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Fiesta de la Transfiguración del Señor.

“Mientras oraba, el aspecto de su rostro Cambió, sus vestidos brillaban de blancos”.

El lugar donde ocurrió la Transfiguración no se conoce con exactitud

AUNQUE EN EL NUEVO TESTAMENTO NO APARECE CITADO POR SU NOMBRE, LA TRADICIÓN ENSEGUIDA IDENTIFICÓ EL TABOR CON EL LUGAR DE LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

San Lucas declara que Jesús llevó a los tres a “la montaña para orar”. A menudo se piensa que esta montaña es el Monte Tabor, en Israel, pero ninguno de los evangelios lo identifica con exactitud.

El Monte Tabor se eleva a 450 metros sobre la llanura y a 588 metros sobre el nivel del mar. La Basílica de los Franciscanos fue construida en 1924 por el arquitecto Antonio Barluzzi en el sitio del monasterio benedictino de la era cruzada que fue arrasada por el sultán Al Malik (1211-1212).

El sentido más profundo de la transfiguración «queda recogido en esta única palabra. Los discípulos tienen que volver a descender con Jesús y aprender siempre de nuevo: “Escuchadlo”»

Benedicto XVI

Transfiguración significa “cambio de forma”

La palabra “transfiguración” proviene de las raíces latinas trans (“a través”) y figura (“forma, aspecto”). Por lo tanto, significa un cambio de forma o apariencia.
Esto es lo que le sucedió a Jesús en el evento conocido como la Transfiguración: su apariencia cambió y se volvió gloriosa.

«Este es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle»

Este diálogo implica primero una escucha atenta, meditada: no basta con tener una idea general del espíritu de Jesús, sino que hay que aprender de Él detalles y actitudes (…). Cuando se ama a una persona se desean saber hasta los más mínimos detalles de su existencia, de su carácter, para así identificarse con ella. Por eso hemos de meditar la historia de Cristo, desde su nacimiento en un pesebre, hasta su muerte y su resurrección.

El diálogo exige una respuesta

Pero el diálogo, después de la escucha, exige una respuesta, porque no se trata sólo de pensar en Jesús, de representarnos aquellas escenas. Hemos de meternos de lleno en ellas, ser actores. Seguir a Cristo tan de cerca como Santa María, su Madre, como los primeros doce, como las santas mujeres, como aquellas muchedumbres que se agolpaban a su alrededor. Si obramos así, si no ponemos obstáculos, las palabras de Cristo entrarán hasta el fondo del alma y nos transformarán.

Oremos…

Transfigúrame, Señor

Con tu gracia, para entender tu muerte.
Con tu poder, para contemplar tu rostro.
Con tu majestad, para adorarte como Rey.

Sí, Señor; transfigúrame con tu presencia
porque, en muchas ocasiones,
temo sólo verte como hombre y no como Dios.

Sí, Señor; transfigúrame con tu mirada
porque, en el duro camino, tengo miedo a perderte,
a no distinguirte en las colinas donde no alcanza mi vista.
Sí, Señor; transfigúrame con tu amor
y, entonces, comprenda lo mucho que me quieres:
que me amas, hasta el extremo,
que me amas, hasta dar tu vida por mí,
que me amas, porque no quieres perderme,
que me amas, porque Dios, es la fuente de tanto amor.

Sí, Señor; transfigúrame con tu fuerza,
porque me siento débil en la lucha,
porque prefiero el dulce llano
a la cuesta que acaba la cumbre de tu gloria.
Porque, siendo tu amigo como soy,
no siempre descubro la gloria que Tú escondes.
Transfigúrame, Señor.
Para que, mi vida como la tuya,
sea un destello que desciende desde el mismo cielo.
Destello con sabor a Dios.
Destello con sabor al inmenso amor que Dios me tiene.
Amén.

(Javier Leoz)

Transfigúrame,
Señor, transfigúrame.

Quiero ser tu vidriera,
tu alta vidriera azul, morada y amarilla.
Quiero ser mi figura, sí, mi historia,
pero de ti en tu gloria traspasado.

Transfigúrame,
Señor, transfigúrame.

Mas no a mí solo,
purifica también
a todos los hijos de tu Padre
que te rezan conmigo o te rezaron,
o que acaso ni una madre tuvieron
que les guiara a balbucir el Padrenuestro.

Transfigúranos,
Señor, transfigúranos.

Si acaso no te saben, o te dudan
o te blasfeman, límpiales el rostro
como a ti la Verónica;
descórreles las densas cataratas de sus ojos,
que te vean, Señor, como te veo.

