VIDA DE SAN JOSÉ 10

Vida del glorioso Patriarca San José Esposo Purísimo de la Gran Madre de Dios y Padre Adoptivo de Jesús, manifestado por Jesucristo a su esposa predilecta, María de Jesús, y que Él mismo le ordenó que la escribiera y con la obediencia de quien dirige su espíritu. 23 de Enero de 1736.

Vida de San José revelada a la Hermana María Cecilia Baij | Vidas ...

Revelaciones sobre la Vida de San José. Vidente: Hna. Mª Cecilia Baij (1694-1766) Monasterio Benedictino de MONTEFIASCONE, Italia

Vida de San Jose (PDF) - [PDF Document]

Mueren sus padres; total ofrecimiento de sí en la pobreza

Jesus de Nazareth

Habiendo llegado nuestro José a la edad de 18 años, el Señor, les llevó de este mundo a sus padres. En primer lugar, a su madre, a la cual después de una larga y penosa enfermedad, la purificó, queriendo Dios con ello, purgarla de todas sus faltas para poderla luego enviar al limbo.

Esta Gracia Dios le hizo, por las súplicas que continuamente le dirigía su hijo, las cuales eran para que se dignara enviar a sus padres a descansar en el seno de Abraham. Admirable fue la asistencia y la atención que nuestro José prodigó a su madre, consolándola en sus dolores, y dirigiendo continuas súplicas a Dios de modo que le hubiese dado paciencia en su penosa enfermedad.

El Santo Joven vigilaba todas las noches, en parte asistiendo a la madre y en parte orando por ella; y puesto que le había mostrado siempre un gran agradecimiento por todo lo que había recibido de ella, en este último momento de su vida se lo demostró de una manera muy especial, sin abandonarla jamás, ni cansarse nunca de servirla y asistirla con amor verdaderamente filial y Santo. Era de gran consuelo para la enferma la asistencia de su hijo, y continuamente lo bendecía y rogaba a Dios para que lo llenará de sus bendiciones. Luego al final de su vida José se postró de rodillas delante de ella y le suplicó para que lo bendijera y lo perdonara por todo aquello que la hubiese disgustado.

La buena madre lo bendijo, y lo exhortó para que no dejara la manera con la cual él hasta entonces había vivido, y creciera siempre más en el amor y servicio de su Dios; le agradeció por la asistencia y atención que le había prestado y lo mismo hizo el hijo hacia ella. Le dijo también que se muera en paz, porque él esperaba con toda certeza que su alma habría ido al limbo, entre los Santos Padres. La madre se consoló mucho, por las palabras que le dijo el hijo, y suplicó a Dios para que lo bendijera y con su bendición confirmara la que ella le había dado; y Dios para demostrar que cumplía con su petición, le hizo ver una luz muy clara resplandecer en el rostro de José, de lo cual quedo muy consolada, y junto con el hijo, dio gracias a Dios del favor dispensado.

 Luego la enferma se agravó mucho, y al ponerse en agonía, su hijo nunca la dejó, asistiéndola hasta el último respiro con gran generosidad y fortaleza de ánimo; y no sólo asistía a la madre, sino que iba consolando también a su padre, el cual se encontraba muy triste por la pérdida de tan buena compañera.

Una vez que la madre de nuestro José murió, se quedó para consolar a su padre, y luego se retiró a su habitación para desahogar con el llanto su dolor, luego se puso a orar suplicando a su Dios para que lo consolara en su pena.

 En esta oración Dios no dejó de consolarlo, haciéndole oír la voz interior que le dijo que se habían cumplido sus deseos y sus justas peticiones para con su madre; por lo cual totalmente consolado, el Santo Joven rindió gracias a Dios, luego al salir de su habitación, fue de nuevo a consolar a su padre, el cual se consoló mucho con las palabras de su hijo. La noche siguiente, mientras José dormía, le habló el Ángel y le dijo como su madre ya se encontraba en el limbo, y que dentro de poco quedaría privado también de su padre, por lo cual era necesario que se conformara a la Divina Voluntad, y que no tuviera ningún temor, porque Dios siempre le habría protegido y defendido en todos sus caminos.

El Santo quedó muy consolado por la noticia que recibió acerca de su buena madre, pero a la vez estaba afligido al tener que perder también al padre. Sin embargo, se conformó a la Divina Voluntad, y se animó para sufrir las muchas angustias que lo amenazaban por la pérdida del padre, dando Fe a todo lo que el Ángel le había dicho, esto es que Dios lo protegía siempre en todos sus caminos.

