Enseñanza

Vanidad de vanidades, todo es vanidad!

La vanidad es la necesidad de envolver la verdadera esencia de la persona bajo una capa deslumbrante de algo que no existe, con lo que se engaña a sí mismo a los demás.

Lectura del libro del Eclesiastés (1,2-11):

¡Vanidad de vanidades, dice Qohelet; vanidad de vanidades, todo es vanidad! ¿Qué saca el hombre de todas las fatigas que lo fatigan bajo el sol? Una generación se va, otra generación viene, mientras la tierra siempre está quieta. Sale el sol, se pone el sol, jadea por llegar a su puesto y de allí vuelve a salir. Camina al sur, gira al norte, gira y gira y camina el viento. Todos los ríos caminan al mar, y el mar no se llena; llegados al sitio adonde caminan, desde allí vuelven a caminar. Todas las cosas cansan y nadie es capaz de explicarlas. No se sacian los ojos de ver ni se hartan los oídos de oír. Lo que pasó, eso pasará; lo que sucedió, eso sucederá: nada hay nuevo bajo el sol. Si de algo se dice:«Mira, esto es nuevo», ya sucedió en otros tiempos mucho antes de nosotros. Nadie se acuerda de los antiguos y lo mismo pasará con los que vengan: no se acordarán de ellos sus sucesores.

De la imitación de Cristo y desprecio de toda vanidad.

Vanidad de vanidades y todo vanidad, sino amar y servir a sólo Dios. Esta es la suma sabiduría, por desprecio del mundo ir a los reinos celestiales. Y pues así es, vanidad es buscar riquezas
perecederas, y esperar en ellas. También es vanidad desear honra, y ensalzarse vanamente. Vanidad es seguir el apetito de la carne, y desear cosa por donde después te sea necesario ser gravemente castigado. Vanidad es desear larga vida, y no curar que sea buena. Vanidad es pensar solamente en esta presente vida, y no proveer a lo venidero. Vanidad es amar lo que tan presto pasa, y no apresurarse donde está el gozo perdurable. Acuérdate continuamente de la escritura que dice: no se harta el ojo de ver, ni la oreja de oír. Pues as´ı es, estudia desviar tu corazón de lo visible, y traspásalo a lo invisible; porque lo que siguen su
sensualidad, ensucian su conciencia, y pierden la gracia de Dios.

Tomás de Kempis
vanidad de vanidades | De la mano de María

Vanidad!

Por JORGE EDGARDO OPORTUS ROMERO/monografias.com

La vanidad es la necesidad de envolver la verdadera esencia de la persona bajo una capa deslumbrante de algo que no existe, con lo que se engaña a sí mismo a los demás. El engaño es la manifestación más profunda de la persona vanidosa y es al tiempo no querer darse cuenta de que no se tiene nada de lo que se está ofreciendo; es la dificultad de discernir lo que se siente de verdad e incluso quién es uno mismo.

La vanidad es la presentación de una buena imagen; brillar en el mundo, el afán por el éxito, ser más brillante que los demás, vivir según el principio de que se logran recompensas por lo realizado. El pecado de la vanagloria es una visión distorsionada de la realidad que reza “vales por los triunfos que logras y eres lo que has logrado”.  Es la convicción que la valía como persona depende sobre todo de los éxitos profesionales y del estatus social. Es la identificación no con lo que uno es, sino con lo que uno hace.

Definición conceptual

  • 1. Vanidad, del latín vanitas, es la cualidad de vano (vacío, hueco o falto de realidad, sustancia o solidez). Este adjetivo está vinculado a lo insustancial, la arrogancia, la presunción y el envanecimiento.
  • 2. La vanidad se define como la creencia excesiva en las habilidades propias o la atracción causada hacia los demás. Es un tipo de arrogancia, engreimiento, una expresión exagerada de la soberbia.
  • 3. Cosa que solamente sirve para mostrar riqueza, lujo o poder y que carece de valor moral.
  • 4. Engreimiento, cualidad de la persona que tiene orgullo propio y afán de ser admirado excesivos.
  • 5. Frivolidad cualidad de lo que no tiene contenido, utilidad o justificación. Los programas sensacionalistas son pura vanidad.
  • 6. Cosa que carece de valor moral y solo sirve para ostentar.
  • 7. La vanidad es una manifestación de la soberbia y la arrogancia.
  • 8. En algunas enseñanzas religiosas se la considera como una forma de idolatría, en que la persona en función de sus deseos y actos mundanos rechaza a Dios en su vida cotidiana.
  • 9. Friedrich Nietzsche escribió lo siguiente al respecto: “La vanidad es la ciega propensión a considerarse como individuo no siéndolo”.

