¡Miren al Sol¡ el grito que se oyó en la Cova da Iria el 13 de Octubre de 1917

Sexta y última aparición de Nuestra Señora

Durante la noche del 12 al 13 de octubre había llovido toda la noche, empapando el suelo y a los miles de peregrinos que viajaban a Fátima de todas partes.

Las multitudes levantaron la mirada al cielo y atónitas contemplaron un evento sin precedentes que pareciera sacado de algún pasaje bíblico. El sol comenzó a caer del cielo. Hombres y mujeres cayeron de pronto sobre sus rodillas sobre aquel lodazal. !Tenía que ser el fin del mundo!

“¡Todos vamos a morir aquí!”
“¡Sálvanos Jesús. Nuestra Señora Sálvanos!”
“¡Perdóname Señor!”
“¡Señor qué grande es tu poder!”

La madre de Lucía había quedado perpleja. Ese día había acompañado a Lucía a la Cova de Iría y estaba preparada para morir, pues temía que la multitud intentaría matarla al ver que no sucedía nada de lo que Nuestra Señora había prometido por medio de la niña.

Más de 70,000 personas fueron testigos del milagro del sol en la Cova da Iria. Se calcula que otras 100,000 presenciaron el milagro desde las zonas aledañas.

Ahora, como los demás, había caído de rodillas y lloraba. Todo había sido verdad. Todo lo que la niña había contado sobre la Señora del Cielo era cierto. ¡La bendita Virgen María había visitado Portugal!

“¡Oh Señora, perdóname por haber dudado!”.

Mientras todos estos pensamientos parecían inundar su mente, el sol volvía a su lugar en el firmamento. Pero el evento no había terminado aún. Para todos los presentes en la Cova de Iría, después de ese día, el mundo y hasta sus propias vidas, no volverían a ser lo mismo. Todo lo que la pequeña Lucía había dicho era verdad. Todo lo que la Santísima Virgen había dicho era verdad. Cada palabra.

Haré un milagro para que todos crean

Las noticias del evento se divulgaron a la velocidad con la que se propaga un incendio forestal. Miles se reunieron en la Cova de Iria el 13 de Octubre de 1917 para ser testigos presenciales de un prodigio sin igual… o de un fracaso espectacular. Católicos, ateos, comunistas, curiosos, Judíos, todos convergieron en el lugar para presenciar el milagro.

María Rosa abrazó a su pequeña Lucía esa mañana y debido a su escasa fe le dijo entre lagrimas:

“Yo se que van a matarte, pero si tienes que morir, yo moriré contigo”.

Antes de salir todos rumbo al lugar de las apariciones, Jacinta intento traer un poco de calma:

“Si nos hacen algo, iremos al Cielo. Pero aquellos que nos hagan daño, pobre gente, ira al infierno.”

Mientras Lucía, Francisco y Jacinta se aproximaban, algunos a lo largo del camino se burlaban insultándoles.

La lluvia torrencial no cesaba y llovió a lo largo de la mañana.

El gobierno, hostil a todo lo de carácter religioso, había mandado colocar soldados, impidiendo el acceso a la Cova da Iria. Bien pronto se verían abrumados por la gran cantidad de gente que se abría paso entre ellos. Entre los presentes en aquel lugar, estaba Avelino de Almeida, el editor en jefe del periódico O Seculo, el periódico más grande de Portugal, conocido por su posición liberal y anticlerical.

Almeida describió la llegada de las multitudes al lugar de la siguiente manera:

«Era una multitud ordenada, pacifica y piadosa. No habían ni tumultos ni lamentaciones, sólo esperanza. Caminaban en grupos cantando himnos religiosos. Otros rezaban el Rosario. Cuando la lluvia se hizo más pesada, esta ni los retrasó ni aminoró su entusiasmo.

