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VIDA DE SAN JOSÉ 9

Vida del glorioso Patriarca San José Esposo Purísimo de la Gran Madre de Dios y Padre Adoptivo de Jesús, manifestado por Jesucristo a su esposa predilecta, María de Jesús, y que Él mismo le ordenó que la escribiera y con la obediencia de quien dirige su espíritu. 23 de Enero de 1736.

Vida de San José revelada a la Hermana María Cecilia Baij | Vidas ...

Revelaciones sobre la Vida de San José. Vidente: Hna. Mª Cecilia Baij (1694-1766) Monasterio Benedictino de MONTEFIASCONE, Italia

Vida de San Jose (PDF) - [PDF Document]

Su pureza y humildad; tentaciones y pruebas

Mientras crecía en edad nuestro José crecía también admirablemente en la práctica de las virtudes, y progresaba mucho en el amor hacia Dios, como también en el estudio de las Escrituras, y sobre todo en los Salmos de David, que casi todos aprendió de memoria por repetirlos continuamente.

El Santo siguió viviendo el estilo de vida que hasta ahora hemos descrito por el espacio de quince años, conservando siempre inmaculado su candor y su inocencia, no habiendo nunca disgustado a su Dios, no solamente con la culpa grave, sino aún con las pequeñas faltas voluntarias, poniendo además toda su preocupación en huir de cualquier mínima sombra de mal, teniendo siempre presente el aviso del Espíritu Santo, que quien no toma en cuenta las cosas pequeñas cae en las graves.

 

GALERÍA | Patriarca san josé, Sagrada familia, Imágenes de san josé
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Por lo tanto en esto fue muy cuidadoso nuestro José, tomando en cuenta las cosas pequeñas, guardando con gran rigor todos sus sentimientos y en particular los ojos, sin mirar a la cara a nadie, sobre todo del sexo opuesto, sabiendo como David y otros han caído por haber sido curiosos en mirar lo que no se debía; y cuanto más él se mortificaba en sus sentimientos, por ser fiel a su Dios, tanta más Gracia recibía de Dios, y tanto más crecía en él, el amor a Dios única razón de todos sus deseos.

Cuando a veces le venía en mente mirar alguna cosa que suele causar algún deleite a la vista, pero que luego trae consigo la pena al corazón por la culpa que fácilmente se contrae, nuestro José enseguida levantaba los ojos al cielo y allí se deleitaba al adentrarse con la mente a contemplar las bellezas increadas de su Dios, y así quedaba totalmente consolado. Este ejercicio lo practicaba a menudo, unas veces contemplando el atributo divino y otras veces, según las circunstancias venla a perder completamente el gusto por las cosas creadas, de modo que en él siempre se encendía más el amor de Dios y el gusto que sentía en deleitarse y entretenerse solamente con El.

Conocía muy bien, el Santo Joven, que sus padres lo amaban mucho, y por lo tanto a menudo se dolía con su Dios porque tenia que el amor que tenían hacia él disminuyera en ellos el amor de Dios; y no dejaba de manifestarles, cuando se presentaba la ocasión, para que se cuidaran, porque el amor debía estar totalmente dirigido a Dios. José estaba complacido del afecto de sus padres, pero temía que este afecto muy sensible, pudiera de alguna manera disgustar a su Dios, al cual se debe amar por encima de todas las cosas y a El solamente entregar todo el amor.

Por estas palabras sus padres quedaban muy edificados, procuraban desapegarse del demasiado amor que tenían hacia el hijo, y consagrarlo todo a Dios, así como el hijo les iba insinuando. De esto nuestro José sentía gran consuelo y daba gracias a Dios, el cual se dignaba hacerle la Gracia de que fuesen bien aprendidos los consejos que el daba a sus padres. Huía luego, con todo cuidado, de aparecer virtuoso y sabio, y nunca se puso a disputar con nadie, aunque fuera muy sabio en la ley de Moisés, y todos lo consideraban un tonto y de poco entendimiento; de lo cual gozaba mucho amando ser despreciado y no estimado por nadie.

