Adoración Eucarística

Se nutrió únicamente de la Eucaristía por más de 10 años

BEATA ANNA KATHARINA EMMERICH, Alemania 1774 – 1824

Es necesario querer la santidad con todo el corazón, y si no lo desea todavía, debes pedirlo con insistencia al Señor”

Vble Carlo Acutis

Anna Katharina Emmerick nació en Alemania el 8 de septiembre de 1774 de una familia de campesinos. Comenzó a trabajar desde muy temprana edad. Poco después maduró la vocación religiosa y pidió ser admitida en varios monasterios pero no fue recibida en ninguno porque no poseía dote a causa de su pobreza.

Fue una monja canonesa agustina, mística y escritora alemana. Nació en Flamske, una comunidad agraria, actualmente en la diócesis de Münster, en Westfalia, y murió en Dülmen a los 49 años. Fue beatificada por el papa Juan Pablo II el 3 de octubre de 2004. Emmerick es el apellido consignado en Alemania. Fue costurera durante varios años.

Fue enviada a estudiar música a la casa de Stöntgen, organista pobre, a quien le dio todo lo que había ahorrado para entrar en un convento y esperó con ellos varios años como sirvienta. Desde pequeña decía tener visiones en las que se le aparecía principalmente Jesucristo cediéndole su cruz. Ingresó en un convento de agustinas. Cuando tenía 24 años le empezaron a aparecer heridas sangrantes, estigmas que se hacían visibles periódicamente en Navidad y Año Nuevo; la primera de ellas, el 29 de diciembre de 1812. Durante sus últimos años de vida se alimentó solamente con la Eucaristía.

Sus hermanas de claustro creían que había recibido facultades sobrenaturales debido a sus continuos éxtasis. Cuando Jerónimo Bonaparte, rey de Westfalia, cerró el convento en 1812, ella fue la última en abandonarlo; se le otorgó refugio en casa de una viuda, hermana del sacerdote dominico Joseph Aloys Limberg, su confesor. Allí llegaban enfermos y pobres en busca de ayuda, y según sus contemporáneos, ella sabía cuáles eran sus enfermedades y daba alivio a los necesitados.

Recibió los estigmas y tuvo numerosas visiones. Una de ellas permitió dar con la ubicación de la casa de la Virgen en Éfeso.  Efectivamente, según algunas tradiciones antiguas se decía que María se había establecido junto con el Apóstol Juan en esta ciudad.

El aspecto milagroso de la vida de Anna Katharina fue que por años se nutrió únicamente de la Eucaristía.

Anna Katharina Emmerick nació en Alemania el 8 de septiembre de 1774 de una familia de campesinos. Comenzó a trabajar desde muy temprana edad. Poco después maduró la vocación religiosa y pidió ser admitida en varios monasterios pero no fue recibida en ninguno porque no poseía dote a causa de su pobreza.

 A los 28 años fue finalmente acogida en Agnetenberg donde comenzó con gran fervor la vida monástica, siempre disponible para asumir los trabajos más pesados. Una noche, mientras estaba rezando se apareció ante ella Jesús, quien le ofreció una corona de rosas y otra de espinas.

Ella escogió la de espinas y Jesús se la depositó sobre la cabeza. En torno a la frente aparecieron los primeros estigmas. Poco después, luego de otra aparición de Jesús, aparecieron heridas en sus manos, en los pies y el costado. En 1811, el monasterio de Agnetenberg fue suprimido por los movimientos de secularización.

Anna Katharina pudo encontrar hospitalidad trabajando como doméstica en la casa de un sacerdote. Pero poco después se enfermó y tuvo que guardar cama.

El Dr. Wesener, un joven médico, la visitó y quedó impresionado por los estigmas. En los siguientes once años se convertirá en su amigo y fiel ayudante, quien llevaba un diario detallado de las visiones.

Mientras tanto, la religiosa había dejado prácticamente de nutrirse. Un poco de agua y la Hostia consagrada fueron suficientes para mantenerla en vida durante años.

Escribió numerosas páginas acerca de la Eucaristía, siendo una gran devota de Ella: “mi deseo de la Santísima Eucaristía era tan vehemente e irresistible que de noche salía frecuentemente de mi celda para entrar en la iglesia… Muchas veces me arrodillaba y postraba delante del Santísimo con los brazos abiertos y a veces, entraba en éxtasis”.

 Anna Katharina unió siempre su sufrimiento con el de Jesús y lo ofreció por la redención de los hombres. El más famoso biógrafo de Anna Katharina fue el escritor alemán Clemens von Brentano, el cual transcribió todas sus visiones.

Brentano recopiló miles de páginas sobre la Beata, muchas de las cuales aún no están publicadas.

En una de sus líneas más famosas escribe: “Anna Katharina está como una cruz a los lados de un camino como para indicar la recta dirección a los fieles. Aquello que ella dice es breve y sencillo, lleno de profundidad, calor, vida. Yo entendía todo. Siempre feliz, afectuosa, digna, maravillosa, siempre enferma, agonizante, pero a la vez, delicada, fresca, casta, probada, sana. Estar sentado a su lado significaba ocupar el lugar más hermoso del mundo”.

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