Cuando el gran momento llegó poco después del mediodía, los gritos y el llanto de la gente lo apabullaban: “Desde el camino, donde se quedaban los carretas que los traían y donde se agolpaban cientos de los que no tenían el coraje para atravesar el fangoso terreno, vimos a la multitud voltear sus cabezas hacia el sol que se hallaba en su zenit, en un cielo azul y sin nubes. El sol recordaba un plato hecho de plata. Se le podía ver sin que se lastimasen los ojos.
Entonces un grito pudo ser escuchado: ¡Milagro! ¡Milagro! ¡Maravilla! ¡Maravilla!
Frente a los incrédulos ojos de la gente, cuya actitud nos transportó a tiempos bíblicos, el sol comenzó moverse abruptamente fuera de toda ley cósmica. El sol “bailo” para usar un término empleado por los campesinos”.

Por publicar su testimonio, Almeida fue virulentamente atacado por la prensa. En respuesta, re-imprimió lo que vio 15 días más tarde.

O Seculo, periódico secular de Portugal, cubrió en primera plana el milagro del sol: «Cómo el sol bailó al mediodía en Fátima». Crédito de la imagen: Crusade Magazine.

San José estuvo presente en el milagro del sol de Fátima

En palabras de Ti Marto, el padre de Francisco y Jacinta:

«Podíamos ver el sol fácilmente el que por alguna razón no nos cegaba. Lanzaba sus rayos en varias direcciones y pintaba todo de diferentes colores, los árboles, las gentes, el aire, el suelo. El sol dejó de girar y comenzó a moverse y a bailar en el cielo hasta que pareció descolgarse de su lugar y caer sobre nosotros. Fue un momento terrible”.

El padre Ignacio Lorenco, de 9 años de edad en aquel entonces, se hallaba en Alburitel a unas 18 kilómetros de distancia describe el evento:

“Me siento incapaz de describir lo que sucedió. Miré fijamente al sol el que parecía pálido y no lastimaba mis ojos. Se veía como una bola de nieve, giraba sobre si mismo y de pronto parecía bajar en zig zag amenazando la tierra. Aterrado, corrí y me escondí entre la gente que estaba llorando y esperando el fn del mundo llegar en cualquier momento”.

Más de 70,000 personas presenciaron el Milagro del Sol en Cova dea Iria y más de 100,000 desde las zonas aledañas. Muchos de estos testigos se percataron que tanto sus ropas como el terreno sobre el que se paraban, de pronto se había secado.

El padre John de Marchi, un sacerdote católico italiano e investigador que paso siete años en Fátima investigando, describe este aspecto particular del milagro:

«Ingenieros que han estudiado el caso, reconocen que sería necesaria una inmensa cantidad de energía para secar en minutos, aquellas piscinas que se habían formado en el campo que habían sido reportadas por los testigos”.

Lo que los tres niños vieron

Al igual que en las otras apariciones, los tres niños se arrodillaron a los pies del pequeño roble sobre el cual se aparecía Nuestra Señora. Esto es lo que sucedió de acuerdo con el testimonio de la pequeña Lucía:

-¿ Qué es lo que quiere de mí?

-Quiero decirte que quiero que se construya una capilla aquí en mi honor. Yo soy la Señora del Rosario. Continúa rezando el Rosario cada día. La guerra va a terminar y los soldados regresaran pronto a sus hogares.

-Tengo muchas cosas que pedirle: ¿Podría curar algunas personas enfermas y convertir a algunos pecadores?

-A algunas sí. A otras no. Tienen que enmendar sus vidas y pedir perdón por sus pecados.

De pronto, el rostro de Nuestra Señora se entristeció:

-No ofendan más a Nuestro Señor, pues el ya está sumamente ofendido.

Y abriendo sus manos, Nuestra Señora hizo brillar una luz que salía de ellas hacia el sol, y mientras se elevaba, esta luz que emitía, seguía proyectándose.
Es en ese mismo momento en que Lucía grita:

¡Miren hacia el sol!

Luego de haber desparecido en el extenso azul del firmamento, tres escenas en sucesión tuvieron lugar simbolizando primero los Misterios Gozosos, luego los Misterios Dolorosos y finalmente los Misterios Gloriosos del Santo Rosario. Solamente Lucía vio las tres escenas. Jacinta y Francisco solo vieron la primera.

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San José, la virgen María y el pequeño niño Jesús, La Sagrada Familia en pleno, fueron una parte muy importante del milagro del sol en Fátima, pero sin embargo muy poco conocida (opacada muy seguramente por el famoso «Tercer Secreto») nos recuerdan la crucial importancia de la familia cristiana en estos últimos tiempos. Crédito de la imagen: Crusade Magazine.

