ÉXTASIS Y OTROS HECHOS SOBRENATURALES DEL PADRE PÍO

El Señor a veces te hace sentir el peso de la cruz. Este peso te parece insoportable, y sin embargo tú lo llevas porque el Señor, en su amor y en su misericordia, te tiende la mano y te da la fuerza que necesitas

P. Pío
Façamos o bem enquanto ainda temos tempo." (Padre Pio de Pietrelcina) |  Padre pio de pietrelcina, São padre pio, Imagens católicas

P. Ángel Peña

Muchas veces caía en éxtasis y no se daba cuenta de nada de lo que pasaba a su alrededor.

El padre Agustín certificó que en 1913 los éxtasis los tenía dos o tres veces al día y duraban desde una hora hasta dos horas y media a veces.

El padre Guillermo en sus Cenni (apuntes) sobre el padre Pío, escribió que en 1911, estando en el convento de Venafro, al recibir la comunión y dar gracias, nosotros, presentes, no podíamos dejar de estar arrodillados. El padre Pío abría los ojos y los tenía así durante una media hora, indicando que algo extraordinario estaba pasando ante su vista. De esto estábamos convencidos, pues a veces sonreía, a veces se entristecía o alzaba la voz con fuerza, orando a Jesús por la conversión de algún pecador o recomendándole a los bienhechores o pidiendo la paz y la salvación para todos.

Un día el padre Agustín invitó al doctor Pozzilli a asistir a uno de esos éxtasis después de la comunión y pasó una vela encendida delante de sus ojos. El doctor lo llamó y no respondió, pero, al llamarlo el padre Agustín, como Superior, inmediatamente despertó.

El doctor Nicola Lombardi certificó: Un día fui llamado donde el padre Pío y lo vi echado en cama con los ojos abiertos y fijos en algo que estaba delante. Le dirigía la palabra a Cristo, a la Virgen y a su ángel custodio. El diálogo duró una media hora en mi presencia y de otros religiosos. Acabado el diálogo, al retirarse los personajes con quienes hablaba, él cerraba los ojos y se dormía. Pero, si el Superior en este estado de sueño lo llamaba aún desde fuera de la celda y sin que sintiera su voz como hizo en mi presencia, se despertaba riendo y bromeando como si no hubiera pasado nada.

El padre Alessio Parente afirma: Muchas veces, entrando en su habitación para acompañarlo a la sacristía para oír las confesiones, lo encontraba en éxtasis con el rostro transfigurado y con una extraordinaria belleza en el rostro de un color rosado. Sus ojos, a veces, estaban cerrados y otras abiertos y fijos hacia la pared de la celda. Estaba tan absorto que no sentía el ruido de las llaves al entrar.

LUCES SOBRENATURALES

El padre Rafael de S. Elia a Pianisi en su escrito Acceni manifiesta: Llegué a san Giovanni Rotondo el 17 de setiembre de 1919. Dormía en una celda angosta frente a la celda número 5 del padre Pío. La noche del l9 al 20 setiembre no podía dormir por el calor. Hacia medianoche me levanto de la cama y abro la puerta. Todo estaba oscuro. Apenas la lucecita de una lamparita de petróleo. Mientras estaba en la puerta para salir, veo que llega el padre Pío del coro, donde había estado rezando. El padre Pío estaba todo luminoso con una imagen del niño Jesús en sus brazos. Andaba lentamente y murmuraba alguna oración. Pasó delante de mí todo radiante de luz y no se dio cuenta de mi presencia. Sólo algunos años después me di cuenta de que era el primer aniversario de haber recibido los estigmas.

Gruppi di Preghiera Padre Pio - Il Fondatore

El padre Agustín escribe en su Diario el 8 de abril de 1946: Un anciano, vecino de nuestra casa, llamado Nicolás Pazienza, de una bondad y simplicidad extraordinaria, me contó que hacía bastantes años, una noche de verano se despertó y vio la habitación del padre Pío toda iluminada de una luz más brillante que el sol; y el padre Pío estaba resplandeciente en medio de la luz. El buen anciano, ante tal visión, exclamó: “Dios mío, ¿qué será el paraíso?”. He podido verificar que desde su celda se puede ver la ventana del padre Pío.

En setiembre de 1925, el padre Pío fue operado de una voluminosa hernia inguinal por el doctor Giorgio Festa en el mismo convento. El padre Pío no quiso que le pusieran cloroformo y aguantó consciente todos los dolores de la operación; pero, al llevarlo a su habitación, se desvaneció y el doctor pudo observar sus llagas como lo había hecho cinco años antes y ver que tenían los mismos caracteres antiguos. Entonces, observó que de los bordes de la llaga del costado salían radiaciones luminosas.

¿VIVIR SIN COMER?

Algo que admiraba a los médicos era cómo podía sobrevivir casi sin comer ni lo mínimo indispensable. El padre Dámaso de Sant´Elia a Pianisi dice: Una vez estuvo sin comer durante 20 días. El padre Agustín aseguraba que apenas comía unos 20 gramos de alimento cada 24 horas.