Transfigúralos,
Señor, transfigúralos.

Que todos puedan, en la misma nube
que a ti te envuelve,
despojarse del mal y revestirse
de su figura vieja y en ti transfigurada.
Y a mí, con todos ellos, transfigúrame.

Transfigúranos,
Señor, transfigúranos.

Quiero ser como el monte Tabor

Quiero ser como el monte Tabor,
el monte de la oración y del encuentro con Dios
para escuchar la voz del Padre y la del Hijo amado,
¡qué importante es escuchar la voz divina en la oración
y después ser obediente a esa Palabra!

Quiero ser como el monte Tabor, testigo de la Transfiguración,
y que mi corazón también se transfigure en la oración
subiendo a las cumbres del amor, tocando el misterio de lo divino,

Y que la voz de Dios la repita una y otra vez,
como una música interior,
música Interior que va modelando mi corazón en el día a día,
con la perseverancia, orando siempre sin desfallecer,
en la alabanza y la adoración,
en la acción de gracias y la intercesión.

Quiero ser como el monte Tabor,
monte donde el peregrino ora y celebra la Eucaristía
para santificarse y elevarse,
para contemplar la belleza de Cristo
que todo lo transforma y lo hace nuevo,
y así transfigurarme con mi Señor. Amén.

Véante mis ojos

Véante mis ojos,
dulce Jesús bueno;
véante mis ojos,
muérame yo luego.

Vea quien quisiere
rosas y jazmines,
que si yo te viere,
veré mil jardines:
flor de serafines,
Jesús Nazareno,
véante mis ojos,
muérame yo luego.

No quiero contento
mi Jesús ausente,
que todo es tormento
a quien esto siente;
sólo me sustente
tu amor y deseo,
véante mis ojos,
dulce Jesús bueno;
véante mis ojos,
muérame yo luego.

Transfigúrame. 


   Señor, transfigúrame.
   Traspáseme tu rayo rosa y blanco.
   Quiero ser tu vidriera,
   tu alta vidriera azul, morada y amarilla
   en tu más alta catedral.

   Quiero ser yo mismo, sí, mi historia,
   pero de Ti en tu gloria traspasado.
   Quiero poder mirarte sin cegarme,
   convertirme en tu luz, tu fuego altísimo
   que arde de Ti y no quema ni consume.

   Déjame mirarte, contemplarte
   a través de mi carne y mi figura, 
   de la historia de mi vida y de mi sueño,
   inédito capítulo en tu Biblia.

   Si he de transfigurarme hasta tu esencia,
   menester fue primero ser ese ser con límites,
   hecho vicisitud camino de figura,
   pues solo la figura puede trans-figurarse.

   Pero a mí solo no. Como a los tuyos,
   como a Moisés (fuego blanco de zarza),
   como a Elías (carro de ardiente aluminio),
   cada uno en su tienda, a ti acampados,
   purifica también a todos los hijos de tu padre,
   que te rezan conmigo o te rezaron
   o acaso ni una madre tuvieron
   que les guiara a balbucir el padrenuestro.

   Purifica a todos, a todos transfigúralos.
   Si acaso no te saben, o te dudan,
   o te blasfeman, límpiales piadoso
   (como a ti la Verónica) su frente;
   descórreles las densas cataratas de sus ojos,
   que te vean, Señor, y te conozcan;
   espéjate en su río subterráneo,
   dibújate en su alma
   sin quitarles la santa libertad
   de ser uno por uno tan suyos, tan distintos.

   Mira, Jesús, a la adúltera
   y al violento homicida
   y al mal ladrón y al rebelde soberbio
   y a la horrenda –¡piedad! – madre desnaturada
   y al teólogo necio que pretende
   apresarte en su malla farisea
   y al avaro de oídos tupidos y tapiados
   y al sacrificador de rebaños humanos.

   [A cada uno de ellos] sálvale Tú, 
   despiértale la confianza.
   Allégatele bien, que sienta
   su corazón cobarde contra el tuyo
   coincidentes los dos en solo un ritmo.

   Que todos puedan en la misma nube,
   vestidura de ti, sutilísima fimbria de luz,
   despojarse y revestirse
   de su figura vieja y en ti transfigurada.
   Y a mí con ellos todos, te lo pido,
   la frente prosternada hasta hundirla en el polvo,
   a mí también, el último, Señor,
   preserva mi figura, transfigúrame.

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Categorías:Festividad Oraciones

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Un caminante en la fe, obediente a la Santa Iglesia y en espera de la conquista del Santo Cielo

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