“Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”

Seguramente, todos los que hemos querido hacer el bien y nos esforzamos en ello estaremos muy de acuerdo.

“Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco. Y, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo con la Ley en que es buena; en realidad, ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí. Pues bien sé yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. Y, si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí. Descubro, pues, esta ley: aun queriendo hacer el bien, es el mal el que se me presenta. Pues me complazco en la ley de Dios según el hombre interior, pero advierto otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte? ¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor! Así pues, soy yo mismo quien con la razón sirve a la ley de Dios, mas con la carne, a la ley del pecado.”

Romanos 7, 15-24
Orando, Dios, Cristianismo, Creencia

Tenemos presente esa firme convicción de que fuimos llamados a ser lumbreras e impactar de modo positivo a la humanidad, pero llegan momentos en los que libramos batallas con nosotros mismos, y algunos pensamos que las perdemos. Y no se trata de algo demoníaco. Es nuestra propia naturaleza terrena la que se opone a las intenciones del espíritu.

Nosotros mismos venimos a ser nuestros peores enemigos.

¿Por qué hacemos el mal que no queremos hacer? Y más contradictorio aún ¿Por qué no hacemos el bien que queremos hacer? En la mayoría de las veces hacemos el mal que no queremos hacer. Sabemos que tenemos mucho trabajo qué hacer pero es precisamente el que menos hacemos. Nos hemos embotellado en un problema que a todas luces sale de nuestras manos y capacidad.

Se trata de esa tendencia constante de pensar, desear y proceder en contra de lo que Dios ha establecido. Llega a comprender que él solo no puede librarse de este azote constante que día a día le atormenta; y que únicamente el poder liberador de Jesucristo puede hacerlo…


Esta declaración del apóstol, hace que recordemos cuál es nuestra condición pecaminosa: Sabemos que no hemos de proceder en contra de lo que Dios ha establecido, y sin embargo, sabiéndolo procedemos…

Niña, Orando, Manos, Las Pestañas

Hay una división en nuestra humanidad.

Hay el “yo” que quiere hacer lo que Dios quiere, pero también hay el pecado que vive en “mí”. Los seres humanos son criaturas complicadas. Tenemos en nosotros un espíritu, un alma y un cuerpo. Estos son distintos.

Pablo está sugiriendo aquí que el espíritu redimido nunca quiere hacer lo que Dios ha prohibido. Está de acuerdo que la ley es buena. Y sin embargo hay un poder extraño, una fuerza que Él llama pecado, una gran bestia que yace todavía en nosotros hasta que es conmovida por los mandamientos de la Ley. Entonces brota a la vida, y hacemos lo que no queremos hacer.

Tú te conoces perfectamente…

por Jose Alfredo Lievano

Cruz, Puesta Del Sol, Humildad, Devoción

Sabes cuál es la debilidad que constantemente te atormenta cada día… Sabes que no tienes que hacerlo, y lo haces…¡Qué terrible es estar en este proceso de caídas constantes!¿Cómo proceder entonces?¿Qué actitudes prácticas tomar al respecto?


Ante todo recuerda que Dios conoce y comprende tu condición. Pero el hecho que la conozca y la comprenda, no te está dando licencia para pecar; no justifica ni aprueba tu debilidad. Precisamente porque te conoce te está dando el recurso para que no caigas en la tentación. Al respecto te dice:

Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.”

Mateo 26:41


Oración…Oración…Oración…Esto es lo que necesitas hacer ahora mismo.


Tú bien sabes que el hecho de estar transgrediendo deliberadamente lo que Dios ha establecido, trae consecuencias irreparables… Son las consecuencias de nuestros actos las que nos destruyen, y para evitarlas, hemos de  perseverar en la oración… Necesitamos tener cada día un tiempo a solas con Dios en que revitalicemos nuestras áreas débiles… Cada quien sabe cuál es su punto débil, o su “talón de Aquiles”, por eso es necesario reforzarlo… Ese es el peligro constante que nos exponemos si no oramos cada día: caer en tentación…


Es posible que muchos de nosotros NO hayamos tomado las medidas pertinentes, y por eso estemos hundiéndonos en nefastas consecuencias. ¿Qué hacer entonces? ¿Qué pasa si sigues pecando en lo mismo? ¿Qué pasa si la frecuencia de caídas se multiplica en vez de disminuir?¿Qué tienes hacer?
Pídele perdón a Dios ahora mismo…Dios no desprecia el corazón contrito y humillado… No desprecia el corazón que reconoce que ha fallado y que necesita todo el tiempo de su gracia y misericordia infinita…He aquí lo que el apóstol Juan escribe al respecto:

“Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia. Si decimos: «No hemos pecado», le hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros.”