No quería oír nunca hablar de lo que sucedía por la ciudad, era enemigo de novelerías, y decía que esto le quitaba la aplicación que debía tener, tanto para con su Dios como también hacia el estudio, por lo cual, en su casa, cuando él estaba presente, nunca se hablaba de cosas curiosas, ni de lo que sucedía en el pueblo. En efecto vivía mortificado en todo, no permitiendo nunca a sus sentidos una mínima satisfacción, que le hubiese podido de alguna manera volver menos grato a su Dios.

 

Retablo de la Clínica de la Universidad de los Andes, Santiago de ...
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Estas virtudes iba practicando José, por las luces que Dios le comunicaba en la oración, dándole a conocer claramente lo que debía hacer para darle gusto, y el nunca dejo de hacer todo lo que sabía que era de mucho agrado a su Dios. Dios lo había dotado de un modo admirable para consolar a los afligidos, y en efecto se iba ejercitando en esto, y cuando se encontraba hablando con alguna persona angustiada y afligida, la consolaba con sus palabras de tal modo, que aquella quedaba, sino completamente, al menos muy aliviada en su pena; y José no dejaba de dirigir cálidas suplicas a su Dios, de modo que hubiese consolado a ese prójimo con el cual él había tratado.

Se divulgó por el pueblo la fama, de cómo el Santo Jovencito tenía modales tan suaves para consolar a aquellos que se encontraban en angustias, que muchos iban a su casa para oírlo hablar y para encontrar consuelo, y el Santo Joven los consolaba con sus dulces modales y los animaba para sufrir la angustia, diciendo a todos que se encomendaran a Dios, y que esperaran de Él todo consuelo y todo bien, porque Él se los podía dar cumplidamente.

Luego los exhortaba para orar a Dios para que se dignara acelerar el tiempo de sus Misericordias enviando al mundo al Mesías prometido en la Ley; porque este habría sido de consuelo para todos. Cuando había alguna persona angustiada por la pobreza, ¿la cual no tenía con qué vivir, acudía a él con toda confianza, sabiendo cuán grande era su caridad; y él con gran sumisión, suplicaba a sus padres para que ayudaran a ese prójimo necesitado, y ellos lo hacían prontamente, complaciendo en todo al hijo.

A menudo su padre le daba unos denarios, para que ayudara a los pobres necesitados con sus propias manos, y esto el hijo lo hacía con gran cornplacencia, gozando poder ayudar a su prójimo, y les decía: “reconoced que este bien viene de sí mismo y de mayor virtud”, hablando a todos con gran respeto y sumisión de modo que los corazones más duros quedaban ablandados frente a sus palabras y dulces modales; y muy bien se veía como el Santo trataba con Dios en la oración, y que su corazón estaba lleno del Espíritu de Dios.

Nuestro José fue también dotado de una gran Fe, de modo que nunca dudó de las promesas que Dios le había hecho por medio del Ángel que le hablaba en el sueño; y aunque viera tardar mucho las promesas, nunca vaciló, sino que estuvo siempre firme en creer que todo habría tenido un perfecto cumplimiento, imitando al Patriarca Abraham en la Fe; y las palabras que le decía el Ángel, eran consideradas como ciertas, esperando las promesas que le había hecho, no dejando nunca de suplicar a su Dios de modo que lo consolara dándole lo que el Ángel le había prometido.

Caminando pues nuestro José, tan favorablemente por el camino de los divinos mandatos, y sintiendo su alma el divino consuelo, quiso Dios probar su fidelidad sustrayéndole sus luces divinas y el consuelo interior, privándole también de la ayuda especial que tenía por parte del Ángel, no haciéndola sentir más; por lo cual el Santo Joven se encontró en grandes penas y angustias.

Sin embargo no deja los acostumbrados ejercicios de piedad, y en este caso aumentó las oraciones y ayunos con las continuas súplicas a su Dios, y temía mucho haberlo disgustado; por lo cual pasaba las noches enteras en oración suplicando a su Dios para que se dignara manifestarle, a través del Ángel, la causa del abandono y desamparo que sentía y en que lo hubiese disgustado, para poder hacer la debida penitencia, pues él no estaba consciente de la razón por la cual su Dios se hubiese retirado de él.

 Por algunos meses el Santo estuvo en esta angustia, sufriéndola con gran fortaleza y con la esperanza cierta de que Dios no habría dejado de consolarlo en tanta pena suya; y cuanto más se veía desamparado y abandonado, tanto más crecía en él la Fe y la confianza en Dios, y más se unía a Él a través de la oración y de la conformidad a su Santo Querer.

