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VIDA DE SAN JOSÉ II Cap 4

Vida del glorioso Patriarca San José Esposo Purísimo de la Gran Madre de Dios y Padre Adoptivo de Jesús, manifestado por Jesucristo a su esposa predilecta, María de Jesús, y que Él mismo le ordenó que la escribiera y con la obediencia de quien dirige su espíritu. 23 de Enero de 1736.

San José se prepara con la oración y la penitencia para recibir de Dios el incomparable don de la purísima esposa la Virgen María

San José había cumplido ya los treinta años, y había conservado inmaculado su candor virginal e inocencia, enriquecido de grandes méritos y adornado de todas las virtudes; y habiendo llegado el tiempo en el cual Dios había decretado darle como esposa suya y fiel compañera a la dulcísima Virgen María, habiendo ésta también cumplido el décimo cuarto año de su edad, Dios quiso que José se preparara a la noble, sublime y virginal boda, y aunque la vida del Santo hubiese sido una constante preparación para recibir un favor tan sublime, a pesar de esto en estos últimos días quiso de él una preparación más especial.

De noche le hizo decir a través del Ángel mientras dormía, que se preparara para recibir a una de las más sublimes Gracias que el Altísimo quería hacerle, y esto por un mes seguido, y que hubiese redoblado las súplicas y hubiese aumentado los deseos ardientes de su corazón.

 Al despertarse José del sueño se encontró totalmente encendido del deseo de recibir pronto la Gracia prometida, y todo lleno de amor hacia su Dios, exclama: -” ¡Pues bueno sois, Dios de Israel! qué fiel sois a vuestras promesas! Mi alma desea la Gracia prometida, pero mucho más, desea el aumento de vuestro Amor y de glorificaros en todas mis acciones”-.

Y así, todo encendido de amor se fue al Templo, y aquí, después de haber adorado a su Dios, alabó su infinita bondad. Se quedó mucho tiempo orando y suplicando a Dios la Gracia que le había sido prometida, y aunque no supiera de qué se tratara, a pesar de ello la llamaba una Gracia grande y un don sublime, ya sea porque se lo había dicho el Ángel, ya sea porque tenía por cierto de que Dios sabe hacer cosas grandes y dones a su medida.

En esta oración, se sintió nuestro José, encender en el corazón un amor más intenso y tierno hacia la Santísima doncella María, y en este sentimiento Dios le manifestó cómo la misma oraba mucho por él, y cómo las oraciones de la misma eran muy gratas y agradables a Dios. El Santo se alegró mucho de esto y creció en él amor purísimo hacia la misma, de modo que lloraba por ello por la dulzura que sentía al pensar en la misma y en sus virtudes singulares y en su santidad y a menudo decía entre sí: –“Oh doncella María, Santísima, perfectísima en toda virtud, vos estáis orando tanto por mí, muy indigno, y yo, ¿qué haré por vos? Otra cosa no puedo hacer que encomendaros calurosamente a nuestro Dios, de modo que os enriquezca siempre más de sus dones y os llene siempre más de sus Gracias”-.

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 Al decir esto se iba encendiendo también en su corazón un vivo deseo de llegar alguna vez a hablarle, pero puesto que no se creía digno de ello, reprimía este deseo de modo que no creciera en él el deseo, porque estimaba difícil poder lograrlo.

Después de orar más horas así en el Templo, se fue todo consolado y lleno de júbilo, pero le pareció al Santo que no podía alejarse del Templo, y por lo tanto en ese mes hizo allí su continua morada. Se preparó con ayunos sufriendo hambre, sed y toda otra incomodidad con tanta alegría y júbilo de su corazón, que todo sufrimiento era una delicia Para él.

Poco se ocupó del trabajo en ese tiempo, ocupándose más bien totalmente en la oración, en súplicas presurosas, creciendo en él maravillosamente el deseo de conseguir pronto la Gracia que le había sido prometida.

Durante ese mes el Santo joven únicamente habló con su Dios, haciendo continuos actos de ofrecimiento a Él, de súplicas, de agradecimientos, alabando y bendiciendo su infinita bondad a la cual encomendaba calurosamente a la Santa doncella María. Nunca vino a la mente del Santo pensamiento alguno, que podría serle dada por esposa, aunque la misma estuviera ya en la posibilidad de casarse y de que alguien tuviese el privilegio de cuidar de Ella.

Sin embargo, ya sabía que Ella había consagrado a Dios su voto, su virginidad, y él también lo había hecho, a imitación de Ella. Al saber que la Santa doncella tenía que casarse, se hizo la convocatoria a todos los que eran de la estirpe de David a que fueran al Templo y a quien Dios hubiese manifestado su Voluntad, la habrían dado por esposa, Nuestro José quedó asombrado, y decía: -“Oh dichoso aquél que le tocará tan hermosa suerte!”.

¿Debía también él acudir al Templo como si fuera de la estirpe de David? Estuvo con gran duda, pero para obedecer a la orden, él también se presentó pensando que tan bella suerte no le habría tocado a él, tanto más que ya había consagrado a Dios su virginidad; a pesar de esto, se encomendaba mucho a Dios, y le pedía su favor y ayuda en ese asunto de tanta importancia.

Jeffrey R. Holland

Después de acabar el mes de preparación, el Santo estaba todo ansioso de recibir la Gracia prometida. Al llegar el día en el cual se debía escoger el esposo para la Santa doncella María, la noche anterior se le apareció de nuevo el Ángel en el sueño y le dijo: -“Sabed José que a Dios mucho le agradó tu preparación y tus encendidos deseos”-. Y le puso en la mano una cándida paloma diciéndole: -“Toma este regalo que Dios te hace; y tú serás el guardián de su pureza. Tenla como muy querida, porque esta es la delicia del Corazón de Dios, es la criatura más amada y agradable que nunca haya existido ni existirá en el mundo”-.

Nada más le dijo el Ángel José recibió a la purísima paloma en sus manos y todo alegre por la Gracia recibida se despertó, y se encontró totalmente encendido de amor hacia su Dios, pero no podía comprender el Santo, el significado de ese sumo. Se sentía de sobremanera alegre y contento; no cabiendo en sí mismo por la alegría, pero no sabía lo que le esperaba.

Después tuvo alguna luz de que esa paloma podría significar que le toque en suerte a la doncella María como esposa, pero puesto que era muy humilde y se consideraba indigno de ello, no se quedó mucho a reflexionar sobre ello. Se preparó con todo por la mañana, para ir al Templo al concurso con los otros descendientes de la estirpe de David, donde tuvo Lugar lo que se dirá a continuación.

Próximamente: El milagro de la vara florecida Boda Maravillosa Salida de los esposos hacia Nazaret

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Categorías:Revelaciones Privadas San José

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