Espiritualidad

Orar en todo tiempo

En la vida de Cristo, la acción y contemplación se alternaban y unían armoniosamente. «Enseñaba durante el día en el templo, y por la noche salía para pasarla en el monte llamado de los Olivos» (Lc 21,37). Exhortaba a sus discípulos a que hicieran lo mismo: «Es preciso orar en todo tiempo y no desfallecer» (Lc 18,1).

Todo tiene su tiempo - Hora de Orar

Todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol: tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar; tiempo de matar, tiempo de sanar; tiempo de derruir, tiempo de construir; tiempo de llorar, tiempo de reír; tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras, tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse; tiempo de buscar, tiempo de perder; tiempo de guardar, tiempo de desechar; tiempo de rasgar, tiempo de coser; tiempo de callar, tiempo de hablar; tiempo de amar, tiempo de odiar; tiempo de guerra, tiempo de paz. ¿Qué saca el obrero de sus fatigas? Observé todas las tareas que Dios encomendó a los hombres para afligirlos: todo lo hizo hermoso en su sazón y dio al hombre el mundo para que pensara; pero el hombre no abarca las obras que hizo Dios desde el principio hasta el fin.

Inspiración para Liderar: Todo tiene su tiempo

Acción y contemplación se alternaban y unían armoniosamente en la vida de Jesús. Sin embargo, en nuestros tiempos se valoriza más la acción sobre la contemplación, para darnos cuenta de ello, bastaría con preguntarnos: ¿Cuánto tiempo dedicamos a la oración?

Por: HNA. CLAUDIA ORTIZ, publicado en formacioncatolica.org

Orar sin desfallecer

Orar sin desfallecer es una invitación del Señor a no abandonar jamás los momentos fuertes de oración, bajo ninguna circunstancia o pretexto. Y es que para la oración perseverante encontraremos muchos obstáculos que nos desalientan o se convierten en «buena excusa» para abandonarla, primero un día, luego dos, luego definitivamente. Orar sin desfallecer implica no dejarse vencer por falsas auto-justificaciones como pueden ser: «no tengo tiempo para rezar porque tengo tantas cosas que hacer», «no siento nada», «estoy cansado», «Dios no me escucha», «rezo al final del día», etc., etc. Ninguna excusa es válida para relegar el encuentro cotidiano con el Señor.

Oración diaria

La oración diaria es, en efecto, «pan de cada día» que se menciona en el Padre Nuestro. Su importancia para la vida del espíritu es tan importante como comer y beber son para la vida del cuerpo. Sin ella, nuestra alma languidece como un cuerpo desnutrido, sin energía para el amor y sin progresar en la virtud y la santidad.

La vida espiritual sólo funciona si se alimenta día tras día

Dios quiere para nuestro propio bien, que le pidamos cada día las gracias que necesitamos para cumplir, aquí y ahora, lo que nos corresponde. Esto implica, en la práctica, que debemos rezar todos los días, porque todos los días hay algo que Dios nos pide para avanzar por el camino de la santidad.

La vida espiritual sólo funciona si se alimenta día tras día. De nada sirve hacer un hermoso retiro mensual para después, una vez de vuelta a la rutina, abandonar la oración y los propósitos hechos. Quien actuara de esa manera, tratando la vida cristiana como algo puntual y casi extraordinario, se comportaría como el hijo pródigo de la parábola. En vez de depender del padre diariamente, pidiéndole con confianza lo necesario para cada momento, aquel hijo insensato quiso matarlo antes del tiempo, pidiendo la parte que le correspondía de la herencia. El resultado de esto es conocido de todos: él dio la espalda a su padre, malgastó lo que había recibido y, al final acabó sin nada, envidiando las bellotas que se les daba de comer a los cerdos.

Los tiempos de Dios - Noviazgo Cristiano

Muchos, desgraciadamente, asumen esa postura perezosa (en el fondo, de soberbia autosuficiencia) y, como no podría ser de otra manera, terminan o perdiendo la esperanza de una vida santa y conforme a los mandamientos o creyendo que Dios, visto por ellos como un «injusto», los abandonó. No les pasa por la cabeza que la culpa por sus caídas, debilidades y fracasos reside en ellos mismos, en su pretensión de creer que, sin pedir todos los días las gracias que necesitan, todo estaría mágicamente resuelto.