La primera escena:
Apareció San José al lado del sol con el niño Jesús y Nuestra Señora del Rosario. Se trataba de la Sagrada Familia. La Virgen estaba vestida en blanco cubierta por un manto azul. San José también vestido de blanco, y el Niño Jesús en rojo claro. San José bendijo a la multitud, haciendo la Señal de la Cruz tres veces. El Niño Jesús hizo lo mismo.

La segunda escena:
Una visión de Nuestra Señora de los Dolores sin la espada en su pecho y de Nuestro Señor, abrumado de dolor, camino al Calvario. Nuestro Señor hizo la Señal de la Cruz para bendecir a la gente.

En la tercera escena:
Finalmente Nuestra Señora del Monte Carmelo, coronada como Reina y Señora de la tierra, apareció en una gloriosa visión sosteniendo al Niño Jesús cerca de Su Corazón.

Impacto inmediato

Lucia se movió de grupo en grupo anunciando lo que nuestra Señora le había dicho: ¡la guerra pronto terminaría y los soldados volverían a casa! Sin embargo, nadie le prestó atención. Los gritos Milagro! ¡Milagro! resonaban en todas direcciones.

Los periódicos de Portugal, la mayoría muy anti-católicos, publicaron innumerables artículos en los días siguientes. Muchos hombres prominentes presentes durante el milagro dieron sus testimonios y las fotografías del evento circularon ampliamente.

La Madre Iglesia, siempre prudente en tales materias, se tomó tiempo prudente para investigar minuciosamente las apariciones: en 1919, con la aprobación de los sacerdotes locales, los fieles comenzaron a erigir la primera capilla.

El 13 de octubre de 1921, el obispo local autorizó la primera misa en la capilla de las apariciones. Trabajadores que cavaban cerca de la base del árbol, sobre el que apareció Nuestra Señora, descubrieron manantiales de agua cristalina. Como señal del cuidado maternal de la Virgen, Ella realizó numerosos milagros a través de estas aguas curativas.

El gobierno anti-católico pronto tomó represalias. El 6 de marzo de 1922, la pequeña capilla fue destruida por una poderosa bomba. El 13 de mayo de ese año, los fieles respondieron al ataque con una peregrinación de reparación. Participaron 60.000 personas de todas partes de Portugal. A pesar de toda oposición, la devoción a Nuestra Señora de Fátima poco a poco ganando terreno, Por último, el 13 de octubre de 1930, el obispo José Correia da Silva dio oficialmente su aprobación a la devoción a Nuestra Señora de Fátima. La devoción se extendió por todo el mundo, con Fátima pronto convirtiéndose en uno de los centros de peregrinación más grandes de la Iglesia. Francisco y Jacinta no vivirían para presenciar el cumplimiento de esta parte de las peticiones de Nuestra Señora.

Mostrando gran fuerza frente a sufrimientos heroicos, Francisco pasó a su recompensa eterna el 4 de abril de 1919. Su hermana Jacinta lo siguió pronto el 19 de febrero de 1920. Los peregrinos que llegaban a Fátima pronto comenzaban a agolparse en torno a las tumbas de los jóvenes videntes.

«La guerra va a terminar …»

Las atrocidades de la Primera Guerra Mundial terminaron meses después como Nuestra Señora había predicho. Wikimedia Commons.

En el otoño de 1918, el pueblo de Portugal se regocijó al ver que sus hijos regresaban de los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, tal y como Nuestra Señora había predicho. Pero desafortunadamente, las personas habían fallado en dar cumplimiento a la petición de Nuestra Señora de conversión y oración.

“Sí los hombres no se convierten, una guerra peor comenzará durante el papado de Pio XI. Cuando vean una noche iluminada por una luz desconocida, sepan que es la señal que Dios les da…”

una misteriosa luz iluminó los cielos de Europa y otras partes del mundo. Los incrédulos creyeron que simplemente se trataba de una aurora boreal. Como Nuestra Señora nos había advertido, Dios había dado al mundo una advertencia. Los horrores de la Segunda Guerra Mundial pronto envolvieron al mundo. Más de 60 millones de seres humanos murieron como resultado del conflicto. Los castigos predichos en Fátima sucedieron. El final de la guerra en 1945 trajo consigo el fin de la destrucción. ¿Habrían entonces terminado los castigos por los pecados de los hombres?