Decía a menudo a Dios, que merecía esa supresión por la mala correspondencia hacia Él y por las muchas ofensas, humillándose siempre más y reconociéndose pecador. Dios permitió también que el demonio en ese tiempo acosara mucho a nuestro Santo, con varias tentaciones y sobre todo con la desconfianza, pero en esto también estuvo siempre firme, confiando siempre más en la bondad grande de su Dios.

Habiendo sufrido nuestro José con gran paciencia y resignación el abandono, y habiendo superado generosamente todas las tentaciones y asaltos del enemigo infernal, mostrándose siempre en todo y para todo muy fiel a su Dios, el Cual se dignó consolarlo y recompensar su fidelidad; por lo cual al estar de noche orando, más afligido que de costumbre, oyó la voz interior de su amado Dios que le consoló, diciéndole que Él lo amaba mucho, y que nunca lo habría abandonado, sino que siempre habría ido en su ayuda a través de su divina Gracia.

 El Santo quedó muy consolado al oír esta voz, la cual fue acompañada también por una admirable dulzura y suavidad, y su mente también fue iluminada; por lo cual lleno de júbilo, por la dulzura, y se propuso en todo alabar y agradecer a su Dios que de esta manera se había dignado consolarle y volverlo al estado de antes. Después de algún tiempo de estar en estos actos de  agradecimiento y dulces coloquios con Dios, tomó un poco de descanso; y el Ángel le habló en el sueño, y le aseguró que en el tiempo de esta prueba, su fidelidad había agradado mucho a Dios, mostrándose en todo fiel, así también en las tentaciones; y que esto Dios se lo había permitido para poner a prueba su fidelidad y amor, y no tanto porque hubiese sido por él disgustado, como se hubiese temido.

El Santo Joven, al despertarse, se encontró muy contento por las palabras del Ángel, y aunque no lo viera, ni lo sintiera, cuando despertó del sueño, le suplicaba para que hiciera en su lugar los debidos agradecimientos a Dios, porque él se sentía insuficiente para agradecerle como debía y el Ángel no dejaba de cumplir lo que José le pedía.

Una vez que el Santo volvió al primer estado de consuelo y de tranquilidad espiritual, por haber regresado la luz divina a su alma, no se cansaba de alabar y ensalzar la bondad de su Dios, y con quien se le cruzaba hablaba de las divinas grandezas y perfecciones, encendiéndose siempre más en el divino amor.

La llama que en el corazón le ardía se traslucía en el rostro, el cual aparecía carmesí, y los ojos totalmente resplandecientes, que causaba gran maravilla en quien lo miraba y mucho más en sus padres, quienes sentían un gran consuelo y a la vez compunción; y a menudo entre ellos hablaban de la feliz dicha que les había tocado al haberles dado Dios un hijo semejante.

El día en que nació la Santísima Virgen María, destinada a ser Madre del Verbo Divino y su esposa, su Ángel le habló en el sueño, y le dijo que agradeciera a Dios por un beneficio muy singular que había hecho al mundo entero, pero en especial a él. No le manifestó sin embargo de que se trataba, y el Santo no lo fue tampoco averiguando, sino que enseguida se despertó y se puso a orar, agradeciendo a Dios por el beneficio que había hecho al mundo y a él en particular, como le había sido anunciado por el Ángel.

Al hacer este acto de agradecimiento sintió una insólita dulzura y alegría nunca sentida antes; y esto lo elevó en un dulcísimo éxtasis, en el cual le fueron revelados muchos misterios acerca de la venida del Mesías prometido y de su divina Madre. Por esto el Santo quedo muy consolado y encendido siempre más por el deseo de la venida del Mesías al mundo; y por lo tanto reforzó las súplicas con mayor insistencia, y todo se consumía en estos deseos, dando con esto mucho agrado a Dios, el cual quería ser suplicado con gran insistencia para enviar al  mundo el Mesías prometido según la Ley; era costumbre de nuestro Dios, pedir a los hombres muchas súplicas, para hacer Gracias muy grandes y sublimes, y en esto nuestro José secundaba al Divino Querer.

Próximamente: Mueren sus padres; total ofrecimiento de sí en la pobreza

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Luis Alberto Sánchez S.

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