Espiritualidad

LA MADRE ESTABA JUNTO A LA CRUZ DERRAMANDO SUS LÁGRIMAS

En verdad, Madre santa, una espada traspasó tu alma. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma.

Archivo:Aparición de la Virgen a san Bernardo.jpg - Wikipedia, la  enciclopedia libre

Dice San Bernardo

El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la misma historia de la pasión del Señor. Éste – dice el santo anciano, refiriéndose al niño Jesús- está puesto como una bandera discutida; y a ti -añade, dirigiéndose a María- una espada te traspasará el alma.

En verdad, Madre santa, una espada traspasó tu alma. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma. En efecto, después que aquel Jesús -que es de todos, pero que es tuyo de un modo especialísimo- hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mal alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya. Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar. Por tanto, la punzada del dolor atravesó tu alma, y, por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal.

¿Por ventura no fueron peores que una espada aquellas palabras que atravesaron verdaderamente tu alma y penetraron hasta la separación del alma y del espíritu: Mujer, ahí tienes a tu hijo? ¡Vaya cambio! Se te entrega a Juan en sustitución de Jesús, al siervo en sustitución del Señor, al discípulo en lugar del Maestro, al hijo de Zebedeo en lugar del Hijo de Dios, a un simple hombre en sustitución del Dios verdadero. ¿Cómo no habían de atravesar tu alma, tan sensible, estas palabras, cuando aun nuestro pecho, duro como la piedra o el hierro, se parte con sólo recordarlas?

No os admiréis, hermanos, de que María sea llamada mártir en el alma. Que se admire el que no recuerde haber oído cómo Pablo pone entre las peores culpas de los gentiles el carecer de piedad. Nada más lejos de las entrañas de María, y nada más lejos debe estar de sus humildes servidores.

Pero quizá alguien dirá: «¿Es que María no sabía que su Hijo había de morir?» Sí, y con toda certeza. «¿Es que no sabía que había de resucitar al cabo de muy poco tiempo?» Sí, y con toda seguridad. «¿Y, a pesar de ello, sufría por el Crucificado?» Sí, y con toda vehemencia. Y si no, ¿qué clase de hombre eres tú, hermano, o de dónde te viene esta sabiduría, que te extrañas más de la compasión de María que de la pasión del Hijo de María? Este murió en su cuerpo, ¿y ella no pudo morir en su corazón? Aquélla fue una muerte motivada por un amor superior al que pueda tener cualquier otro hombre; esta otra tuvo por motivo un amor que, después de aquél, no tiene semejante.

7 LÁGRIMAS DE DOLOR HECHAS ORACIÓN

ORACION A LA VIRGEN DE LOS DOLORES | SSCC.es - Sagrados corazones

NUESTRA SEÑORA DE LAS LÁGRIMAS

Oración Inicial

Oh María Inmaculada, Madre y consoladora nuestra, me refugio en vuestro amabilísimo Corazón con toda la confianza de que soy capaz; vos seréis el objeto más querido de mi amor y veneración. A vos, que sois la dispensadora de los tesoros celestiales, recurriré siempre en mis penas para tener paz, en mis dudas para tener luz, en mis peligros para ser defendido, en todas mis necesidades para obtener vuestro socorro. Sed, pues, mi refugio, mi fortaleza, mi consolación, oh María consoladora. Por piedad, a la hora de mi muerte, recibid los últimos suspiros de mi corazón y obtenedme un lugar en la mansión celestial, donde todos los corazones unidos alabarán eternamente el Corazón adorable de Jesús, al mismo tiempo que a vuestro Corazón siempre amable, oh María. Tierna Madre nuestra, consoladora de los afligidos, rogad por nosotros que recurrimos a vos.


Cara de la Virgen - Cofrades

1. Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra; Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, y digno de toda la veneración y ternura de los ángeles y de los hombres; Corazón el más semejante al de Jesús, del que sois la más perfecta imagen; Corazón lleno de bondad y tan compasivo de nuestras miserias, dignaos derretir el hielo de nuestros corazones, y haced que estén enteramente encaminados hacia el del divino Salvador. Infundid en ellos el amor de vuestras virtudes, inflamadlos con aquel feliz fuego en que el vuestro arde de continuo. Guardad en vuestro Corazón a la santa Iglesia, custodiadla y sed siempre su dulce asilo y su torre inexpugnable contra todo asalto de sus enemigos. Sed nuestro camino para ir a Jesús y el canal por donde nos vengan todas las gracias necesarias para salvarnos. Sed nuestro socorro en las necesidades, nuestro alivio en las aflicciones, nuestro sostén en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones, nuestra ayuda en todos los peligros, pero especialmente en los últimos combates de nuestra vida, en el momento de nuestra muerte, cuando todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatar nuestras almas, en aquel terrible momento, en aquel formidable instante del que depende nuestra eternidad. Ah, sí, oh Virgen piadosísima, haced que entonces sintamos la ternura de vuestro maternal Corazón y la fuerza de vuestro valimiento para con Jesús abriéndonos en la fuente misma de la misericordia un seguro refugio, para que podamos llegar a bendecirle con vos en el paraíso por los siglos de los siglos. Así sea.