Una peculiar aurora boreal fue visible en toda Europa y quedó documentada en diversos medios. La fuerte luz que emanaba, permitía leer el periódico en plena noche sin necesidad de luz artificial. Imagen referencial: Wikimedia Commons.

Mientras tanto, en Rusia

Al al mismo tiempo que ocurría el gran milagro del sol en Fátima, agentes en Rusia provocaban acontecimientos con efectos de largo alcance. Las huelgas a lo largo y ancho del país, el malestar social y la inestabilidad política reinaron en la Rusia en 1917. El tumulto de 1917 culminó en la toma del Palacio de Invierno en Petrogrado (San Petersburgo).
Tan sólo 25 días después del Milagro del Sol, el comunismo oficialmente usurpó el gobierno de Rusia.

Los comunistas pronto comenzaron a trabajar en una re-estructuración sistemática de la vida rusa. Dios y toda práctica religiosa «fueron expulsados” de la vida del pueblo. La propiedad privada y centenarias tradiciones fueron erradicadas. Cualquier opositor al control supremo del estado era inmediatamente arrestado e internado en los tristemente famosos gulags (campamentos de trabajos forzados). Millones perecieron bajo el implacable avance del comunismo.

Como fue predicho Nuestra Señora en Fátima, porque los hombres no se convirtieron, Rusia comenzó a difundir sus errores por todo el mundo. El profesor Plinio Correa de Oliveira describe el resultado:

«Una sociedad de la que la idea de Dios ha sido virtualmente desterrada fue construida en los países del Este bajo el control de una secta comunista. Desde el punto más alto del Estado hasta los detalles más pequeños concernientes a cada individuo, todo estaba organizado en oposición a la Ley Natural tal y como fue codificada en los Diez Mandamientos de la Ley de Dios.

La legislación comunista abolió la propiedad privada, constituyó el más completo igualitarismo y prácticamente extinguió a la familia, convirtiendo al matrimonio en una cuestión del registro público, con formalidades legalmente insignificantes que podían cambiar a gusto de las parejas episódicamente unidas».

La verdadera amplitud de los males del comunismo, sólo llegaría a ser comprendida por aquellas naciones que caían bajo sus garras y eran devoradas enteras. Naciones que padecieron la destrucción y desaparición de su cultura y todo resto de civilización cristiana a lo largo del siglo XX.

Tampoco era éste el límite de la propagación de los errores de Rusia. Los marxistas culturales comenzaron una campaña implacable para subvertir la civilización occidental. El materialismo, el entretenimiento indecente, la inmoralidad sexual, la obscenidad pública y tantos otros males invadieron todos los países.
El sencillo llamado a la conversión y a la oración hecho por la Santísima Virgen, no fue escuchado por muchos de sus hijos. Como resultado, el flagelo del comunismo y sus errores siguen siendo frecuentes un siglo después.

«Dios Quiere Establecer la Devoción a Mi Inmaculado Corazón …»

De los tres pequeños niños, Lucía fue la única que sobrevivió durante algunos años más, tal y como lo había predicho Nuestra Señora.

En 1925, Lucía ingresó en el convento de las Hermanas de Santa Dorotea. Es allí, en la casa de la orden en Pontevedra, Portugal, que Nuestra Señora le daría la solución para los muchos peligros que amenazaban a la humanidad.

El 10 de diciembre de 1925, Lucía tuvo una visión de la Bendita Madre junto a un pequeño niño que estaba de pie sobre una nube luminosa. La hermana Lucía oyó al pequeño decir:

«Ten piedad del corazón de tu Santísima Madre, que está cubierto por las espinas con que los hombres ingratos la clavan a cada instante sin que nadie haga un acto de reparación para sacarlas «.

Nuestra Señora entonces procedió a dar la que vendría a ser conocida como la devoción reparadora de los Cinco Primeros Sábados. A esta aparición le seguirán otras, que tuvieron por objetivo el aclarar la devoción al Corazón Inmaculado de María.

