Espiritualidad

DEVOCIÓN A LAS CINCO LLAGAS DE CRISTO

Al estar de rodillas ante Vuestra imagen sagrada, Oh Salvador mío, mi conciencia me dice que yo he sido el que os ha clavado en la Cruz, con estas mis manos, todas las veces que he osado cometer un pecado mortal.

El Papa Francisco nos da catequesis sobre esta bella Devoción (18 marzo 2018)

El Cristo milagroso de Roma al que el Papa Francisco le rezó

El crucifijo no es un adorno, «hay que mirar dentro»

Papa Francisco

“Mirar dentro”
En efecto, “en la imagen de Jesús crucificado se desvela el misterio de la muerte del Hijo de Dios como supremo acto de amor, fuente de vida y de salvación para la humanidad de todos los tiempos… En sus llagas hemos sido curados“.

Papa Francisco

Quien quiere conocer a Jesús debe mirar a la cruz, donde se revela su gloria.

Papa Francisco

“Hay que dirigir nuestra mirada al Crucifijo, que no es un objeto ornamental o un accesorio de vestir del que a veces se abusa, sino un signo religioso que hay que contemplar y comprender”.

Papa Francisco

“¿Cómo miro yo el crucifijo? ¿Como una obra de arte, o miro dentro? ¿Entro en la llagas de Jesús hasta su corazón, miro el misterio de Dios anulado hasta la muerte, muerte como de un esclavo o de un criminal?”.

Papa Francisco

La bella devoción de rezar un padrenuestro a cada una de las cinco llagas“, intentando “mirar dentro, en su corazón, porque allí aprenderemos la gran sabiduría del misterio de Cristo en la cruz”.

Papa Francisco

Cristo mismo se compara con un grano de trigo que debe dar fruto “para muchos”: “Con la encarnación, Jesús ha venido a la tierra, pero esto no basta: debe también morir para rescatar a los hombres de la esclavitud del pecado y darles una nueva vida reconciliada en el amor”.

Papa Francisco

¿Qué es para nosotros “perder la vida”?
¿Qué significa “perder la vida”, algo a lo que Jesús llama a sus discípulos: “Significa pensar menos en uno mismo, en los intereses personales, en saber ver e ir al encuentro de los más necesitados, del prójimo, especialmente de los últimos”, por medio de las obras de caridad y de misericordia, que constituyen “el modo más auténtico de vivir el Evangelio”.

Papa Francisco

“Quiero ver a Jesús, pero quiero verlo desde dentro”

Papa Francisco

“¡Entra en sus llagas y contempla el amor de su corazón para mi, para ti, para todos!”

Papa Francisco

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No debe ser un vano adorno, la imagen de Jesús crucificado; no debemos contemplarla con indiferencia. Es la imagen de las imágenes, la más santa, la más amable. Cuando estemos en nuestros aposentos, tomemos esa sagrada imagen en nuestras manos, esa imagen, signo de victoria, recuerdo de un amor incomprensible de un Dios enamorado, y besémosla con gratitud y afecto filial.

Santa Teresa de Jesús

Fuente: Gabriel López Santamaría, ofs; Blog pazybien.es

Antigua devoción franciscana

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Su Santidad León XIII, por decreto de la antigua Congregación de Indulgencias (hoy Congregación de Ritos) del 21 de Noviembre de 1885, concedió 300 días de indulgencia a perpetuidad, una vez al día, para aquellos que la rezaran devotamente.

El tema de Jesús crucificado es frecuente en Clara, y lo evidencia también su devoción, común en el Medievo, a las cinco llagas, reforzada sin duda en ella por haber visto los estigmas de Francisco tanto en vida, cuando lo curaba en San Damián, como tras su muerte, cuando el cortejo fúnebre se detuvo ante el monasterio (cf. 1 Cel 116-117; LM 15,5; 13,8; LP 13; EP 108).

Aunque no pueda atribuírsele la oración a las cinco llagas, tal como ha llegado hasta nosotros, Clara la recitaba diariamente (cf. LCl 30; Proceso X,10). Además, recomienda a Ermentrudis de Brujas: «Meditad asiduamente en los misterios de su Pasión y en los dolores que sufrió su Santísima Madre al pie de la cruz» (5CtaCl).

