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VIDA DE SAN JOSÉ 8

Vida del glorioso Patriarca San José Esposo Purísimo de la Gran Madre de Dios y Padre Adoptivo de Jesús, manifestado por Jesucristo a su esposa predilecta, María de Jesús, y que Él mismo le ordenó que la escribiera y con la obediencia de quien dirige su espíritu. 23 de Enero de 1736.

Vida de San José revelada a la Hermana María Cecilia Baij | Vidas ...

Revelaciones sobre la Vida de San José. Vidente: Hna. Mª Cecilia Baij (1694-1766) Monasterio Benedictino de MONTEFIASCONE, Italia

Vida de San Jose (PDF) - [PDF Document]

Amor por los enfermos, moribundos, pobres y por los que sufren

Además de los muchos dones que Dios se dignó dar a nuestro José, uno en particular fue hacia los pobres moribundos.

Era tanta la compasión que él sentía por ellos, que acudían a él cuando sabían que alguno se encontraba en ese estado, porque muy bien entendía el Santo que grandes son los peligros en ese último instante de la vida, y corno los demonios hacen entonces todo esfuerzo para ganarlos y llevarlos a las penas eternas.

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Una vez su Ángel le manifestó en sueños, el gran peligro en el cual se encuentran los moribundos, y la necesidad que tienen de ser ayudados en ese último conflicto; y mientras el Ángel todo esto le manifestaba, Dios puso en su corazón una compasión y una caridad muy grande hacia los moribundos.

Esto hizo con su gran Providencia, mientras Dios al haberlo destinado a ser abogado de los moribundos, quiso que también en vida se ejercitara en esta obra de tanta caridad, y le dio gran amor y compasión hacia los agonizantes, haciéndole también entender las grandes necesidades que éstos tienen en esos últimos momentos, de los cuales depende una eternidad, o de dicha eterna o de infelicidad y miseria.

Por lo tanto, encendido nuestro José del vivo deseo de ser útil a los moribundos, se consumía todo cuando sabía. Que alguno se encontraba en agonía, y estaba horas enteras de rodillas suplicando a su Dios por el trance feliz de esa alma, de modo que fuera a descansar en el seno de Abraham.

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No había para él ni alimento, ni descanso, cuando se encontraba en esto, sino que totalmente estaba dedicado a suplicar a Dios por las necesidades del moribundo; y cuando tenía la suerte de encontrarse presente, nunca lo dejaba hasta que no hubiese terminado su vida, animándolo a confiar en la Divina Providencia y a superar los asaltos de los enemigos infernales.

Los moribundos sentían gran consuelo por la asistencia del Santo, los demonios quedaban muy debilitados en fuerzas por las oraciones que hacía, y Dios le hizo esta Gracia: que todos aquellos que en su muerte tuvieran la presencia del Santo, no perecieran, sino que fueran, parte al limbo y parte al purgatorio. El Santo lo conocía con gran claridad, y de esto se consolaba mucho y daba gracias a Dios por ello.

Se enfureció mucho el demonio por este oficio de caridad grande que practicaba el Santo; y una noche, entre otras, que un alma se había salvado por la asistencia del Santo, se le apareció todo asustado y de horrible aspecto, y lo amenaza con hacerle daño, si no desistía de ese oficio.

El Santo se atemorizó, al ver a ese horrible monstruo y acudió a Dios pidiéndole su ayuda; por lo cual desapareció el dragón infernal, y nuestro José quedó en oración en la que escuchó las voces de su Dios que lo animaron para que no temiera, sino que continuará haciendo la caridad a los moribundos, de lo cual Dios tenía una gran complacencia. Animado por la voz interna, el Santo, completamente consolado, se llenó de mucha más caridad hacia los moribundos, y seguía ayudándolos con sus fervientes oraciones; y se consideraba feliz aquél que lo podía tener presente en su muerte.

En efecto era feliz, porque no solamente era liberado de los asaltos furiosos de los enemigos infernales, sino que su alma iba a un lugar de salvación por las oraciones del Santo.

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También por esta caridad, que nuestro José ejercía, tuvo que pasar por muchas angustias y persecuciones por parte de gente malvada e instigada por el demonio, pero no por esto desistió nunca de hacer este oficio tan grato a Dios y tan vital al prójimo, y a menudo para animarlo le hablaba su Ángel.