Buscando más soledad, Lucía obtuvo permiso para entrar en el Convento Carmelita de Coimbra, en Portugal, tomando allí el nombre de Hermana María Lucía de Jesús y el Inmaculado Corazón de María. Ella viviría el resto de sus años allí.

Fátima y América

El Milagro del Sol al principio tuvo pocas repercusiones en los Estados Unidos. Monseñor Willian J. Mcgrath escribió:

«Entre los presentes estaba un corresponsal de uno de los principales servicios de noticias en este país. Al día siguiente; desde Lisboa, cableó una larga e impresionante historia sobre el Milagro del Sol. Pero esta, realmente nunca fue publicada. Chicago y Nueva York estaban en medio de las Series Mundiales de béisbol y aquel despacho noticioso, se convirtió en apenas una nota de casi tres centímetros de longitud, perdida bajo los detalles de estadísticas de bateo, errores y home runs”.

Pero el silencio sobre aquel gran evento no duraría mucho más. Numerosos periodistas viajaron hasta Fátima a investigar. Willian Thomas Walsh, en su libro sobre las apariciones titulado “Nuestra Señora de Fátima”, llamó al milagro del sol como “el milagro moderno más grandioso”.

En su trabajo de 1947, predijo que:

“El futuro de la civilización, nuestras libertades, nuestra propia existencia, dependerán de la aceptación de su pedido”.

El tiempo se encargó de demostrar que el Sr Walsh estaba en lo correcto.

Ese mismo año, John Haffert, daría inicio a las peregrinaciones internacionales de la imagen de Nuestra Señora de Fátima, que tenían como objetivo la difusión del mensaje de Fátima. La imagen fue tallada bajo la supervisión y dirección de la hermana Lucía y bendecida por el papa Pío XII. Durante la aparición final, Lucía reportó haber visto a Nuestra Señora del Monte Carmelo, reinando gloriosamente toda majestuosa. El Señor haffert fue de los primeros en promover el uso del Escapulario Marrón junto con mensaje de oración, arrepentimiento y conversión.

En este año del centenario, es bueno recordar uno de los eventos más importantes asociados con Fátima, ocurrido en Julio de 1972. Mientras estaba en Nueva Orleans, la imagen de la Virgen Peregrina milagrosamente derramó lágrimas humanas, evento que pronto acapararía los titulares del mundo entero.

Comentando sobre el acontecimiento, el profesor Plinio Correa de Oliveira escribió:

«Estas misteriosas lágrimas nos muestran a Nuestra Señora de Fátima, llorando por el mundo moderno, así como en su momento nuestro Señor derramase lagrimas por Jerusalén. Lágrimas del afecto más tierno, lágrimas de profundo dolor por el castigo que vendrá sobre los hombres si no rechazan la inmoralidad y la corrupción, vendrá si no se lucha especialmente contra la autodestrucción de la Iglesia, el humo maldito de Satanás que, según Pablo VI, ha penetrado incluso en los lugares más sagrados”.

«… Volveré aquí una séptima vez.»

En la primera aparición en Mayo de 1917, Nuestros Señora dijo a los pastores:

“He venido a pedirte que vengan aquí seis meses seguidos el día trece de cada mes a esta misma hora, y luego te diré quien soy y que es lo que quiero. Volveré aquí una séptima vez”.

¿Regresará la Virgen María una séptima vez a Fátima? De qué manera puede Nuestra Señora honrar Fátima otra vez con su presencia… nadie lo puede decir. Hace cien años la situación en el mundo era desesperada. Europa estaba siendo desgarrada por una guerra, los comunistas y los ateos estaban desterrando a Dios de la vida pública. El mundo estaba sumergido en el mal.

Hoy en día, la situación mundial es mucho peor. Los pecados de los hombres están aumentando día a día. ¿Quién en 1917 podría haberse imaginado en lo que se ha convertido el mundo el día de hoy en el 2020? La lista de vicios parece interminable: Blasfemia, la destrucción de la familia, el aborto, el divorcio, eutanasia, pornografía generalizada, estilos de vida y modas inmorales, homosexualidad y la lista continúa. La intervención divina es más crucial que nunca.