Sinonimos:

Presunción, engreimiento, envanecimiento, jactancia, vanagloria, soberbia y orgullo.

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La forma de vida de una persona vanidosa:

La persona vanidosa se siente superior al prójimo, ya sea desde un punto de vista intelectual o físico. El vanidoso no duda en destacar su supuesta capacidad cada vez que puede, menospreciando al resto de la gente.

En este sentido, la vanidad encubre un sentimiento de inferioridad y el deseo de ser aceptado por el otro. Al hacer gala de sus virtudes, el vanidoso intenta demostrar que no es menos que nadie (lo que en realidad siente) y espera el aplauso y la admiración de quienes le rodean.

Una buena forma de comprender qué es la vanidad se encuentra en el mito de Narciso.

La versión más conocida de esta historia señala que Narciso era un joven enamorado de sí mismo. Un día, al ver su hermoso rostro reflejado en un lago, se queda absorto y embelesado, incapaz de apartarse de la imagen. Finalmente Narciso muere (suicidándose, ahogándose o por no poder separarse de su reflejo, según la versión) y en el lugar crece una hermosa flor que tiene ese nombre.

A la persona vanidosa le gusta el halago, la alabanza y el reconocimiento de los demás.

Es una persona que muestra un paquete con un envoltorio hermoso, llamativo y hasta deslumbrante, pero que solo es un envoltorio, ya que cuando se abre no contiene nada, está vacío. El envoltorio no es sino un engaño, puesto que no corresponde a lo que se encuentra en el interior. La vanidad es la manifestación de rasgos de segundo orden que se convierten en el primer elemento de la realidad.

El tipo de personas dominadas por el pecado de la vanidad son camaleónicas, ambiciosas, competitivas y adictas al trabajo.

Es por ello que generalmente están enamoradas de su propia imagen, lo cual les lleva a estar constantemente preocupadas por la manera que se muestran a los demás, ya que la imagen es un elemento clave de su personalidad narcisista. Se puede incluso proyectar una imagen triunfante cuando en realidad se está viviendo un auténtico fracaso. Se puede estar viviendo un baile de disfraces con el convencimiento de que el disfraz es la realidad.

Consecuencias del pecado de la vanidad

La persona vanidosa vive una lucha constante de competitividad en la que o se gana o se pierde.

La vida es una lucha donde hay que ganar y para ello todos los medios son válidos. El éxito es su gran fascinación.  El fracaso es una realidad que no puede hacer parte de la vida de estas personas, porque nada es más trágico que el fracaso.

Debido a su facilidad para adaptarse a las expectativas de su entorno, cautivan a los demás. Aunque muy a menudo su adaptación al entorno tiene como propósito conseguir sus objetivos personales; es por ello que se les llaman personas camaleónicas.

Las personas vanidosas pueden fácilmente llegar a la cima del poder, ser gerentes de empresas, banqueros, presidentes de gobierno y directores de multinacionales que están toda su vida ocupadas en trepar por la escala del éxito. Esto se convierte en el único contenido de su vida, ya que todo lo que no corresponde a escalar, no es importante para estas personas. Este es su pecado pero al tiempo su enfermedad, ya que muchas veces llegar a la cima  se convierte en el valor más importante de su vida y la única razón de vivir.

Posiblemente la consecuencia más importante de una persona vanidosa es su adicción al trabajo, incluso se siente incómoda si está inactiva.

Las personas dominadas por el pecado de la vanidad, se dejan absorber completamente por su profesión, su papel social o sus proyectos y se convierten en una esponja sedienta que nunca tiene suficiente agua.

A las personas vanidosas les cuesta admitir sus equivocaciones debido a que eso sería reconocer sus fracasos, por lo que en sus momentos de debilidad la mentira se convierte en su forma de esconderlos. La crítica es algo muy amenazador, ya que les destruye la máscara que esconde la realidad.

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La vanidad desde el punto de vista cristiano-catolico:

De acuerdo a la teología Cristiana clásica, la vanidad consiste en depositar la confianza en forma excluyente en las cosas mundanas, lo que hace que el hombre no necesite de Dios.

Desde este mismo punto de vista, la vanidad hace que el hombre sienta que no necesita a Dios. Se trata de una especie de auto-idolatría: el vanidoso rechaza a Dios ya que se tiene a sí mismo. La vanidad, de hecho, es uno de los pecados capitales.

Evagrio Póntico cerca del año 375 creía que había ocho tentaciones terribles para el alma, y la vanidad era una de las más letales. Evagrio advirtió que la vanidad “corrompía todo lo que tocaba y la denominó un tumor del alma lleno de pus que al alcanzar la madurez se descompone en un desagradable desastre”.