Una vida cristiana, para ser seria y profunda, tiene que ser una vida de oración, y oración diaria, conforme el tiempo de que cada uno disponga. Sin eso, podremos hasta parecer «bellos» a los ojos de muchos, pero jamás alcanzaremos, auxiliados por la gracia que a Dios debemos pedir cotidianamente, aquella perfección de la caridad sin la cual nuestro paso en esta tierra se convierte en un proyecto frustrado y sin sentido.

Oración vocal y mental

Ahora bien, una vez que nos hemos decidido a hacer oración, ¿cómo hacerla?¿repitiendo fórmulas o expresando espontáneamente lo que sentimos?  Distingamos los tipos de oración: vocal y mental o de meditación.

Vocal:

Consiste en la recitación de fórmulas oracionales ya compuestas como salmos, Padre nuestro, Ave maría, Credo, Horas litúrgicas, etc. Es el modo de orar más humilde, más fácil de enseñar y de aprender, más universalmente practicado en la historia de la Iglesia, y más válido en todas las edades espirituales. El cristiano, rezando las oraciones vocales de la Iglesia, procedentes de la Biblia, de la liturgia de la tradición piadosa, abre su corazón al influjo del Espíritu Santo, que le configura así a Cristo orante. Se hace como niño, y se deja enseñar a orar. Algunos piensan que solo los principiantes rezan vocalmente, sin embargo, Santa Teresa decía «No penséis que se saca poca ganancia de rezar vocalmente con perfección. Os digo que es muy posible que estando rezando el Padre nuestro os ponga el Señor en contemplación perfectas, o rezando otra oración vocal».

La oración vocal se hace mal con frecuencia, para hacerla bien, he aquí algunas normas:

  1. Atención a Quien se habla, que es al mismo tiempo Quien ora en nosotros.
  2. Atención a lo que se dice.
  3. Orar despacio, frenar toda prisa.
  4. Elegir bien las oraciones.
  5. Repetición cadenciada. Cristo en Getsemaní oraba con una sola frase, a la que volvía una y otra vez (Mc 14, 36-39). Lo mismo se aplica al rosario.

Mental o de meditación: 

El orante al meditar, trata amistosamente con Dios, y piensa con amor en él, en sus palabras y en sus obras. En el principiante la gracia del Espíritu actúa todavía al modo humano, y por eso una pauta para el ejercicio meditativo de su mente suele ser una ayuda que evita la divagación previsible de una mente que vagabundea sin camino. Son numerosos los métodos de meditación, citamos algunos:

  1. Meditar oraciones vocales, palabra por palabra, rumiar-como los monjes- primero frases de la Escritura.
  2. Lectio divina: ponerse en la presencia de Dios, leer, meditar lo leído, hablar con el Señor sobre ello.
  3. Orar leyendo un libro: «Es gran remedio tomar un buen libro, aun para recogeros para rezar vocalmente, y poquito a poquito ir acostumbrando el alma a tratar con Dios» (Santa Teresa).  
  4. Orar escribiendo: es cosa que ayuda a algunos a recoger la mente en Dios.
  5. Ejercitar la fe, esperanza y caridad, por orden, sobre un tema, ante el Señor.
  6. Considerar un tema 1°, contemplándolo en Dios; 2°, viéndolo en uno mismo, en los propios criterios, actitudes y costumbres; 3°, meditándolo en relación al mundo de los hombres, en lo que piensan y hacen al respecto.

Conviene que el objeto de la meditación sea sobre la vida de Cristo o su Pasión, que tanto provecho han sacado de ello los cristianos de todos los tiempos.