Nuestra Señora de Fátima no vino a condenar a sus hijos a la desesperación. Ella vino a ofrecer esperanza, y esa esperanza descansa en su promesa: «Mi Inmaculado Corazón triunfará».

El Milagro del Sol no marcó el fin de las apariciones de Fátima, sino el principio de una historia que se sigue desarrollando 100 años después. Oremos para apresurar los eventos que han de llevar al gran triunfo de Nuestra Señora.

La presencia de San José en el milagro del sol de Fátima

Muchas personas han oído hablar del “Milagro del Sol” de 1917, pero pocos conocen que San José estuvo presente en la visión de Sor Lucía.

La Sierva de Dios y vidente de Fátima, Sor Lucía, describió la aparición en sus Memorias: “Desaparecida Nuestra Señora en la inmensa lejanía del firmamento, vimos al lado del sol, a San José con el Niño y a Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul. San José con el Niño parecían bendecir al mundo, con unos gestos que hacían con la mano en forma de cruz”.

“Esto reitera la importancia del papel de San José dentro de la Iglesia. Dice tanto para nuestro mundo de hoy. Es el gigante silencioso, el amigo olvidado que está constantemente presente”, explicó Mike Wick, director ejecutivo del Institute on Religious Life, apostolado que promueve y apoya el crecimiento, desarrollo y renovación de la vida consagrada.

Además, Wick dijo que la presencia de la Sagrada Familia en la última aparición de Fátima es un “recordatorio oportuno” de que la Iglesia debe ser “la familia de Dios”.

“San José, que es jefe de la Sagrada Familia, nos da una gran instrucción sobre el plan de Dios”, añadió.

En ese sentido, Mons. Joseph Cirrincione, estudioso por más de 40 años de las apariciones de Fátima, detalló en su libro “St. Joseph, Fatima and Fatherhood” (1989) que las apariciones definitivamente son un recordatorio de la importancia de la paternidad.

“La paternidad de San José, como con todos los padres humanos, es el reflejo en una criatura de la paternidad de Dios Padre. La visión de San José y del Niño Jesús bendiciendo al mundo, con María al lado del sol, que no ha dejado su lugar, es la seguridad de Dios de que, aunque el hombre pueda rechazarlo, Dios nunca rechazará al hombre”, enfatizó.

Cuando la pacífica escena familiar es interrumpida por los giros del sol durante el Milagro del Sol, Mons. Cirrincione cree que se trata de “un presagio siniestro de las consecuencias para el mundo, que seguramente se sentirán si la verdadera paternidad de Dios y el tradicional papel fuerte del padre de la familia son rechazados por la humanidad”.

“El Milagro del Sol representa no tanto una amenaza de males venideros, sino un presagio del destronamiento de Dios Padre y una indicación de las terribles consecuencias que seguirán”, resaltó.

Mons. Cirrincione explicó “que la paternidad humana, como reflejo de la paternidad de Dios, fue diseñada para ser el pilar de la familia” y que la “desaparición de la estima por la paternidad ha llevado al colapso de ese pilar y a la desintegración de la familia”.

En el siglo IX, el Papa León XIII consagró el mes de octubre a la Virgen del Rosario –título con el que María se llamaría a sí misma en Fátima–, y en su encíclica Quamquam Pluries (Devoción a San José) de 1889, el Papa pidió “que el pueblo cristiano invoque continuamente, con gran piedad y confianza, junto con la Madre de Dios, a su casto esposo San José”.

Debido a que era “de gran importancia la devoción a San José” este Papa escribió y ofreció una oración al Santo Custodio para que fuera recitada después del Rosario durante el mes de octubre.

Oración a San José del Papa León XIII

A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación; y después de invocar el auxilio de tu Santísima Esposa solicitamos también confiados tu patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, Providentísimo Custodio de la Sagrada Familia la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y corrupción; asístenos propicio, desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas: y, como en otro tiempo librasteis al Niño Jesús del inminente peligro de la vida, así ahora, defiende a la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, ya cada uno de nosotros protégenos con el perpetuo patrocinio, para que, a tu ejemplo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir y alcanzar en el cielo la eterna felicidad. Amén.

Con información de:

EWTN; elpandelospobres.com; proyectoemaús.com; diferentes diarios

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