Cartas del Padre Pío | San Pío de Pietrelcina

Fray Modestino afirma que un día le dijo el padre Pío: Hijo mío, ruega por mí. Tengo el vientre hinchado y me duele, y esto precisamente hoy que he comido sólo 30 gramos de alimento. El mejor favor que me puede hacer el Superior es el dispensarme de comer.

Lo más maravilloso es lo que él contaba con gracia para hacer reír a sus hermanos, pero que fue un hecho real. Durante una enfermedad se pesó y pesaba 83 kilos. Al restablecerse, luego de tres días sin haber tomado ningún alimento, pesaba 86 kilos. Había engordado tres kilos sin haber comido nada en esos tres días. ¡Esas son las maravillas de Dios, que alimenta el cuerpo de los santos solamente con la santa comunión! Este milagro lo declaró en el Proceso su Superior, padre Rafael.

Por eso, no es de extrañar lo que refiere el 5 de mayo de 1956 el padre Carmelo con ocasión del Simposio internacional de afecciones coronarias. El doctor británico Ewans declaró: Para nosotros los médicos el padre Pío está biológicamente muerto. Hay que tener en cuenta la cantidad de calorías que consume diariamente en el desempeño de su actividad y, por otra parte, las que recibe nutriéndose tan poco, al límite de la sobrevivencia. Hay que pensar también en la sangre que pierde todos los días como él mismo ha testificado y se prueba en el examen de las vendas del costado. Así que por la fuerza del principio científico de las calorías necesarias para la existencia humana y de las leyes que regulan el equilibrio físico-síquico del organismo, para nosotros los médicos está biológicamente muerto. Dicho de otro modo, humanamente es imposible que un hombre pueda sobrevivir en esas condiciones y que pueda trabajar sin descanso todos los días.

FIEBRE ALTÍSIMA

Algo incomprensible para los médicos era constatar que tenía fiebres altísimas que a cualquier ser humano normal lo hubieran llevado a la tumba. El padre Paolino afirma que, cuando el padre Pío estaba en el cuartel, se rompían los termómetros que le ponían para medirle la fiebre, pues solamente marcan hasta 42 ó 43 grados.

SANTO PADRE PIO DE PIETRELCINA : DE QUE COLOR ES EL PADRE PIO, ES DEL COLOR  DE LA GLORIA

El padre Ezequías Cardone certifica que el último domingo de agosto de 1945 el padre Pío estaba en cama con fiebre. El Superior le ordenó medirse la fiebre y el doctor Avenia le dio el termómetro. Después de pocos segundos, se rompió por el excesivo calor. El médico confirmó que se había roto por la presión interna del mercurio, pues el padre Pío no había hecho ningún movimiento extraño. El doctor Giorgio Festa, después de haber visitado al padre Pío con el doctor Romanelli, declaró que había presentado fiebre de hasta 44 y 44,5 grados.

En otra ocasión afirma el padre Lorenzo, que fue Superior del convento: Yo mismo le medí la temperatura con un termómetro traído de Roma por el doctor Festa y señaló 48 grados.

El padre Paolino, en sus Memorias, certifica que, siendo Superior en diciembre de 1916, cayó el padre Pío enfermo. Dice: Mi extrañeza fue grande, cuando, al retirarle el termómetro de baño, vi que la columna de mercurio había alcanzado los 52 grados.

El padre Pío decía que esa altísima temperatura se debía a que estaba ardiendo por dentro de tanto amor a Dios y a los demás. Por eso, podía seguir viviendo por la gracia de Dios.

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LEVITACIÓN

Es elevarse del suelo por el poder de Dios y no sólo estando en éxtasis. Afirma el padre Pierino Galeone: Un día, después de confesar, vi al padre salir del confesionario y elevarse unos dos metros. Parecía estar en una nube y llegó como por encanto al altar, donde hizo la genuflexión y entró en la sacristía, pero la gente no vio nada y estaba esperando que saliera del confesionario.

Adoradores Católicos: Frases del Santo Padre Pío de Pietrelcina

En el mediodía, los religiosos del convento le preguntaron:
—Padre, ¿dónde fue esta mañana?
El, sonriendo, respondió —Esta mañana después de confesar, me he levantado y he tenido un desvanecimiento. Creía que iba a caerme. He rezado a los ángeles que me ayudaran y me han sostenido, haciéndome caminar por encima de las cabezas de la gente. ¡Qué duras eran, parecían ladrillos! Y con una risa general se terminó el incidente.

El mismo padre Pío, al preguntarle el visitador apostólico monseñor Rossi en 1921 sobre este hecho, que algunos le habían comentado, respondió: Estaba confesando en la sacristía, que estaba llena de hombres. Hacía mucho calor y se sofocaban, pidiendo ayuda. Pensé que lo mejor era salirme para que ellos también salieran. Al salir, no podía bajar los escalones del confesonario, porque había mucha gente. Tuve que pasar por la fuerza por encima de aquellos hombres, al menos sobre los primeros, y me encontré fuera. Entonces regresé para hacerlos salir.