 Por otra parte, la humanidad sentía vivamente todo lo que preveía que tenía que sufrir, pero el espíritu se mostró muy dispuesto a sufrirlo todo, y a recibirlo todo con paciencia y alegría de las manos de Dios. Habiendo pues nuestro José quedado privado de su madre, y viendo a su padre en gran dolor, le iba consolando continuamente, y no lo abandonó nunca en esta pena suya, desempeñándose como buen hijo hacia su amado padre.

 No pasó mucho tiempo en que el padre de José cayó enfermo, de una enfermedad mortal, y puesto que nuestro José estaba muy decaído en sus fuerzas corporales por las angustias y sufrimientos por la penosa enfermedad de la madre, sintió mucha pena y se encomendó mucho a Dios para que lo asistiera con su Gracia, le diera fuerzas y espíritu para poder asistir a su padre en su última enfermedad.

Dios lo consoló aun dándole las fuerzas, y él se dedicó totalmente para asistir a su padre; nunca lo abandono ni de día, ni de noche, sirviéndolo y asistiéndolo con gran caridad y amor, animándolo para sufrir con paciencia los dolores y angustias que suele causar el mal, el cual fue soportado por el enfermo con gran generosidad y paciencia; y solamente le causaba pena el pensamiento que tenía por su hijo, que al quedar solo y abandonado, le habría tocado sufrir grandes angustias. Pero el hijo lo consolaba al respecto, diciéndole que muriera en paz y que no pensara en él, porque tenía firme esperanza de que Dios lo protegería y ayudaría en todas sus necesidades; y así el enfermo se tranquilizaba, y confiaba totalmente en Dios, seguro que tendría todo el cuidado para con su José, porque conocía que lo amaba mucho.

 Dejó a su hijo como heredero de todos sus bienes, de modo que se sirviese de ellos como él hubiese creído conveniente, porque ya conocía que el hijo lo utilizaría correctamente todo; y como buen padre le dio muchos consejos, recomendándole el temor y amor hacia Dios y el amor hacia su prójimo. José estaba escuchando las exhortaciones de su padre, con gran humildad y sumisión, y luego le agradeció de cuanto le había aconsejado y le prometió realizar todo lo que él le decía para su bien y para Gloria de su Dios.

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De esto quedaba siempre más consolado su padre y le decía al hijo: – “hijo mío, yo muero feliz, porque veo que vos estáis bien dedicado al ejercicio de las virtudes y que amáis y temáis a Dios, y también porque os dejo heredero de muchos bienes con los cuales podéis conservaros en salud y podéis hacer limosnas según vuestro beneplácito. Os recomiendo por lo tanto mi alma; sea vuestra preocupación pedir a Dios el perdón de mis pecados pasados y la Gracia de ir a un lugar de salvación, no os olvidéis nunca de mí, ni de vuestra madre, porque ya habéis conocido cuanto os hemos amado y el cuidado especial que hemos tenido de vos. Ahora no me queda otra cosa, que daros mi paternal bendición, y suplicar a nuestro Dios que la confirme con sus bendiciones y os llene siempre más de sus Gracias”.

A estas palabras el humilde José se postró en el suelo, y pidiendo la bendición a su padre, y mucho más a su Dios, recibió la bendición del padre y de Dios a la vez; luego con lágrimas en los ojos agradeció al padre por todo el bien que le había hecho, de la buena educación, de los buenos ejemplos que le había dado, y le pidió perdón por todo lo que había hecho en contra de su voluntad y de todo lo que le hubiese podido disgustar.

Pero su padre, no habiendo recibido nunca disgusto alguno por parte de su hijo, sino más bien gozo y consuelo, le dijo que no tenía nada que perdonarle, porque nunca lo había disgustado; pero el Santo hijo, no contento de esto, no quiso levantarse del suelo hasta que su padre no le asegurara su perdón. El padre para complacerlo y para no privarlo de esta satisfacción le dijo que lo perdonaba de todo corazón; de ello el hijo quedó muy contento y satisfecho, agradeciendo cariñosamente a su padre.

Luego le pidió permiso para ir a dar a los pobres y al Templo los bienes que le dejaba, y su padre lo dejo todo en sus manos, de modo que dispusiera como él hubiese creído conveniente y como hubiese sido la Voluntad de Dios. José contento de todo esto, agradeció de nuevo al Padre y le aseguro que él nunca se olvidaría de él ni de la madre y que por lo tanto se fuera seguro y tranquilo.