En 590, el papa Gregorio Magno reexaminó la lista y redujo los pecados a siete.

Anteriormente, Evagrio las había denominado “tentaciones”, pero el papa cambió el nombre por el de “pecados” y proclamó que eran mortales. Para el papa Gregorio, la vanidad era el peor de los siete pecados capitales, el que contiene la semilla de todo el mal. Él escribió: La vanidad es el comienzo de todos los pecados junto con la soberbia.

Vanidad en las Sagradas Escrituras.

Como ya he señalado, desde el punto de vista cristiano, la vanidad es una forma de vanagloria, y la vanagloria se basa en el orgullo. La vanidad, es el orgullo basado en cosas vanas y, por cosa vana entendemos que es todo aquello que se tiene por valioso pero que en realidad desvía de lo que en verdad vale. Lo vano nos apega a una falsa imagen del hombre, medido por sus riquezas, fama y poder mundano. Lo vano carece de solidez en relación a la vida eterna:

“Despreciaron sus decretos y la alianza que hizo con sus padres y las advertencias que les hizo, caminando en pos de vanidades, haciéndose ellos mismos vanidad, en pos de las naciones que les rodeaban, acerca de las que Yahveh les había ordenado: No haréis como ellas”

II Reyes 17:15

Vanidad, vestimenta inmodesta y maquillaje.

“El adorno de las cuales no ha de ser por de fuera con los rizos del cabello, ni con dijes de oro, ni gala de vestidos. La persona interior escondida en el corazón es la que debe adornar con el atavío incorruptible de un espíritu de dulzura y de paz, lo cual es un precioso adorno a los ojos de Dios. Porque así también se ataviaban antiguamente aquellas santas mujeres [y hombres] que esperaban en Dios, viviendo sujetas a sus maridos. Al modo que Sara era obediente a Abrahán, a quien llamaba su señor: de ella sois hijas vosotras, si vivís bien y sin amedrentaros por ningún temor.”

(1 Pedro 3:3-6)

La autoridad divina de la palabra de Dios exige que siempre se vistan humildemente, no usando vestimenta, ni mostrando demasiada piel que lleva a la tentación y que también se abstengan (eso no significa que no lo puedan usar moderadamente) de usar cualquier clase maquillaje, joyas y accesorios para no dar un mal ejemplo o tentar a su prójimo en lujuria carnal y pecado. Porque a cada una de las personas que han tentado con su apariencia inmodesta exigirá que Dios ejecute su venganza justa sobre ustedes ¡ya que la tentaron a tener pensamientos lujuriosos!.

“La mujer no se vista de hombre, ni el hombre se vista de mujer; por ser abominable delante de Dios quien tal hace.” (Deut 22:5).

El pensamiento del Padre Pío al respecto:

Acostumbraba a rehusar escuchar la confesión de mujeres que usaban pantalones o un vestido inmodesto.

El Padre Pío tenía fuertes puntos de vista sobre la moda femenina en cuanto a vestidos. Cuando comenzó la locura de la mini falda, nadie se atrevía a ir al monasterio del Padre Pío vestida con tal moda inapropiada. Otras mujeres no venían en mini faldas sino en faldas que eran cortas. El Padre Pío también se disgustaba mucho con esto.

El Padre Pío no toleraba faldas apretadas ni vestidos cortos o con escotes bajos. También prohibía que sus hijas espirituales usaran medias transparentes. Sacaba a las mujeres del confesionario, aún antes que entraran, si discernía que sus vestidos eran inapropiados. Muchas mañanas sacaba a una tras otra. También tenía puesto un rótulo en la puerta de la iglesia que declaraba: “Por deseo explícito del Padre Pío, las mujeres deben entrar en su confesionario usando faldas que lleguen a por lo menos ocho pulgadas (20 cm) por debajo de las rodillas”

El Padre Pío censuraba a alguna mujeres con las palabras, “Vete y vístete.” A veces agregaba: “¡Payasos!” El no le daba pase a nadie, ya sea que fuesen personas que conocía o que veía por primera vez, o hijas espirituales de mucho tiempo. En muchos casos, las faldas estaban muchas pulgadas debajo de la rodilla pero aún así ¡no eran suficientemente largas para el Padre Pío! Los niños y los hombres también tenían que usar pantalones largos, si no querían que los sacaran a patadas de la iglesia.

(De la Vida del Padre Pío, tomado de: http://www.santos-catolicos.com/santos/padre-pio.php)

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