1 Juan 1, 9-10
Manos Rezando, Fe, Esperanza, Religión


El perdón de Dios está totalmente a tu disposición; pero tiene que haber un firme propósito de no volver a incurrir en lo mismo, y sobre todo tomar las medidas de prevención cada día. No se trata de una medida ocasional, se trata de todos los días… Ya viste que con un solo día que te descuides, las cosas se complican…¡Y vaya que sí!

Necesitas fuerza de voluntad 


Necesitas fuerza de voluntad para quitar todo aquello que te induce a pecar… Necesitas fuerza de voluntad para decir NO aunque tus tendencias pecaminosas te reclamen, aunque sufras por desapegarte de ello…Necesitas fuerza de voluntad para vivir de acuerdo a los lineamientos que Dios ha establecido en su Palabra. Necesitas fuerza de voluntad para vivir de acuerdo a lo que el apóstol Pedro escribe en su carta:

“Como hijos obedientes, no os amoldéis a las apetencias de antes, del tiempo de vuestra ignorancia, más bien, así como el que os ha llamado es santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra conducta, como dice la Escritura: Seréis santos, porque santo soy yo.”

1 Pedro 1:14-16

¡Qué claro está! Santos en toda nuestra manera de vivir… En toda… No solo en algunas aéreas… Vida de obediencia y santidad…

Es posible que algunas de las personas que leen esta reflexión, estén ahora viviendo consecuencias terribles por haberse dejado llevar por la “ley” del pecado…Personas que a pesar de llamarse “cristianas” -agrego católicas- e incluso de tener ministerios fructíferos, se encuentran atrapadas en esas consecuencias terribles de las que ya no pueden salir…
Son consecuencias que ya no les permiten levantarse… Consecuencias de desastre total en su vida matrimonial, familiar, financiera o en cualquier otra área… No hay más que un lamento constante después de tanto tiempo… Pero ahora reconocen que están como están por haber persistido en la desobediencia; sin embargo, HOY quieren cambiar totalmente el rumbo de sus vidas, quieren que su espiritualidad cobre razón de ser como lo fue al principio…

Pídele ahora a Dios que renueve tus días como en el principio… Recuerda aquel día que tuviste ese encuentro personal que hizo que cambiara todo por completo… Dios puede renovarlo todo… Deja que Él se encargue de hacerlo todo, pero pon de tu parte en llevar una vida de obediencia radical a su palabra…Ya viste que tú no puedes hacer nada, a menos que su poder sobrenatural sea el que te sostenga

Rosario, Fe, Rezar, Las Manos Cruzadas


Ora al Señor… Lo más seguro es que te escuchará con prontitud y obtendrás la victoria, pero no por tus fuerzas y méritos, sino por el poder de su Espíritu obrando en ti…

OREMOS

Fuente: reflejosdeluz

Haz de mí lo que quieras

Padre,
me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras:
sea lo que sea, te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo, con tal que tu voluntad
se cumpla en mí y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma,
te la doy con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque tú eres mi Padre.
Amén.

Charles de Foucauld

Señor Jesús, que me conozca a mí

“Señor Jesús, que me conozca a mí
y que te conozca a Ti,
que no desee otra cosa sino a Ti.
Que me odie a mí y te ame a Ti
y que todo lo haga siempre por Ti.
Que me humille y que te exalte a Ti.
Que no piense nada más que en Ti.
Que me mortifique, para vivir en Ti
y que acepte todo como venido de Ti.
Que renuncie a lo mío y te siga sólo a Ti.
Que siempre escoja seguirte a Ti.
Que huya de mí y me refugie en Ti
y que merezca ser protegido por Ti.
Que me tema a mí y tema ofenderte a Ti.
Que sea contado entre los elegidos por Ti.
Que desconfíe de mí
y ponga toda mi confianza en Ti
y que obedezca a otros por amor a Ti.
Que a nada dé importancia sino tan sólo a Ti.
Que quiera ser pobre por amor a Ti.
Mírame, para que sólo te ame a Ti.
Llámame, para que sólo te busque a Ti
y concédeme la gracia
de gozar para siempre de Ti.
Amén”.

San Agustín

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Luis Alberto Sánchez S.



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