El enfermo se iba agravando siempre más, y José aumentaba la atención y la asistencia, y mucho más las oraciones y las súplicas a su Dios por la salvación eterna de su buen padre, y Dios le aseguró acerca de ello; después de haberse alegrado el Santo de ello daba continuas gracias a Dios. Nuestro José se ofreció luego a Dios, y le suplicó para que se dignara hacer sufrir en su propia persona ese tanto que tenía que sufrir su padre, en reparación de esas deudas que hubiese contraído con la divina Justicia, de modo que el alma de su padre fuera directamente al limbo de los Santos Padres.

Dios le escuchó, por lo cual nuestro José sufrió graves dolores por muchas horas, con resignación, gozando poder reparar con esto las penas de su padre; por ello también daba gracias a Dios cariñosamente y al estar seguro de que su padre habría ido a descansar, después de su muerte, con su alma en el seno de Abraham, levantando las manos al Cielo con júbilo de corazón, alababa y agradecía la divina bondad. Al llegar a los últimos momentos de su vida, su padre fue asistido por el hijo con gran caridad y amor, animándolo siempre y exhortándolo para confiar en la bondad y Misericordia de su Dios y a ir feliz, mientras sabía con seguridad que iría a un lugar seguro.

"La pintura fue creada simplemente para mostrar el amor que se tienen el uno al otro.No hay un ejemplo más grandioso de una relación de Padre e Hijo que la de Dios y Jesús. ...El simple paño se dobla bajo la mano de Dios que está sobre el hombro de Su Hijo. Una cosa es poner su mano sobre su hijo y decirle "Te amo", pero es otra cosa poner su mano sobre la mano de su hijo y acercarlo más a usted mientras dice: "TE AMO ! " Danny Hahlbohm

El moribundo experimentó gran consuelo con la asistencia del hijo y luego murió con gran resignación y seguridad de su eterna salvación. Una vez que el enfermo expiró, nuestro José se retira, para dar satisfacción a la naturaleza con el acostumbrado tributo de las lágrimas, y con mucha razón, porque quedaba privado de un padre tan generoso y amable, que le había dado tan buena educación. Después que desahogó un poco su dolor, se puso de rodillas delante de Dios, y aquí con lágrimas le pidió su ayuda diciéndole: -“Oh, Dios de Abraham, ¡de Isaac y de Jacob!”. “¡Oh, Dios mío! Eh aquí que he quedado privado del padre y de la madre a quienes Vos habéis creído conveniente sacarlos de las miserias de esta débil vida. Ahora yo os suplico para que os dignéis recibirme totalmente bajo vuestra protección, mientras yo de nuevo me entrego y sacrifico totalmente a Vos. Siempre he sido protegido y defendido por Vos y siempre he sido vuestro siervo, pero ahora de nuevo me entrego a Vos, y os suplico para que tengáis todo el cuidado y dominio sobre mí. Ahora no estoy sujeto a nadie más que a Vos; ¡Dios mío!, hacedme pues la Gracia que yo también pueda deciros con el real profeta: Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me acogerá (Salmo 26, 10). De ahora en adelante Vos seréis mi padre, mi protector, mi madre y todo mi apoyo y refugio; haced de mí y de todo lo que me pertenece lo que os plazca, y que se cumpla en mi vuestra Divina Voluntad en todas las cosas; dádmela a conocer porque yo estoy dispuesto a llevarla a cabo en todo y para todo”.

Mientras José decía esto a su Dios, quedó muy consolado, mientras que Dios le hizo oír su voz interior, y le dijo que se quedara tranquilo porque Él había oído su oración y que siempre lo habría protegido y mirado con amor paternal. Nuestro José dio gracias a Dios por el gran favor que le hacía, y completamente consolado se levantó de la oración. Pasó luego muchas angustias, el Santo Joven, porque al conocer toda su bondad, cada uno se permitía quitarle una cosa u otra, y sobre todo los sirvientes de la casa cogían las cosas y lo que a ellos se les ocurría.

De esto se daba cuenta José, y no hacía ningún reproche, sino solamente los amonestaba para que no ofendieran a Dios, y no apesadumbraran su propia alma, pero como el Santo era por su naturaleza agradable, bondadoso y caritativo, no le hacían caso, y se aprovechaban de su bondad. Al ver José que no desistían en hacerle daño, con tal de que no ofendieran a Dios, decidió obsequiarles todo lo que le habían robado, y así hizo. Esto les dio motivo para ultrajarlo con palabras injuriosas: y puesto que el demonio los instigaba mucho para desahogar su rabia en contra del Santo, hacía que fuera maltratado y ofendido por aquellos mismos que habían sido beneficiados por él.