Una vez, entre otras, estando nuestro Santo Jovencito muy afligido por las persecuciones, el Ángel le habló en el sueño, y le dijo por parte de su Dios que estuviera de buen ánimo y que continuara haciendo esa obra de tanta caridad, porque él le prometía hacerle una Gracia grande y muy especial en el momento de su muerte.

No le manifestó en qué consistía dicha Gracia, pero fue muy grande, al tener la suerte de morir en medio

de Jesús y de María, con su amorosa asistencia. Animado José por el aviso del Ángel, siguió en la obra de caridad, y nunca desistió de ella, aun cuando Ye fuera impedido por parte de unos o por parte de otros, porque el demonio se daba mucho trabajo para detenerlo en eso, pero nunca lo logró; puesto que el Santo Joven estaba animado y robustecido por la Gracia divina; y como se trataba de hacer aquello que fuera grato a su Dios, ponía

todo el empeño en ella, y no había quién lo pudiera detener en la obra emprendida por la Gloria de Dios y provecho de su prójimo. A veces era avisado por su Ángel acerca de la

necesidad que tenía algún moribundo de sus oraciones; y el Santo se despertaba y enseguida se ponía a orar, pidiendo a Dios que se dignara asistir con su Gracia a ese pobre agonizante, y no se levantaba de la oración hasta que Dios no le asegurara su ayuda.

Muchas veces también el Ángel le manifestaba como era grande el número de aquellos que parecían eternamente; de eso el Santo Joven se entristecía mucho y todo ese día lo pasaba llorando amargamente y se dolía por no poder estar presente a la muerte de todos para poderlos ayudar a bien morir: y dirigiéndose a su Dios con calurosos suspiros, le rogaba para que enviara pronto al Mesías prometido, de modo que liberara a las almas de la dura esclavitud de Lucifer y las rescatara a través de la Redención.

Cuando luego estaba tan afligido y lloroso, y sus padres buscaban la causa de su llanto, respondía con toda franqueza y con gran humildad: “Lloro la pérdida irreparable de tantas almas que Dios ha creado para llevarlas al eterno descanso, pero ellas, por su culpa, se pierden. El demonio tiene un gran dominio sobre el género humano; y por lo tanto roguemos para que se digne enviar pronto al Mesías, de modo que le quite el dominio, las fuerzas, y las almas queden así libres de la tiranía de tan cruel dragón”.

Esto decía con gran sentimiento y compasión de modo que también sus padres lloraban con él y se ponían a dirigir calurosas súplicas a Dios de modo que se dignara enviar pronto al Mesías prometido.

Muchas veces también pidió a Dios la salvación de los pecadores obstinados, los cuales estaban cerca de perderse, y el Santo se ponía a orar suplicando a Dios para que les devolviera la salud y así pudieran arrepentirse de sus errores y pudieran luego salvarse.

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Para obtener esta Gracia se dedicaba a la oración durante días enteros, acompañándola también con el ayuno; por lo tanto, raras veces sucedía que el Santo no obtuviera la Gracia que solicitaba; y todo lo que hacía era oculto a los ojos de los hombres y manifiesto solamente a su Dios.

De qué manera luego fueran gratas a Dios las oraciones de nuestro José, y la caridad que ejercía hacia el prójimo moribundo, él mismo era testimonio de ello mientras Dios no dejaba de atenderle y de escucharle y muy a menudo de consolarle con los divinos consuelos, haciendo gozar a su espíritu de la suavidad y dulzura de tal modo que a veces quedaba tan concentrado en ello hasta llegar a decir con el Santo Rey David: “Aunque todo mi ser se consuma, Dios es mi heredad y mi roca para siempre” (Salmo 72, 26) y lleno del consuelo divino se quedaba días enteros sin alimentarse, sintiendo una saciedad admirable, y todo Bien del espíritu de Dios, no sabía ni hablar, ni pensar en otra cosa que en su Dios y en el Amor que todo lo llenaba y ocupaba.

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Luis Alberto Sánchez S.

Categorías:Revelaciones Privadas San José

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