CONOCIMIENTO SOBRENATURAL

El padre Pío poseía el don de conocer la conciencia de sus penitentes y otras muchas cosas por la gracia de Dios. El padre Rómulo declaró: El padre Benito me contó que él confesaba una mujer que comulgaba frecuentemente. Un día el padre Pío le escribió para advertirle que aquella mujer tenía un pecado oculto y que el Señor estaba cansado de ella. El padre Benito trató de preguntarle, pero ella no decía nada. El padre Pío le dijo cuál era su pecado y ella no lo pudo negar.

Radio Mater

María Pompilio cuenta el hecho siguiente, que escuchó en su propia casa al padre Prior de santa María Maggiore, que decía a otros dos sacerdotes: Esta mañana me he convencido de lo que es el padre Pío. Estaba él orando en el coro, mientras yo también estaba en el coro dando gracias después de la misa. En un cierto momento se acercó fray Constantino y le dijo:
—Padre Pío, en el pasillo hay un señor que quiere confesarse, ¿puedo hacerle entrar?
El padre Pío ni respondió ni se movió. A los pocos minutos, de nuevo fue a decirle lo mismo. Entonces el padre Pío levantó la cabeza y le respondió:
—Ese señor ha hecho esperar 25 años a Nuestro Señor, ¿y no me puede esperar cinco minutos?
Yo salí al corredor y vi al señor impaciente que me dijo:
—Padre, tengo temor de que me rechace el padre Pío, porque son 25 años que no me confieso. Yo le di ánimo y, en ese momento, apareció el padre Pío que lo llamó y lo invitó
afablemente a confesarse.

Un día subieron a san Giovanni Rotondo dos hijas de un doctor de san Marco in Lamis. Su padre les había prohibido besar la mano del padre Pío para no contagiarse de su enfermedad. Las dos, viendo que todos besaban la mano del padre Pío, para no ser menos, se acercaron, pero el padre Pío les dijo: “No, obedeced a vuestro padre”. Las pobres se pusieron coloradas y maravilladas de que el padre Pío supiese algo que a nadie habían manifestado.

En mayo de 1954 la logia masónica de Monza mandó a San Giovanni Rotondo a una joven, hija de un sacerdote, con el fin específico de cambiar hostias consagradas por otras sin consagrar a ver si el padre Pío se daba cuenta. También tenía el propósito de poner veneno a ver si era descubierto. El asunto llegó a oídos del padre Michelangelo, a quien se lo dijo una amiga de la joven. Yo (padre Tarsicio) le hablé al padre Pío, el cual, sintiendo el pecado que se quería cometer hacía Jesús Eucaristía, lloró mucho durante varios días hasta que el peligro desapareció. Y es de anotar que, cada vez que la joven se acercaba a comulgar, el padre Pío, sin conocerla, la saltaba siempre, sin darle la comunión.

El cardenal Giuseppe Siri contaba el 23 de setiembre de 1972: Recuerdo un hecho personal. Un día recibí del padre Pío un telegrama, sin haberle pedido nada, en el que me exhortaba a tomar cierta iniciativa en un problema en el que estaba dudoso hacía mucho tiempo. No recuerdo haber hablado de esto a nadie. No pude comprender cómo él lo sabía. Me llegó el telegrama y me señaló el camino. Lo seguí y todo llegó a buen término.

Pío Gerardo Trombetta cuenta el caso de su hermano, subteniente del ejército italiano, que fue hecho prisionero en los combates de El Alamein, en el norte de África, el 24 de octubre de 1942. A la familia se le comunicó oficialmente que había sido dado por desaparecido. Mi madre estaba sumamente triste y lloraba mucho por el dolor, pensando que estaba muerto. A la mañana siguiente de recibir la noticia, fui a la misa del padre Pío y, después de orar un poco, me dijo: Manda un telegrama a tu madre y dile que esté tranquila.
—¿Está prisionero?
—Sí, dijo él.
—¿Está herido?
—No.

Pasaron algunas semanas sin noticias, pero hacia mediados de diciembre recibimos una tarjeta de mi hermano que escribía desde Egipto. De Egipto lo enviaron a la India, donde estuvo hasta el final de la guerra, siendo repatriado en 1946 después de tres años y medio de prisión. Cuando regresó, lo llevé para que agradeciera al padre Pío, quien le recordó y le repitió la misma frase que él había escrito en la tarjeta: Hubiera preferido morir en combate. El padre Pío le llamó la atención, porque, en vez de agradecer al Señor por estar vivo, había preferido morir.

Nina Campanile, hija espiritual del padre Pío, escribió en sus Memorias del padre Pío que en 1917 su madre se enfermó gravemente. El médico de cabecera no estaba y la visitó otro doctor que le diagnosticó pulmonía doble y mandó que le aplicaran sanguijuelas. La señorita Nina fue a pedirle oraciones al padre Pío y él le dijo: Qué pulmonía ni pulmonía, lo que tiene es malaria. Nina corrió a su casa, le quitó las medicinas que tomaba su madre al igual que las sanguijuelas y, al llegar el médico de la familia, reconoció que se trataba de malaria. Por lo que, con un tratamiento adecuado, se curó en poco tiempo.

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