El Santo sufrió con invencible paciencia todos los insultos sin alterarse por nada. Le fueron también quitados los bienes por parte de los parientes del padre con la condición de que José fuera a vivir en sus casas, pero el Santo les dejó todo, nunca quiso ir a vivir con los parientes, porque ya había decidido ir a vivir a Jerusalén para poder frecuentar el Templo; por lo cual esto se enojaron mucho en contra del Santo Joven, y no pudiendo cambiar su propósito con las adulaciones, lo hicieron con las amenazas.

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Muchas veces fue maltratado y ofendido por ellos con hechos y con palabras, y el Santo lo sufría todo con alegría de espíritu, y nunca se lo vio enojado o inquieto. Tanto se aprovecharon que despojaron al Santo Joven de todos sus bienes; y al encontrarse en esta pena se dirigió a su Dios pidiéndole su ayuda en tanta necesidad, y que se dignara manifestarle su Voluntad y que tenía que hacer. Dios no tardó en consolarlo, y esa noche el Ángel le habló en el sueño y le dijo que vendiese todo lo que le quedaba, y que lo repartiera a los pobres y parte lo ofreciera al Templo; y que para sí se quedase con algo, porque Dios lo quería en un total estado de pobreza; que fuese a vivir a Jerusalén y aquí aprendiese el oficio de carpintero para ganarse el  alimento diario y que de ese modo viviese hasta que Dios disponga otra cosa para él; y que se conservase en estado de virgen como ya había prometido antes a Dios y que viviese lo más lejos posible de los asuntos de los hombres, de modo que su candor y su inocencia no sufriesen daño, alguno, y que tenga la certeza de que Dios lo protegerá, lo defenderá y lo llenará de sus bendiciones.

Tanto dijo el Ángel a José, que bastó para que José lo hiciera todo con prontitud. Vendió todo lo que le había quedado, y al hacer esto le toco sufrir grandes reproches y persecuciones. No era dueño ni de salir de casa, puesto que quien lo vela lo insultaba y lo maltrataba, diciéndole derrochador de los bienes paternos y que todo lo despilfarraba; llamándole insensato y loco, que era un hombre inútil, vagabundo y ocioso; así cada uno se permitía maltratarle a su antojo. El Santo Joven lo sufría todo con invencible paciencia sin contestar nada a nadie; y aunque se pudiera quejar justamente de sus parientes que le habían despojado de sus bienes, no lo hizo jamás, sino que todo lo sufrió en silencio y con mucha paciencia. Habiendo luego vendido todo lo que le había quedado, para cumplir lo que le había dicho el Ángel, y habiendo sabido esto sus parientes, cogieron al Santo Joven y lo golpearon de mal modo, y lo maltrataron como derrochador de los bienes que a ellos les pertenecía.

Nuestro José sufrió las injurias y los golpes con gran tolerancia, y no tomó alguna, sino postrado en oración delante de su Dios, le suplicó para que se dignara defenderle y librarle de las manos de sus adversarios, al igual que había liberado al Santo Profeta David de las manos de sus enemigos, y a tantos otros que su bondad había protegido y defendido. Al estar así afligido, Dios no tardó en consolar a su siervo fiel, y le habla interiormente asegurándole su protección y su ayuda, y animándolo para sufrir con paciencia esa angustia, porque por ello le daría una abundante recompensa.

alexandr-a-rt: “ “He is despised and rejected of men; a man of sorrows, and acquainted with grief: and we hid as it were our faces from him; he was despised, and we esteemed him not.” Isaiah 53:3 oil on canvas 16″x 24″ ”

José quedó muy consolado por las promesas de su Dios; y animado para sufrir mucho más cuando la ocasión se le presente; pero Dios no permitió que fuese más molestado y angustiado, habiendo por entonces experimentado suficientemente su fidelidad y su invencible paciencia. Por lo cual cada uno lo dejó en paz, y el Santo Joven, después de haber vendido todo y de haber recogido el dinero correspondiente, hizo la entrega de todo a Dios suplicándole para que recibiera ese ofrecimiento y que para sí mismo no quería nada si eso era su Voluntad. De noche de nuevo le habló el Ángel, y le dijo que saliera enseguida de su ciudad y se fuera a Jerusalén, que allí al llegar al Templo le diría de nuevo lo que debía hacer; y en efecto a la mañana siguiente partió.

Próximamente: Otras tentaciones y persecuciones de Satanás

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Luis Alberto Sánchez S.