Menú Inicio

VIDA DE SAN JOSÉ II Cap 3

Vida del glorioso Patriarca San José Esposo Purísimo de la Gran Madre de Dios y Padre Adoptivo de Jesús, manifestado por Jesucristo a su esposa predilecta, María de Jesús, y que Él mismo le ordenó que la escribiera y con la obediencia de quien dirige su espíritu. 23 de Enero de 1736.

Revelaciones sobre la Vida de San José. Vidente: Hna. Mª Cecilia Baij (1694-1766) Monasterio Benedictino de MONTEFIASCONE, Italia

Favores Divinos

Nuestro José crecía maravillosamente en el amor a su Dios, de tal modo que se desvivía totalmente solo al nombrarlo, y tenía un deseo siempre más encendido de hacer cosas grandes para Gloria de su Dios, y esperaba con deseo intenso que llegara el tiempo en el cual, según las promesas que le había hecho el Ángel, él se habría dedicado totalmente al servicio de Dios, y por lo tanto decía a menudo a su Dios: -“Oh Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, Oh Dios, mío, cuándo llegará el tiempo en el cual estaré feliz totalmente ocupado para Vos? cuándo se cumplirá vuestra promesa? Mi corazón arde de deseo de ocuparme pronto totalmente para Vos. Oíd mis súplicas y atended mis deseos”-.

Dulce Corazón de María – Un paso al día 👣

Un día al estar el Santo en el Templo suplicando de este modo a su Dios, oyó la voz de su Amado Bien, que en el interior de su corazón le decía: -“José, siervo y amigo mío, estad de buen ánimo, porque dentro de poco quedarás consolado y se cumplirá todo deseo”-. A la dulzura de estas palabras, fue tanto el júbilo que sintió el Santo, que cayó en éxtasis, cuando le fue revelado por Dios, como dentro de poco habría tenido una Gracia grande esto es de tener una compañía, con la cual él hubiese tenido con quien tratar y hablar de Dios y de los Divinos Misterios que a él le habían sido revelados varias veces, según la promesa que le había hecho el Ángel en el sueño, que su Dios le habría dado una criatura con la cual él hubiese podido conversar y contarle las maravillas de la Omnipotencia Divina.

 Al mismo tiempo que Dios le revelaba esto, también le hizo entender las sublimes virtudes de Aquella que le habría destinado para tratar con él, pero por entonces, no le fue manifestado otra cosa. Al volver José del éxtasis, completamente consolado en el alma y muy feliz por el favor concedido, se humilló delante de su Dios, lo adornó y le agradeció afectuosamente, y reconociendo su nada, decía a su Dios: -“Oh Dios mío, inmenso, incomprensible, ¿quién soy yo para que tanto me favorezcáis?  cómo es que vuestra inmensa grandeza se digna tratar conmigo, despreciable gusano; ¿y hacerme tan grandes favores? Que Vos os hayáis inclinado para tratar con los profetas, con los patriarcas, es una cosa bien grande, pero conmigo, muy despreciable siervo vuestro, es cosa para quedar estático por la maravilla. Oh, ¿cómo, Dios mío, corresponderé a tanta bondad, a tanta complacencia, ¿a tanto Amor? Ah, Dios mío, heme aquí todo vuestro, haced de mi todo lo que os plazca. Otra cosa no tengo para daros, sino a mí mismo y toda mi vida; yo quiero entregarme de nuevo a Vos, y si pudiera tener en mi libertad a los corazones de todas las criaturas, todos os los entregaría y todos los consagraría a Vuestro Amor. Dios mío, inmenso, infinito, inefable, incomprensible, recibid el pequeño ofrecimiento de vuestro despreciable siervo y esclavo José, que se entrega a Vos de todo corazón”-.

Así nuestro José se humillaba en los favores que recibía, y se mostraba agradecido a su Dios por los beneficios, reconociéndolo todo recibido de su divina bondad y generosidad, y sin mérito de ser parte, a quien se llamaba, muy despreciable e indigna criatura. Al salir del Templo, después de haber recibido un favor tan grande de su Dios, se fue a su taller, y aquí de nuevo dio gracias a su Dios; se puso de nuevo a trabajar todo concentrado, y para ese día no fue capaz de tomar alimento corporal.

La noche siguiente le habla el Ángel en el sueño y se congratuló de él por el favor recibido, asegurándole también que dentro de poco habría tenido lo que él muchos años antes le había prometido por parte de Dios. Lo exhortó para que continuara rindiendo gracias a Dios por el gran beneficio que le habría hecho.

Al despertarse el Santo joven rindió nuevamente gracias a Dios, invitando con el santo profeta David a todas las criaturas para alabar a su Dios; y con los tres niños de Babilonia lo bendecía, y esto lo hacía, no solamente cuando recibía algún favor especial, sino diariamente, gozando mucho su espíritu en rezarlas, y nuevamente agradecía a su Dios por haber dado a sus criaturas el don para que lo alabaran y bendijeran de esa manera.

 Estaba el Santo joven esperando las Gracias prometidas, con toda tranquilidad y todo confiado en la divina disposición; las deseaba, pero su deseo no era impaciente, ni nunca se fue investigando cosa alguna, ni se ponía a pensar cuál habría sido esa cosa que Dios le habría dado como compañía y con la cual se habría tenido que ocupar para servir a su Dios.