Virgen Dolorosa Vestidera, detalle cara. | Nose ring, Septum ring, Rings

2. Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra piadosísima, humildemente nos postramos ante vuestra presencia y solicitamos con toda confianza vuestro maternal patrocinio. La santa Iglesia os llama la consoladora de los afligidos y a vos continuamente recurren los atribulados en sus aflicciones, los enfermos en sus enfermedades, los moribundos en su agonía, los pobres en sus necesidades, y toda clase de necesitados en sus públicas y privadas calamidades, y todos reciben de vos consuelo y ayuda.

Dulcísima Madre nuestra, volved también a nosotros, míseros pecadores, vuestros amables ojos, y acoged benignamente las plegarias que os dirigimos con humildad y confianza. Socorrednos en todas las necesidades espirituales y temporales, libradnos de todos los males y especialmente del mayor de todos, cual es el pecado y de todo peligro de caer; obtenednos de vuestro Hijo Jesús todos los bienes, y particularmente el más excelente de todos, la divina gracia. Consolad nuestra alma, tan angustiada y afligida en medio de tantos peligros como nos amenazan, entre tantas miserias y desgracias que nos cercan por todas partes. Os lo pedimos por aquel inmenso júbilo que experimentó vuestra purísima alma en la gloriosa resurrección de vuestro divino Hijo.

Alcanzad tranquilidad a la santa Iglesia, ayuda y sostén a su Jefe visible, el Romano Pontífice, paz a los príncipes cristianos, a las almas del Purgatorio refrigerio en sus penas, a los pecadores el perdón de sus culpas y a los justos la perseverancia en el bien. Acogednos a todos, tiernísima Madre nuestra, bajo vuestra compasiva y poderosa protección, a fin de que podamos virtuosamente vivir, piadosamente morir y lograr la eterna bienaventuranza del Cielo. Así sea.


Lágrimas de Nossa Senhora | Virgem maria, Maria mãe de jesus, Mãe de jesus

3. Virgen bendita, Madre de Dios, desde el Cielo, donde estáis sentada, como Reina, volved benigna vuestra mirada hacia este miserable pecador, vuestro siervo; quien, aunque penetrado de su indignidad, os bendice y ensalza desde lo íntimo de su corazón, como a la más pura, la más bella y la más santa de todas las criaturas, en reparación de las ofensas que os hacen las lenguas impías y blasfemas; bendice vuestro nombre, bendice vuestras sublimes prerrogativas de verdadera Madre de Dios, siempre Virgen, concebida sin mancha de pecado, de corredentora del género humano; bendice al Eterno Padre que os escogió de un modo particular por Hija; bendice al Verbo encarnado que, vistiéndose de la humana naturaleza en vuestro purísimo seno, os hizo Madre; bendice al Espíritu divino que os quiso por esposa suya; bendice y ensalza a la augusta Trinidad que os escogió y amó con tanta predilección, que os exaltó sobre todas las criaturas a la más sublime alteza.

¡Oh Virgen santa y misericordiosa! Alcanzad el arrepentimiento a los que os ofenden, y dignaos aceptar este pequeño obsequio de vuestro siervo, obteniéndome de vuestro divino Hijo el perdón de mis propios pecados. Así sea.