Oración de Santa Clara de Asís en honor de las cinco llagas de Nuestro Señor Jesucristo.

ACTUALIDAD - Página Jimdo de monasteriodesantaclaradezafra

A LA LLAGA DE LA MANO DERECHA.

Gloria y alabanza te sean dadas, Señor mío Jesucristo, por la sacratísima llaga de tu mano derecha. Por esta herida adorable y por tu santa Pasión, perdóname todas las culpas de pensamiento, palabra y obras contra Ti cometidas, por la negligencia en tu servicio. Concédeme el poder recordar devotamente tu piadosísima muerte y tus divinas Llagas: Dame Tú, Señor, la gracia de mortificar mi cuerpo, con el ayuno y la abstinencia, y de este modo ofrecer una prenda de agradecimiento a Tí, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 Padre Nuestro y Ave Maria

 A LA LLAGA DE LA MANO IZQUIERDA.

Gloria y alabanzas te sean dadas, Oh dulcísimo Jesús, por la sacratísima llaga de tu mano izquierda. Por esta adorable herida ten misericordia de mí, y dígnate arrancar de mi corazón cuanto te desagrade. Dame victoria sobre tus perversos enemigos y valor para vencerlos mediante tu gracia; y por los méritos de tu piadosísima muerte, sálvame de todos los peligros de la vida presente y futura, y que viva después gloriosa en el cielo contigo, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Padre Nuestro y Ave Maria

A LA LLAGA DEL PIE DERECHO.

Gloria y alabanzas te sean dadas, Oh dulcísimo Jesús, por la sacratísima llaga de tu pie derecho. Por esta herida adorable concédeme el poder yo hacer verdadera penitencia de mis pecados. Y por tu piadosísima muerte, devotamente te suplico tengas unida noche y día a esta pobre esclava a tu santa voluntad, y apartes toda desgracia de su alma y cuerpo; y cuando llegue el día del juicio final, recíbeme en tu misericordia y llévame a la bienaventuranza eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Padre Nuestro y Ave Maria

A LA LLAGA DEL PIE IZQUIERDO.

Gloria y alabanza te sean dadas, oh misericordioso Jesús, por la sacratísima llaga de tu pie izquierdo. Por esta herida adorable, concédeme la gracia de un completo perdón, a fin de que mediante tu auxilio, merezca evitar la sentencia de eterna reprobación. Ruégote además, Oh piadosisimo Redentor mío, que por tu santísima muerte, puedo yo antes de morir alimentarme con el sacramento de tu Cuerpo y Sangre, después de confesar mis culpas con perfecto arrepentimiento y pureza de cuerpo y alma. Concédeme también la gracia de alcanzar la santa Unción, para mi salud eterna, Oh Señor que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Padre Nuestro y Ave Maria

A LA LLAGA DEL SAGRADO CORAZÓN.

Gloria y alabanzas te sean dadas, oh benignísimo Jesús, por la sacratísima llaga de tu costado. Por esta herida adorable, y por la inmensa misericordia que mostraste abriendo tu pecho al soldado Longino, y ahora a todos nosotros, ruégote, oh mansisimo Jesús, que habiéndome rescatado de la culpa original por el bautismo, por tu preciosa Sangre que se sacrifica y se recibe en todo el mundo, merezca yo verme librada de todos los males pasados, presentes y futuros. Y por tu amarguisima muerte, concédeme una fe viva, firme esperanza y perfecta caridad, a fin de que te ame con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas; confirmame sólidamente en el bien obrar y otorgame la perseverancia en tu servicio, para que merezca ser siempre de tu agrado, oh Señor, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 Padre Nuestro y Ave Maria

-Adorámoste Cristo y te bendecimos.

-Porque con tu muerte y sangre redimiste al mundo.

 ORACIÓN.

Omnipotente y sempiterno Dios, que por las cinco llagas de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, redimiste al género humano, concédenos a los que veneramos sus llagas, que por su preciosa sangre quedemos libres de la muerte repentina y eterna.

Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén

LA LLAGA DEL HOMBRO DE JESÚS

San Bernardo de Claraval, Francia (1090-1153)

Historia

En los anales del Monasterio de Claraval, se ha narrado que en cierta ocasión, San Bernardo le preguntó al Divino Salvador, cuál fue Su Dolor en la Pasión más desconocido por los hombres. Jesús le respondió:

“Tenía una Llaga profundísima en el Hombro, sobre el cual cargué Mi pesada Cruz; esa Llaga era la más dolorosa de todas. Los hombres no la conocen. Honra, pues, esta Llaga y haré todo lo que por ella pidas…”

Promesas

“Yo he de conceder todo cuanto se Me pida por Su Virtud y Mérito. Y en cuanto a todos aquellos que veneraren esta Herida de Mi Hombro, Yo les perdonaré todos los pecados veniales y jamás Me acordaré de sus pecados mortales.

Oración de la Llaga del Hombro de Jesús

San Bernardo de Claraval, Francia (1090-1153)

¡Oh, Amado Jesús, Manso Cordero de Dios! A pesar de ser yo una criatura miserable y pecadora, saludo y adoro la Sagrada Llaga de Tu Hombro, causada por el peso de Tu Cruz que, abriendo Tus Carnes, desnudó los Huesos de Tu Hombro Sagrado, y de la cual Tu Madre Dolorosa tanto se compadeció. También yo, ¡Oh Amadísimo Jesús!, me compadezco de Ti, y desde el fondo de mi corazón Te glorifico y Te agradezco por esta Llaga Dolorosa de Tu Hombro, en la que quisiste cargar Tu Cruz por mi salvación. ¡Ah! Y por los Sufrimientos que padeciste y que aumentaron el enorme peso de Tu Cruz, Te ruego con mucha humildad, ten piedad de mí, pobre criatura pecadora, perdona mis pecados, y condúceme al Cielo por el Camino de la Cruz. Amén.

¡Madre llena de Aflicción!
Las Llagas de Jesucristo, graba en mi corazón. 

Siete Ave Marías.

 Imprimatur: † Thomas D. Beven, Obispo de Springfield

ORACIÓN AL SILENCIO DE CRISTO EN SU PASIÓN

Quinario de la Hermandad de Santa Cruz

Hay, Señor, en tu adorable Pasión, una palabra que sin vibrar en mis oídos, llega a lo más profundo de mis entrañas, que me conmueve, admira y enternece y habla como ninguna… No es la palabra de los discípulos que te niegan, ni la de los jueces que te escarnecen, ni la de los sayones que te insultan, ni la de la plebe que te blasfema, ni siquiera la de las piadosas mujeres que te compadecen…

Es la palabra que tu no has pronunciado, la de tu silencio, severo, grave, solemne, no interrumpido ni para quejarte, disculparte, justificarte, ni menos para recriminar, volver por tu honra y la de los tuyos, vindicar tu vida, hundir en los abismos de la nada a tus acusadores…

¡Silencio largo, adorable, misterios de la Pasión de Cristo! ¡Cuánto confundes mi afán de justificarme, disculparme, razonar, volver por los fueros de mi orgullo, egoísmo y amor propio! ¿Cuándo, Señor, cuándo aprenderé tu silencio, y cuándo sabré que Tú, y sólo Tú eres el que justificas y condenas y que el juicio y estima de los hombres nada valen si Tú no los sancionas?

¿Cuándo, Jesús mío, aprenderé a callar, a hablar poco con los hombres y a hablar mucho contigo?

¿Cuándo imitare tu silencio, humilde, paciente, adorable? Jesús autem tacebat.

El Giraldillo - SANTA CRUZ

¡Oh Jesús callado, dame la santa virtud de tu silencio!
Al estar de rodillas ante Vuestra imagen sagrada, Oh Salvador mío, mi conciencia me dice que yo he sido él que os ha clavado en la cruz, con estas mis manos, todas las veces que he osado cometer un pecado mortal.
Dios mío, mi amor y mi todo, digno de toda alabanza y amor, viendo como tantas veces me habéis colmado de bendiciones, me echo de rodillas, convencido de que aún puedo reparar las injurias con que os he inferido. Al menos os puedo compadecer, puedo daros gracias por todo lo que habéis hecho por mí. Perdonadme, Señor mío. Por eso con el corazón y con los labios digo:

A LA LLAGA DEL PIE IZQUIERDO

Santísima llaga del pie izquierdo de mi Jesús, os adoro. Me duele, buen Jesús, veros sufrir aquella pena dolorosa. Os doy gracias, oh Jesús de mi alma, porque habéis sufrido tan atroces dolores para detenerme en mi carrera al precipicio, desangrándoos a causa de las punzantes espinas de mis pecados.
Ofrezco al Eterno Padre, la pena y el amor de vuestra santísima Humanidad para resarcir mis pecados, que detesto con sincera contrición.

A LA LLAGA DEL PIE DERECHO

Santísima llaga del pie derecho de mi Jesús, os adoro. Me duele, buen Jesús, veros sufrir tan dolorosa pena.

Os doy gracias, oh Jesús de mi vida, por aquel amor que sufrió tan atroces dolores, derramando sangre para castigar mis deseos pecaminosos y andadas en pos del placer. Ofrezco al Eterno Padre, la pena y el amor de vuestra santísima Humanidad, y le pido la gracia de llorar mis transgresiones y de perseverar en el camino del bien, cumpliendo fidelísimamente los mandamientos de Dios.

A LA LLAGA DE LA MANO IZQUIERDA

Santísima llaga de la mano izquierda de mi Jesús, os adoro. Me duele, buen Jesús, veros sufrir tan dolorosa pena. Os doy gracias, oh Jesús de mi vida, porque por vuestro amor me habéis librado a mi de sufrir la flagelación y la eterna condenación, que he merecido a causa de mis pecados.

Ofrezco al Eterno Padre, la pena y el amor de vuestra santísima Humanidad y le suplico me ayude a hacer buen uso de mis fuerzas y de mi vida, para producir frutos dignos de la gloria y vida eterna y así desarmar la justa ira de Dios.

A LA LLAGA DE LA MANO DERECHA

Santísima llaga de la mano derecha de mi Jesús, os adoro. Me duele, buen Jesús, veros sufrir tan dolorosa pena. Os doy gracias, oh Jesús de mi vida, por haberme abrumado de beneficios y gracias, y eso a pesar de mi obstinación en el pecado.
Ofrezco al Eterno Padre la pena y el amor de vuestra santísima Humanidad y le suplico me ayude para hacer todo para mayor honra y gloria de Dios.

A LA LLAGA DEL SACRATÍSIMO COSTADO

Santísima llaga del Sacratísimo costado de mi Jesús, os adoro. Me duele, Jesús de mi vida, ver como sufristeis tan gran injuria. Os doy gracias, oh buen Jesús, por el amor que me tenéis, al permitir que os abrieran el costado, con una lanzada y así derramar la última gota de sangre, para redimirme.

Ofrezco al Eterno Padre esta afrenta y el amor de vuestra santísima Humanidad, para que mi alma pueda encontrar en vuestro Corazón traspasado un seguro refugio. Así sea.

ORACIÓN A LA LLAGA DEL CORAZÓN DE JESÚS

Oh dulcísimo Jesús mío, sea la llaga de vuestro Sacratísimo Corazón mi refugio, mi fuerza y protección contra vuestra justa ira, contra el pecado, y en especial contra el pecado mortal, contra los engaños de la carne, del mundo y del demonio y defensa contra mí amor propio, contra todos los males del cuerpo y del alma.

Sea vuestra llaga sacratísima la tumba donde sepultar mis innumerables pecados, los cuales detesto y aborrezco, echándolos en el abismo abierto de esta santísima llaga, abierta por el amor, para nunca jamás volverlos a ver.

Oh amabilísimo Jesús, por la llaga de vuestro Corazón, concededme una sola gota de esa sangre preciosísima que de él fluye, como prenda de eterno perdón de mis pecados.
En esta llaga profunda, escondedme y guardadme allí como prisionero de amor; allí purificadme, disolvedme, cambiadme en un amante de vuestro Corazón llagado.
Convertidme en otro Corazón de Jesús, para que así no piense, ni diga ni haga nada, sino lo que es de vuestro mayor agrado. Así sea.

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