5 Hostias se conservaron en medio de la lluvia y una niña muere de amor

Cerca a una madriguera de conejos y en forma de cruz Hayan las Sagradas Especies y a sus 11 años, Imelda murió de amor y de felicidad por haber recibido a Jesús!

Imelda Lambertini.

Patrona de los que van a recibir la primera comunión

Beata , virgen, aceptada desde muy pequeña como monja en la Orden de Predicadores y que, siendo aún joven, después de haber recibido de modo admirable la Eucaristía, entregó inmediatamente su espíritu (1333).

Su padre fue Egano de Lambertini, hombre de gran caridad para con los pobres y religiosos, y su madre, Castora de Galluzzi. De familias nobles (ambos eran condes) y modelos de piedad y virtudes cristianas. De esta familia salieron insignes personajes eclesiásticos, como Próspero Lambertini, futuro papa Benedicto XIV. Egano, de fe robusta, y Castora, de tierna piedad. En este ambiente nace Imelda de Lambertini, en 1322 en Bolonia. El nombre “I-mel-da” significa en latín Ve-da-miel.

El Señor concede a ciertas almas predestinadas una mayor gracia desde el principio. Al profeta Jeremías y a Juan Bautista los santificó antes de nacer. Lo mismo se afirma de Santo Domingo de Guzmán y de San Vicente Ferrer. El Señor derramó en el corazón de Imelda bendiciones y virtudes desde su infancia, lo que a todos llenaba de asombro. De gran candor, humildad, obediencia y piedad, sus cercanos notaban que era todo amor para Dios y para los que la trataban.

Ferviente devota de Santa Inés

Era ferviente devota de Santa Inés de Roma, una niña que murió mártir a los 13 años de edad en Roma el año 304, y tuvo varias visiones con ella. Igual que a Inés, a solo Jesús amaba y era habitual verla en una especie de éxtasis que daba a su rostro un destello angelical.

Desde muy niña dio muestras de excepcional piedad; era muy amante de la oración y acostumbraba a retirarse en un rincón de la casa, donde se había construido un pequeño oratorio con flores e imágenes. A los nueve años, sus padres, accedieron a su deseo y la enviaron a educarse al convento dominicano de Val di Pietra. Allí se ganó Imelda el cariño de todos, y su fervor edificó mucho a las religiosas. La joven tenía especial devoción a la presencia eucarística de Cristo en la misa y en el tabernáculo.

¿Quién dice que no se muere por amor?

En 1331, con sólo 8 años de edad, según la costumbre de la época, Imelda entró al convento.

A los 10, recibió el hábito de monja dominicana. Aunque tenía tan poca edad, era una monja en todo ejemplar en las actividades de la vida religiosa.

Sin embargo, algo la intrigaba: el hecho de que las personas recibieran la Sagrada Comunión y continúen viviendo.

Como Imelda no tenía edad para comulgar, solía preguntar a las religiosas: “Hermana, la señora comulgó a Jesús y no murió?”. Las monjas respondían asustadas: “¿Qué es eso, niña, por qué morir?”. La pequeña religiosa respondía: “¿Cómo puede la señora recibir a Jesús en comunión, y no morir de amor y de tanta felicidad?”.

Porque sucedió que en la madrugada del 12 de mayo de 1333, víspera del Domingo de la Ascensión del Señor, Imelda estaba en la Santa Misa y ya no aguantaba más de tanta voluntad de comulgar.

Se preguntaba: “Si Jesús mandó ir a Él a los niños, ¿por qué no puedo comulgar?”. El sacerdote ya acababa de dar la Sagrada Comunión a las religiosas cuando todos vieron: una hostia salió del cibio y voló por la capilla. Paró sobre la cabeza de Imelda. El sacerdote, entonces, entendió que era hora de comulgar.

Al recibir la Santísima Eucaristía, Imelda se colocó en profunda adoración.

Después de horas de oración, la Madre Superiora fue a la monja y le dijo: “Está bien, Sor Imelda, ya adoró bastante a Jesús, podemos seguir … Vamos a las otras actividades del convento”. Imelda, sin embargo, permanecía inmóvil. Después de la insistencia de la Superiora, nada sucedía.

Fue entonces que la Madre cogió amorosamente a Imelda por los brazos y ella cayó en sus brazos.

Imelda había muerto en su Primera Comunión. Se cumplió la indagación de la pequeña gran Imelda: ¿Cómo puede alguien recibir a Jesús en la Sagrada Comunión, y no morir de felicidad? A los 11 años, Imelda murió de amor y de felicidad por haber recibido a Jesús!

El cuerpo de Santa Imelda Lambertini se encuentra incorrupto en la Capilla de San Sigismundo, en Bolonia, Italia. El Papa San Pío X la proclamó patrona de los niños que van a hacer la Primera Comunión.

El Milagro Eucarístico de Herentals se manifestó al encontrar algunas Hostias que habían sido robadas ocho días antes, en perfecto estado a pesar de la lluvia. Éstas se hallaron cerca a una madriguera de conejos, en medio de una luz muy viva y en forma de cruz.

Cada año se lleva en procesión dos pinturas de Antoon Van Ysendyck que describen el milagro.

La procesión concluye en el campo donde fue erigido el Santuario De Hegge, con la Santa Misa y la participación de numerosos fieles. Las pinturas se conservan en la Catedral de SintWaldetrudiskerk en Herentals.

En 1412, un cierto Jan van Langerstede, buscó alojamiento en un albergue no lejos de la pequeña ciudad de Herentals. Este hombre se dedicaba a robar objetos sagrados a las iglesias, los cuales eran revendidos.

Al día siguiente de su llegada a Herentals, se dirigió al pueblo vecino llamado Poederlee. Allí entró en la iglesia parroquial y extrajo el cáliz y la píxide que contenía cinco Partículas consagradas.

En el camino de regreso hacia Herentals, pasando por un lugar conocido con el nombre de “De Hegge” (el cercado), se sintió sobrecogido por una misteriosa fuerza que le impedía seguir adelante.

Entonces, intentó arrojar las Hostias en el río para librarse de ellas, pero todo fue inútil.

A punto de la desesperación, vio en un campo poco distante una madriguera de conejos.

Y sólo entonces, sin ninguna dificultad pudo esconderlas y regresar tranquilamente a Herentals.

 Mientras tanto, el juez de la ciudad, Gilbert De Pape, había ya iniciado las pesquisas para descubrir al autor del robo de la iglesia de Poederlee.

Entre los sospechosos estaba precisamente Jan, quien confesó el robo a la policía cuando se descubrió lo que llevaba en el equipaje.

Sin embargo, omitió el hecho de las Partículas.

El ladrón fue condenado a la horca; pero cuando Jan estaba ya en el patíbulo, animado por el sacerdote para liberar su alma ante de morir, confesó completamente su culpa indicando el lugar exacto donde había escondido las Hostias robadas.

Entonces, el juez suspendió la ejecución y ordenó a Jan que mostrase el lugar del escondite.

Seguidos por la muchedumbre, llegaron al campo y vieron las Hostias llenas de radiante luz y dispuestas en forma de cruz.

Las Hostias se encontraban intactas, a pesar de estar en la intemperie.

Inmediatamente fueron llevadas en procesión, algunas a Herentals y otras a Poederlee, donde permanecieron hasta el siglo XVI.

El 2 de enero de 1442, el Milagro fue declarado auténtico por el magistrado de Herentals. En el lugar del hallazgo se edificó una pequeña capilla que luego fue visitada por muchos prelados, entre ellos recordamos al Papa Benedicto XIV, en 1749.