EL PODER DE LA ORACIÓN

Preparación para la oración

Tanto para la oración vocal como para la mental, no se debe olvidar que la oración es un encuentro de dos: Dios y el alma. Para ello, es necesario prepararse para ese encuentro. En el ajetreo del día, muchas veces, el alma se agita continuamente y el recogimiento se hace difícil. Por eso, antes de la oración, conviene hacer actos de fe para que el alma se recoja. Estos pueden consistir en hacer un acto de contrición o pedir ayuda al Espíritu Santo, a la Virgen María y a los santos que siempre están para interceder por nosotros.

Crecer en la vida de oración es crecer en el amor

Oración continua

Orar siempre implica asimismo rezar sin interrupción, es decir, no dejar de rezar en ningún momento. Esto es posible si logramos hacer de nuestras mismas actividades una oración continua. ¿Cómo puede la acción convertirse en oración? ¿No se oponen acaso oración y acción? Pues no. La oración y la acción están llamadas a integrarse y fecundarse mutuamente en un dinamismo mediante el cual la oración nutre la vida y la acción mientras que la acción y la vida cotidiana se hacen oración: «Todo lo que el justo hace o dice en conformidad con el Señor, debe considerarse como oración», decía San Beda. Toda actividad se convierte en oración cuando con ella buscamos cumplir el Plan de Dios, cuando buscamos hacer todas nuestras actividades —desde las más sencillas y ordinarias hasta las más exigentes y delicadas— para el Señor y por el Señor. Si hacemos eso, estaremos rezando siempre.

Por último, tener en cuenta que «crecer en la vida de oración es crecer en el amor», si perseveramos en la oración, nuestro amor a Dios crecerá a tal punto que ya no desearemos otra cosa que no sea Él mismo, el único que puede saciar los anhelos de nuestro corazón.

▷ 100+ Imágenes Cristianas ¡Todo Tiene su Tiempo!

Salmo del Amor de Dios conmigo

Te doy gracias, Señor,  porque eres bueno, porque es constante y eterno  tu amor conmigo.

Te doy gracias, Señor,  Dios de todo, porque en todo lo mío  Tú intervienes, porque es constante y eterno  tu amor conmigo.

Tú haces grandes  maravillas: la potencia del Universo, el misterio de la Vida, la fuerza del Amor, mi propio ser….. porque es constante y eterno tu amor con todo  y también conmigo.

Me sacaste de aquello que un tiempo me hizo esclavo, con mano tensa y fuerte brazo como ‘tira de uno’ aquel que es buen amigo… porque es constante y eterno  tu amor conmigo.

Cuando no tenía fuerzas, me abriste el camino: pasé y fui salvado por Ti desde la experiencia  del antiguo Egipto sentí en mi vida una vez más que es constante y eterno  tu amor conmigo.

Me llevas al desierto, pero vienes conmigo, me sacas… y me guías a tu  estilo haciendo brotar fuera aquello que en mí,  tú pusiste escondido, pero yo nunca supe porqué  no había podido: quitaste de muy dentro  “poderes escondidos”, rompiste mis cadenas  y viniste conmigo; yo, a tientas, descubría porque es constante y eterno  tu amor conmigo.

Tú me das, Señor,  el pan que necesito, el pan que me da vida y aunque me canso…. ¡Vivo!

Si recuerdo mi historia…. has puesto en cada instante  el pan que necesito.

No me dejes,  ahora que estoy cansado hazme experimentar que es constante y eterno  tu amor conmigo.

A quienes leáis esto,  ¡ os invito !: leed en vuestra historia la salvación que El hizo, la salvación concreta  que Él realiza hoy con vosotros y conmigo….

A todos nos regala  el don de pronunciar: te doy gracias, Señor, porque es constante y eterno tu amor conmigo.

Adaptación del Salmo 136

PATROCINANOS…

Si nos patrocinas podemos seguir evangelizando cada día, le das recompensa a nuestro esfuerzo y podemos llegar a muchas almas.

$1.00

ÚNETE A NUESTRO FACEBOOK Y RECIBIRÁS EN TIEMPO REAL CADA PUBLICACIÓN DE NUESTRA PÁGINA TE ESPERAMOS.
https://www.facebook.com/unpasoaldia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s