Nada de esto busco nunca nuestro José, sino que todo calmado y tranquilo esperaba las promesas divinas, muy seguro que su Dios todo lo habría hecho con suma providencia y con infinito Amor. Esto si iba diciendo a menudo: -“Oh, qué hermosa suerte la mía, tratar con una criatura que Dios me dará para hablar de sus grandezas, su bondad, su infinito Amor, sus divinas perfecciones, y esta criatura se dignará tratar conmigo, ¡y no rechazará mi vileza, mi pobreza, mi bajeza, mi indignidad!; Oh, ¡qué bueno sois Vos conmigo, Dios mío!; Oh, cómo secundáis los deseos de quien confía en Vos!”-.

 Esto decía el Santo alabando y agradeciendo siempre a su Dios, y recibiendo todo el bien de sus manos divinas y reconociéndolo todo venido de Dios. En la medida en que crecía en San José el amor a su Dios iba creciendo también el amor hacia su prójimo; y se deshacía totalmente cuando sabía que había algún pobre necesitado y no lo podía ayudar, por lo tanto, lo encomendaba cariñosamente a su Dios para que lo ayudara.

Muchas veces se privaba también de lo necesario para ayudar a los pobres; y cuando le daban algún dinero por el trabajo que había hecho, enseguida daba la mayor parte a los pobres necesitados. De las personas afligidas se compadecía tanto que suplicaba a Dios por ellas con tanta premura para que las consolara, y perseveraba en la oración hasta saber que Dios las había atendido.

Hubiese querido proveer a las necesidades de todos, tanto espirituales como temporales, le decía a su Dios: -“Dios mío, Vos ya estáis viendo mi pobreza y mi insuficiencia, y que no puedo hacer el bien que quisiera a mi prójimo; por lo tanto, Vos que sois rico en Misericordia y que sois todo caridad y Amor, socorred Vos a las necesidades de todos, consolad a los afligidos, ayudad a los necesitados porque Vos todo lo podéis. Gozo, Dios mío ser pobre, e incapaz, porque Vos sois sumamente rico y todo lo podéis; por eso yo os pido aquello que yo no puedo ni se hacer”-.

 Mucho gozaba Dios de estas expresiones de su siervo fiel, y no dejaba de atenderlo en sus presurosas peticiones; y José se le mostraba muy agradecido, agradeciéndole continuamente también por parte de aquellos que recibían el beneficio. Lo mismo hacía por los enfermos, suplicando continuamente para su salvación corporal y mucho más por la espiritual.

Los visitaba, los consolaba, los animaba, para que sufran todo con paciencia y este oficio lo hacía con los pobres; pero con aquellos de cierta condición y que poseían riquezas, no se acercaba, porque decía, que él era pobre y que no se atrevía a tratar sino con los pobres iguales a él; y por aquellos hacía oración y los recomendaba afectuosamente, de modo que no dejara de beneficiarlos, y aunque no tratara con ellos, pedía para que todos reciban su caridad tan perfecta.

Nuestro José siguió en ese estilo de vida por muchos años, creciendo maravillosamente en el amor a su Dios y al prójimo, y en la práctica de todas las virtudes, de tal modo que se volvía admirable, no solamente a los ojos de los hombres, sino de los mismos Ángeles. Tanta era su pureza y su inocencia, su humildad, su caridad, el desprecio de todas las cosas caducas y terrenales, y el desprecio y poco valor que sentía de sí mismo, humillándose no solamente delante de su Dios sino de todas las criaturas, las cuales por viles y despreciables que fueran, a todas las consideraba mejores que él y a todas las miraba con gran caridad y amor.

Compadecía a todos y oraba por todos, deseando a todos todo verdadero bien y lo pedía de corazón a su Dios con gran insistencia. Luego para las solemnidades que se celebraban en el Templo, se veía a nuestro José, todo feliz, y con tanta devoción asistir a todas las ceremonias; no se quedaba en mirar cosas curiosas como hacían todos los demás, sino con los ojos fijos en el suelo y el corazón fijo en Dios, estaba totalmente absorto.

En este estado, Dios se dignaba iluminar su mente, haciéndole entender los grandes misterios, deleitándose su alma en su Dios y gozando los Divinos favores porque Dios con generosa mano recompensaba a su siervo fiel que por su amor se privaba de todas las satisfacciones que en dichas circunstancias solían tomarse los demás, y así se iba haciendo siempre más grato a su Dios, y con capacidad para más favores divinos.

Próximamente: San José se prepara con la oración y la penitencia para recibir de Dios el incomparable don de la purísima esposa la Virgen María

ÚNETE A NUESTRO FACEBOOK Y RECIBIRÁS EN TIEMPO REAL CADA PUBLICACIÓN DE NUESTRA PÁGINA TE ESPERAMOS.
https://www.facebook.com/unpasoaldia

Categorías:Revelaciones Privadas San José

Tagged as:

unpasoaldia

Un caminante en la fe, obediente a la Santa Iglesia y en espera de la conquista del Santo Cielo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: