El coraje de decir la verdad: “La cabeza de Juan Bautista predica mejor desde la bandeja que sobre sus hombros”

 Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo 

Yo os digo que no hay entre los nacidos de mujer, nadie mayor que Juan” (Lc 7, 28-29)

San Juan Bautista - Colección - Museo Nacional del Prado

Juan, cuyo nacimiento celebramos el 24 de junio, abandona el mundo desde su más tierna infancia; abandona incluso la casa paterna, siendo una casa de santos, y se retira al desierto, lejos del bullicio de los hombres, para conversar solamente con Dios.

Tiene como vestidura apenas un rudo cilicio de piel de camello, una correa igualmente espantosa sobre la cintura; como alimento, langostas y miel silvestre; y en la sed, agua pura. Expuesto a las intemperies y sin más retiro que los peñascos, sin recursos, sin servidores y sin otra manutención; Juan Bautista lleva esa vida desde su infancia. ¡Y aún así nosotros nos quejamos!

La Palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que toda espada de dos filos.” 

HEBREOS 4.12

El martirio de Juan el Bautista tuvo lugar el día del cumpleaños del rey Herodes quien dio una fiesta en su palacio. Ahí, el profeta se encontraba preso y encadenado a causa de que le había reprochado públicamente al monarca que su esposa, Herodías, era en realidad la esposa legítima de su hermano Felipe, conforme a la ley judía. 

Flavio Josefo, historiador judío, nos dice que Juan Bautista enardecía a mucha gente con su predicación. Al enterarse Herodes, temió que pudiera organizarse alguna revuelta y le destronasen a él. Anticipándose, mandó detenerlo y después matarlo.

Como resaltaba ya San Agustín de Hipona, San Juan Bautista es el único santo que es festejado no sólo en su muerte sino también en su nacimiento, al igual que Jesús y su Madre, María.

De Juan Bautista dice San Beda el venerable:

«El santo precursor del nacimiento, de la predicación y de la muerte del Señor mostró, en el momento de la lucha suprema, una fortaleza digna de atraer la mirada de Dios, ya que, como dice la Escritura, la gente pensaba que cumplía una pena, pero él esperaba de lleno la inmortalidad… »No debemos poner en duda que San Juan sufrió la cárcel y las cadenas y dio su vida en testimonio de nuestro Redentor, de quien fue precursor, ya que, si bien su perseguidor no lo forzó a que negara a Cristo, sí trató de obligarlo a que callara la verdad; ello es suficiente para afirmar que murió por Cristo. […]

Ofreció su vida para prevenir a los hombres, hasta el final, sobre la realidad del pecado y para testimoniar la Verdad hecha carne

“La Iglesia celebra hoy la memoria del Martirio de San Juan Bautista, el precursor de Jesús, que testimonia con su sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios. Su vida nos enseña que cuando la existencia se fundamenta sobre la oración, sobre una constante y sólida relación con Dios, se adquiere la valentía de permitir que Cristo oriente nuestros pensamientos y nuestras acciones”

Benedicto XVI. 30 de agosto de 2012

“celebrar el martirio de san Juan Bautista nos recuerda también a nosotros, cristianos de nuestro tiempo, que no se puede descender a negociar con el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad. La Verdad es verdad y no hay componendas”.

Benedicto XVI.

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Cuatro personajes a través de los que el Señor nos habla

En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el Papa invitó a meditar acerca de los cuatro protagonistas que intervinieron en el fin del Bautista: el rey corrupto e indeciso, la mujer diabólica que odiaba, la bailarina vanidosa y caprichosa y el profeta decapitado solo en la cárcel, “el hombre más grande nacido de mujer” que se disminuyó para hacer crecer a Jesús.

Juan nos hace ver a Jesús, después su luz se apaga

“El más grande terminó así – comentó el Pontífice – pero Juan sabía esto, sabía que debía aniquilarse”. Lo había dicho desde el inicio, hablando de Jesús: “Él debe crecer, yo, en cambio, disminuir”. Y él “se disminuyó hasta la muerte”. Fue el precursor – prosiguió diciendo el Papa Francisco –  el anunciador de Jesús, que dijo: “No soy yo, éste es el Mesías”. “Lo hizo ver a los primeros discípulos – recordó el Santo Padre – y después su luz se fue apagando poco a poco, hasta la oscuridad de aquella celda, en la cárcel, donde solo, fue decapitado”.

El rey corrupto que no logra cambiar de vida

Asimismo el Pontífice analizó las actitudes de los tres personajes protagonistas del martirio. El rey, ante todo, que “creía que Juan era un profeta”, “lo escuchaba de buena gana”, y hasta “lo protegía”, pero lo tenía en la cárcel. Estaba indeciso, porque Juan “le reprochaba su pecado”, el adulterio. En el profeta – explicó el Papa – Herodes “sentía la voz de Dios que le decía: ‘Cambia de vida’, pero no lograba hacerlo. El rey era corrupto, y donde hay corrupción, es muy difícil salir”. Un corrupto que “trataba de hacer equilibrios diplomáticos” entre la propia vida, no sólo adúltera, sino también llena “de tantas injusticias que llevaba adelante”, y la conciencia de la “santidad del profeta que tenía delante”. Y no lograba desatar el nudo.

La mujer que tenía el espíritu satánico del odio

Después el Papa describió a Herodías, la mujer del hermano del rey, asesinado por Herodes para tenerla. El Evangelio sólo dice de ella que “odiaba” a Juan, porque hablaba con claridad. “Y nosotros sabemos que el odio es capaz de todo – comentó Francisco – es una fuerza grande. Satanás respira el odio. Pensemos que él no sabe amar, no puede amar. Su ‘amor’ es el odio. Y esta mujer tenía el espíritu satánico del odio”, que destruye.

A Salomé el rey le dijo “te daré todo” como satanás

En fin, el tercer personaje, la hija de Herodías, Salomé, buena bailarina, “que gustó tanto a los comensales y al rey”. Herodes, en aquel entusiasmo, prometió a la muchacha: “Te daré todo”. “Usa las misma palabras – recordó el Pontífice – que ha usado satanás para tentar a Jesús. ‘Si tú me adoras te daré todo, todo el reino’”. Pero Herodes no podía saberlo.

El martirio de San Juan Bautista.

Detrás de estos personajes está satanás, sembrador de odio en la mujer, sembrador de vanidad en la muchacha, sembrador de corrupción en el rey. Y el “hombre más grande nacido de mujer” terminó solo, en una celda oscura de la cárcel, por el capricho de una bailarina vanidosa, el odio de una mujer diabólica y la corrupción de un rey indeciso. Es un mártir, que dejó que su vida disminuyese, disminuyese, disminuyese, para dar lugar al Mesías.

Testimonio de un gran hombre y gran santo

Juan muere allí, en la celda, en el anonimato, “como tantos mártires nuestros”, comentó el Papa Francisco con cierta amargura. El Evangelio dice sólo que “los discípulos fueron a recoger el cadáver para darle sepultura”. Todos pensamos – añadió el Papa – que se trata de “un gran testimonio, de un gran hombre, de un gran santo”.

Dónde se encuentra la cabeza de san Juan Bautista?

La vida sólo tiene valor al donarla, al donarla en el amor, en la verdad, al donarla a los demás, en la vida cotidiana, en la familia. Donarla siempre. Si alguien toma la vida para sí mismo, para custodiarla, como el rey en su corrupción, o la señora con el odio, o la joven, la muchacha, con su propia vanidad – un poco adolescente, inconsciente – la vida muere, la vida termina marchita, no sirve.

Abrir el corazón: el Señor nos habla a través de estas figuras

Juan – concluyó Francisco – donó su vida: “Yo, en cambio, debo disminuir para que Él sea escuchado, sea visto, para que el Señor se manifieste”.

Sólo les aconsejo que no piensen demasiado en esto, sino que recuerden la imagen, que piensen en los cuatro personajes: el rey corrupto, la señora que sólo sabía odiar, la muchacha vanidosa que no tiene consciencia de nada, y el profeta decapitado solo en su celda. Ver eso, y que cada uno abra el corazón para que el Señor nos hable sobre esto.


El martirio de San Juan Bautista

Este es un caso típico de cómo un pecado lleva a cometer otro pecado. Herodes y Herodías empezaron siendo adúlteros y terminaron siendo asesinos. El pecado del adulterio los llevó al crimen, al asesinato de un santo.

Hoy, en la segunda mitad de la segunda década del S. XXI, se sufre cárcel, exclusión social, persecución política y, no en raras ocasiones, la muerte, por no callar la verdad. Lo “políticamente correcto” es una losa que aplasta por igual en países ya occidentales, ya árabes o musulmanes, ya sea comunistas… la libertad y la dignidad de los ciudadanos. Como en tiempos de Cristo, los numerosos Herodes de hodierno que en todas partes surgen como hongos persiguen al que no calla la verdad.

Una antigua tradición cuenta que Herodías años más tarde estaba caminando sobre un río congelado y el hielo se abrió y ella se consumió hasta el cuello y el hielo se cerró y la mató. Puede haber sido así o no. Pero lo que sí es histórico es que Herodes Antipas fue desterrado después a un país lejano, con su concubina. Y que el padre de su primera esposa (a la cual él había alejado para quedarse con Herodías) invadió con sus Nabateos el territorio de Antipas y le hizo enormes daños. Es que no hay pecado que se quede sin su respectivo castigo.

Alrededor de la suerte de la cabeza de Juan hay toda una saga de leyendas. Fue encontrada por Elena, la madre de Constantino, en el palacio de Herodes, y viajaría secretamente hasta Emesa; citando a Flavio Josefo, se ha afirmado que habría sido enterrada en Maqueronte;

Hoy en día, hay por lo menos tres lugares que se disputan la posesión de la preciada reliquia: la Catedral de Amiens, la Iglesia de San Silvestre en Roma y la Gran Mezquita de Damasco, en  Siria.

Celebrar el martirio de san Juan Bautista nos recuerda también a nosotros, cristianos de nuestro tiempo, que el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad, no admite componendas. La Verdad es Verdad, no hay componendas.

¡El Señor te bendiga y te guarde! ¡El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti y te mire con buenos ojos! ¡El Señor vuelva hacia ti su rostro y te dé la paz!”

(Números 6, 24-26)
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