Enseñanza

LA VOLUNTAD DE DIOS… Cómo la conocemos?

¿Cómo conocemos la voluntad de Dios? Viviendo cada momento con paz y aceptando las cosas que nos suceden como venidas de la mano de Dios, lo mismo las agradables que las desagradables.

Por: padre Ángel Peña O.A.R.; Jesús confío en ti.

Reconocer la voluntad de Dios en todo lo que ocurre en nuestra ...

La Virgen María es un modelo perfecto en el cumplimiento de la voluntad de Dios.

Su vida se resume en el Fiat (hágase) del momento de la Anunciación: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra (Lc 1,38). Y todos los santos lo fueron en la medida en que cumplieron fielmente la voluntad de Dios en cada instante. No se trata de hacer nada extraordinario, sino de vivir cada momento pendientes de la voluntad de Dios para poder cumplirla.

Ahora bien, ¿cómo conocemos la voluntad de Dios?

Viviendo cada momento con paz y aceptando las cosas que nos suceden como venidas de la mano de Dios, lo mismo las agradables que las desagradables.

Y haciendo lo que debemos hacer por amor, como una ofrenda amorosa a nuestro padre celestial, es decir, haciendo todo bien hecho. Decía el Papa San Juan XXIII: “Debo hacer cada cosa bien hecha, rezar cada oración, cumplir aquel punto del reglamento, como si no tuviera otra cosa que hacer, como si el Señor me hubiera puesto en el mundo sólo para hacer bien aquella acción y mi santificación y mi eternidad dependiera del éxito de ella sin pensar en las cosas de antes o en las que vendrán”.

Hacer la voluntad de Dios es vivir el momento presente, pendientes de agradar a Dios, pensando siempre en cómo hacerlo feliz.

He ahí el punto clave: QUERER HACER FELIZ A DIOS. Y Él no se dejará ganar en generosidad y nos dará una inmensa alegría interior, que nos hará compartirla con los que nos rodean. Por eso, los verdaderos santos son personas alegres. Y siempre se ha dicho que un santo triste es un triste santo.


Cumplir la voluntad de Dios significa dejarse llevar por Dios como un niño en brazos de su madre. Es olvidarse de uno mismo para pensar siempre en Él y en los demás. Es eliminar de nosotros todo temor por la muerte, enfermedades o peligros, confiando en Él.

Él cuida de nosotros y de nuestras cosas. Es como un contrato en el que Dios no va a fallar y nos da una gran seguridad, sabiendo que estamos en buenas manos.

Él nunca nos abandonará. De esta manera, los temores se esfuman como el humo. Podemos atravesar tempestades de tentaciones o de enfermedades, de desalientos o de sequedades de espíritu; pero si, seguimos confiando en Dios, en el fondo del alma, tendremos paz.

Neco Vida: Un momento... LA VOLUNTAD DE DIOS SE ACEPTA NO SE CUESTIONA

Nada debe temer el alma que confía y desea cumplir la voluntad de Dios. Si cae o comete errores, sabe que está en las manos de un Dios amoroso y, al igual que un niño pequeño, sabe que su Padre arreglará las cosas y todo lo permite por su bien. Y, por eso, puede decir con el Salmo 23: Aunque pase por un valle de tinieblas, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo (Sal 23,4).

Una persona, entregada a cumplir la voluntad de Dios, puede preguntarle en cualquier momento para aclarar sus dudas, al igual que San Pablo: Señor, ¿qué quieres que haga? (Hech 22, 10). Y, obrando con total buena voluntad, aunque no reciba luces especiales para obrar, estará actuando conforme a la voluntad de Dios. El Señor, quizás sin que ella se dé cuenta, irá tejiendo la maravillosa trama de su santidad, aunque no se vea a primera vista. El artista divino dirige su obra, aunque no veamos las maravillas que hace en nosotros.

Por eso, confiemos en Él, confiemos en su poder para hacer milagros. Dejémosle obrar y digamos con el salmista: En Dios confío y nada temo, ¿qué podrá hacer un hombre contra mí? (Sal 56, 12). El Señor ha hecho milagros en mi favor (Sal 4, 4).

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Todo lo que sucede en cada momento lleva en sí el sello de la voluntad de Dios… El momento presente es siempre como un embajador que manifiesta la voluntad de Dios… La máxima sublime de la espiritualidad es el abandono puro y entero a la voluntad de Dios para ocuparse enteramente en amarle y obedecerle, apartando temores e inquietudes, producidas por el cuidado de la salvación o
de la propia perfección.

Más vale un ¡Bendito sea Dios! en la adversidad que seis mil acciones de gracias en las cosas agradables.

san Juan de Ávila

La voluntad de Dios es que estés sano, algunas veces, otras que estés enfermo. Si la voluntad de Dios es dulce para ti cuando estás sano, y amarga cuando estás enfermo, no eres de corazón perfecto. ¿Por
qué? Porque no quieres encauzar tu voluntad a la voluntad de Dios, sino que pretendes torcer la de Dios a la tuya

San Agustín

Amigo mío, no examinéis lo que haríais estando sano, sino contentaos con ser un buen enfermo todo el tiempo que Dios quiera. Si es su voluntad lo que buscáis, ¿qué os importa estar sano o enfermo?

San Juan de Ávila

Obedezcan, tomen las medicinas y alimentos y otros remedios por amor de Dios… Deseen curar para servirle, pero no rehúsen estar enfermos para obedecerle; y dispónganse a morir, si así le place, para alabarle y gozar de Él… No tiene importancia que los actos que hacemos sean grandes o pequeños con tal de que se cumpla la voluntad de Dios. Aspiren a menudo a la unión de su voluntad con la de nuestro
Señor.

San Francisco de Sales
La voluntad de Dios y no la mía – Tiempo Con Dios Pastor Jorge Luis

Practiquemos la conformidad con la voluntad de Dios en las pequeñas cosas de cada día: la molestia de un perro que ladra; de la luz que se apaga, de un olvido que nos incomoda, de un error cometido, de una mosca fastidiosa, del vestido que se ensucia…
Aceptemos las cosas que no podemos cambiar como el calor o el frío y no digamos nunca: ¡Qué calor tan insoportable! ¡Qué tiempo tan horrible!, pues indicaría que estamos en contra de lo que Dios ha permitido y querido para nosotros en ese momento.

Mi verdadera grandeza consiste en hacer totalmente y con perfección la voluntad de Dios.

San Juan XXIII

OREMOS

Dadme muerte, dadme vida,
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra dadme,
dadme guerra o paz cumplida,
flaqueza o fuerza a mi vida,
que a todo diré que sí.
¿Qué queréis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo,
pues de todo me rendí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis, dadme oración; si no, dadme sequedad,
si abundancia o devoción
y si no esterilidad.
Soberana Majestad,
sólo hallo paz aquí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, para Vos nací.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Santa Teresa de Jesús

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Categorías:Enseñanza, Espiritualidad

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