Nuestra imagen de portada: La Virgen de los Siete Dolores del Santo Ángel

4. ¡Oh Virgen Santísima y Reina de los Mártires, María, quién me diera estar en el Cielo para contemplar los honores que recibís de la Trinidad beatísima y de toda la Corte celestial! Pero como todavía voy peregrinando por este valle de lágrimas, dignaos aceptar también en mí, pecador e indigno siervo vuestro, el homenaje más sincero y el acto más perfecto de sumisión que puede ofreceros una humana criatura. A vuestro Corazón, traspasado con tantas espadas de dolor, confío desde hoy para siempre mi pobre alma. Asociadme a vuestros dolores y no permitáis que huya jamás de la Cruz en la que murió por mi salvación vuestro unigénito Hijo. Con vos, oh María sufriré todas las tribulaciones, contradicciones y enfermedades que agrade a vuestro divino Hijo enviarme en esta vida. Todo lo ofrezco a Dios en memoria de los dolores que sufristeis durante vuestra vida mortal, de modo que cada pensamiento de mi mente, cada latido de mi corazón, sean de aquí en adelante un acto de compasión de vuestros dolores y de complacencia por la gloria que gozáis ahora en el Cielo. Sí, amada Madre, como yo me compadezco ahora de vos y me gozo de veros tan glorificada, tened vos compasión de mí reconciliándome con vuestro Hijo Jesús, a fin de que torne a ser vuestro fiel y verdadero hijo. Cuando llegue el fin de mi vida, venid a asistirme en mi agonía, como asististeis a la de vuestro divino Hijo, para que, al salir de este penoso destierro, pueda ir a participar de vuestra gloria en el Paraíso. Así sea.


Hoy Bendición de la Dolorosa de los Siete Dolores del Santo Ángel, primera  de Romero Zafra para Sevilla

5. Oh Excelentísima, Gloriosísima y Santísima María, siempre Virgen Inmaculada, Madre de nuestro Señor Jesucristo, Reina del mundo y Señora de todas las criaturas, que a nadie abandonas, a nadie desprecias, a nadie que a ti recurra con un corazón puro y humilde despachas desolado, no me deseches a mí por mis innumerables y gravísimos pecados, no me abandones por mis excesivas iniquidades, ni tampoco por la dureza e inmundicia de mi corazón: no apartes a este tu siervo de tu gracia y de tu amor. Escucha a este miserable pecador que confía en tu piedad y misericordia; socórreme, oh piadosísima Virgen María, en todas mis tribulaciones, angustias y necesidades, y alcánzame de tu amado Hijo, Dios omnipotente y Señor nuestro Jesucristo, el perdón y remisión de todos mis pecados y la gracia de tu temor y amor, juntamente con la salud y castidad del cuerpo y la inmunidad de todos los males y peligros de alma y cuerpo. En mi postrer momento sé mi piadoso auxilio, y libra mi alma y las almas de mis padres, hermanos, hermanas y amigos, consanguíneos y bienhechores y de todos los fieles vivos y difuntos de las eternas tinieblas y de todo mal, por Aquél a quien llevaste nueve meses en tu sacratísimo seno y con tus santas manos reclinaste en un pesebre, nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que sea bendito por los siglos de los siglos. Amén.


Nuestra Señora de los Siete Dolores de luto en el Santo Angel, nov. 2011 -  Cofrades

6. Inmaculada Virgen, refugio de los pecadores, vos que, para reparar las injurias hechas a Dios y el mal causado al hombre por el pecado, habéis consentido que muriera vuestro divino Hijo, sednos siempre propicia, y desde el Cielo, donde reináis gloriosa, proseguid en favor nuestro vuestra obra de celo y de amor. Nosotros queremos ser vuestros hijos, mostraos vos también Madre nuestra. Suplicad a Jesús, el divino Reparador, que, aplicando a nuestras almas el fruto de su pasión y muerte, nos libre de las ligaduras de nuestras iniquidades. Sea El nuestra luz en las tinieblas, nuestra fuerza en las debilidades, nuestro socorro en los peligros; y, después de habernos confortado con su gracia y con su amor en el tiempo, nos conceda que lo amemos y veamos y poseamos en la eternidad. Amén.


Nuestra Señora de los Siete Dolores de luto en el Santo Angel, nov. 2011 -  Cofrades

7. Santísima Virgen inmaculada, Madre mía María, a vos que sois la Madre de mi Señor, la reina del mundo, la abogada, la esperanza, el refugio de los pecadores, recurro hoy yo, que soy el más miserable de todos. Os venero, oh gran reina, y os doy gracias por cuantos favores hasta el presente me habéis hecho: especialmente por haberme librado del infierno tantas veces por mí merecido. Os amo, Señora amabilísima; y, por el amor que os profeso, prometo querer siempre serviros y hacer cuanto pueda para que también de los demás seáis amada. En vos pongo todas mis esperanzas, toda mi salvación; aceptadme por siervo vuestro y acogedme bajo vuestro manto, oh Madre de misericordia. Y ya que sois tan poderosa para con Dios, libradme de todas las tentaciones, o bien, alcanzadme la gracia de vencerlas hasta la muerte. Os pido el verdadero amor a Jesucristo. Espero de vos el tener una buena muerte. Madre mía, por el amor que a Dios tenéis, os suplico que me ayudéis siempre, pero sobre todo en el último momento de mi vida. No me dejéis hasta que me veáis ya salvo en el cielo para bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la eternidad. Así lo espero, así sea.

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