…

 Fuiste por amor criada hermosa, bella, y ansía en mis entrañas pintada, si te pierdes, mi amada, alma, buscarte has en mí.

La única razón que encuentro para vivir, es sufrir y eso es lo único que pido para mí

Darse del todo al Todo, sin hacernos partes Las mujeres no necesitan estudiar a los hombres, porque los adivinan Lee y conducirás, no leas y serás conducido El amor, para que sea auténtico, debe costarnos Sin un corazón lleno de amor y sin unas manos generosas, es imposible c

“Me parece que los honores y las riquezas casi siempre van juntos: aquel que ama el honor nunca odia las riquezas, mientras que aquel que odia las riquezas no busca honores”.

“¿Qué importa si permanezco en el Purgatorio hasta el día del Juicio si mis oraciones salvan a una sola alma? ¿Cuanto más si salvan a muchos y dan gloria a Dios?”

” ‘Orar sin cesar’: debemos obedecer esto con la mayor perfección posible pues es nuestro deber más importante”

(Esta es la regla de la orden de las Carmelitas Descalzas).

“Es esencial para nosotros entender lo mucho que éstas (cuestiones) nos ayudan a conservar esa paz, interior y exterior, las cuales nuestro Señor tan fuertemente abrazó. La primera de ellas es amarse unos a otros; la segunda es desprendimiento de todas las cosas creadas; la otra

“No permitamos a nuestra voluntad convertirse en esclava de nadie excepto de Él que la compró con Su Sangre, o, sin saber cómo, ¡nos encontraremos cautivos en una trampa de la cual no podremos escapar!”.

“Creo que Dios da grandes gracias a cualquiera que esté resulto a hacer el bien”.

“Yo no puedo entender cómo la humildad puede existir sin amor o el amor sin la humildad…”.

“¡Oh Dios! Todos nuestros padecimientos vienen de no fijar nuestros ojos en Ti: si no viéramos nada más, sino únicamente a donde vamos, pronto llegaríamos, pero caemos mil veces y nos tropezamos y nos alejamos porque no mantenemos nuestra mirada puesta en Él que es el ‘Camino’ “.

“Algunas veces el Señor tarda mucho en llegar y paga todo de una sola vez…”.

La mejor señal de que alguien ha hecho un progreso es que piense en ella misma como la última (en importancia) y lo pruebe con su comportamiento y que busque el bienestar y el bien de otros en todo lo que hace”.

Una “flecha divina” marcó el corazón de Santa Teresa de Jesús y autopsia lo confirmó

La transverberación de Santa Teresa de Josefa de Obidos. Crédito: Wikimedia (Dominio Público).

Santa Teresa de Jesús (1515-1582), la primera mujer Doctora de la Iglesia, relató en sus escritos una de las experiencias místicas que marcó profundamente su corazón. Este hecho fue tan impactante que la llevó a hacer un voto especial a Dios que la impulsó en sus reformas, fundaciones y camino de santidad.

Cuenta la Santa y escritora mística que cierta vez vio a su izquierda un ángel en forma humana. Era de baja estatura y muy hermoso, su rostro lucía encendido y dedujo que debía ser un querubín, uno de los ángeles de más alto grado.

“Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios”, describió Santa Teresa de Jesús.

“Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios”.

“No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento”, explicó la Doctora de la Iglesia (Vida 29,13).

Este tipo de vivencias espirituales es llamado en la Iglesia como “la transverberación”, que es la experiencia mística de ser traspasado en el corazón causando una gran herida.

Más adelante, buscando corresponder a este regalo divino, Santa Teresa hizo el voto de hacer siempre lo que le pareciese más perfecto y agradable a Dios. Es así que el resto de su vida, la reformadora y fundadora carmelita se esforzó por cumplir perfectamente este juramento.

Cuando la Santa partió a la Casa del Padre, la autopsia reveló que en el corazón de Santa Teresa estaba la cicatriz de una herida larga y profunda. En la familia carmelita, la fiesta de “la transverberación” de Santa Teresa de Jesús se celebra cada 26 de agosto.

Como legado, la Doctora de la Iglesia también dejó plasmada su experiencia mística en la siguiente poesía de amor, titulada “Mi Amado para mí”:

Ya toda me entregué y di
Y de tal suerte he trocado
Que mi Amado para mi 
Y yo soy para mi Amado.

 
Cuando el dulce Cazador
Me tiró y dejó herida
En los brazos del amor
Mi alma quedó rendida,
Y cobrando nueva vida
De tal manera he trocado
Que mi Amado para mí
Y yo soy para mi Amado. 
 
Hirióme con una flecha
Enherbolada de amor
Y mi alma quedó hecha
Una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
Pues a mi Dios me he entregado,
Y mi Amado para mí
Y yo soy para mi Amado.

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