Milagro Eucarístico de Avignone, 1433

LAS AGUAS SE ABRIERON PARA PROTEGER AL SEÑOR

De la Exposición Internacional de los Milagros Eucarísticos del Venerable Carlo Acutis

Catequesis Eucarística

¿Qué significa que Jesucristo esté presente en la Eucaristía bajo la apariencia de pan y vino? ¿Cómo sucede esto?

La presencia de Cristo resucitado en la Eucaristía es un misterio inagotable que la Iglesia nunca puede explicar cabalmente con palabras. Debemos recordar que el Dios trino es el creador de todo lo que existe y tiene el poder de hacer más de lo que nos es posible imaginar.

Como dijo S. Ambrosio: “Si la palabra del Señor Jesús es tan poderosa como para crear cosas que no existían, entonces con mayor razón las cosas que ya existen pueden ser convertidas en otras” ( De Sacramentis, IV, 5-16).

Dios creó el mundo para compartir su vida con personas que no son Dios. Este gran plan de salvación revela una sabiduría que rebasa nuestro entendimiento. Pero no se nos deja en la ignorancia: por su amor a nosotros, Dios nos revela su verdad en formas que podamos comprender mediante el don de la fe y la gracia del Espíritu Santo que habita en nosotros. Así podemos entender, al menos en cierta medida, lo que de otro modo quedaría desconocido para nosotros, aunque nunca podamos conocer por nuestra sola razón completamente el misterio de Dios.

Cristo no tiene que dejar su lugar en el cielo para estar con nosotros. Nosotros, más bien, participamos de la liturgia celestial en la que Cristo intercede eternamente por nosotros y presenta su sacrificio al Padre, y en la que los ángeles y santos glorifican constantemente a Dios y dan gracias por todos sus dones: “Al que está sentado en el trono y al Cordero, / la alabanza, el honor, la gloria y el poder, / por los siglos de los siglos” (Ap 5:13).

Como indica el Catecismo de la Iglesia Católica, “Por la celebración eucarística nos unimos ya a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos” (no. 1326).

La proclamación del “Sanctus”, “Santo, Santo, Santo es el Señor. . .”, es la canción de los ángeles que están en la presencia de Dios (Is 6:3). Cuando en la Eucaristía proclamamos el “Sanctus”, hacemos eco en la tierra de la canción con la que los ángeles adoran a Dios en el cielo.

En la celebración eucarística no recordamos simplemente un acontecimiento de la historia, sino que, mediante la acción misteriosa del Espíritu Santo en la celebración eucarística, el Misterio Pascual del Señor se hace presente y se actualiza a su Esposa la Iglesia.

La Eucaristía es un misterio porque participa del misterio de Jesucristo y del plan de Dios para salvar a la humanidad por Cristo. No nos debería sorprender que haya aspectos de la Eucaristía que no son fáciles de entender, pues el plan de Dios para el mundo ha rebasado repetidamente las expectativas humanas y el entendimiento humano (cf. Jn 6:60-66).

Por ejemplo, ni los discípulos comprendieron al principio que era necesario que el Mesías fuera condenado a muerte y luego resucitara de entre los muertos. Asimismo, cada vez que hablamos de Dios hemos de tener presente que nuestros conceptos humanos nunca aprehenden enteramente a Dios.

 No debemos limitar a Dios a nuestro entendimiento sino de permitir que nuestro entendimiento, por la revelación de Dios, se extienda más allá de sus limitaciones normales.

El Milagro

Para poder entender el significado del milagro eucarístico de Avignone (Francia), ocurrido en 1433, tenemos que remontarnos al año 1226.

La herejía Albigense se propagaba por todo el sur de Francia. Rechazaban todos los sacramentos, especialmente el matrimonio y la Eucaristía. Aunque fue condenada por la Iglesia desde el siglo XI, sólo fue puesta en práctica esta condena cuando los albigenses empezaron a atacar seriamente otras ciudades desde sus fortalezas.

En 1226 los albigenses llegaron a ser muy poderosos, especialmente en el Sur de Francia, donde se encuentra Avignon.

Para rebatir sus ataques contra la Presencia de Jesús en la Eucaristía, el Rey Luis VIII, padre de San Luis, construyó una iglesia cerca del río Sorgue en honor del Santísimo Sacramento. Además, el 14 de septiembre de 1226, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, hizo un acto público de reparación por los sacrilegios cometidos por los albigenses.

Se hizo una procesión con el Santísimo Sacramento por toda la ciudad, terminando en la nueva iglesia de la Santa Cruz. El Rey iba en la procesión de penitente, vestido de saco, con una soga ceñida a su cintura y una vela en su mano. A su lado estaba el Cardenal Legate, toda su corte y muchos fieles. El Santísimo permaneció expuesto varios días, hasta que el Obispo decidió que el Santísimo debería quedarse perpetuamente expuesto.

Esta costumbre fue continuada por sus sucesores y aprobada por el Santo Padre. La Iglesia fue custodiada por los Penitentes Grises, de la Orden Franciscana.

A los 217 años de adoración perpetua ocurrió el milagro que nos ocupa.

A fines de noviembre de 1433 hubo una gran inundación del río Sorgue, que pasa por la ciudad de Avignon. Fue una de las peores conocidas. En las noches del 29 y el 30 de noviembre, el nivel del agua subió a gran altura.

Los Penitentes Grises de la Orden Franciscana pensaron que la pequeña iglesia de la Santa Cruz se habría inundado y decidieron ir para salvar la Eucaristía y traerla a tierra seca. Dos de los superiores se subieron en un bote y remaron hasta la iglesia. Cuando llegaron, descubrieron que el agua había subido hasta la mitad de la altura de la puerta de la entrada.

Sin embargo, cuando abrieron la puerta encontraron que el agua de dentro de la iglesia se había acumulado en los laterales, formando dos paredes de agua, a derecha e izquierda del pasillo, a algo más de un metro de altura, de forma que el pasillo central, desde la puerta hasta el altar, estaba completamente seco.

Nuestro Señor, en la Hostia Consagrada en la custodia, permanecía completamente seco sobre el altar.

Los Penitentes Grises recordaron cómo el Mar Rojo se abrió al entrar en él los israelitas y más tarde el río Jordán, al pasar por él el arca de la Alianza.

Buscaron a otros dos Frailes para que verificaran el milagro.

Los cuatro oraron juntos y llevaron la custodia con el Santísimo a una Iglesia Franciscana en tierra seca.

Una vez colocada la custodia en el altar, leyeron del libro del Éxodo, donde se narra la división del Mar Rojo (Ex 14,21): Moisés tendió su mano sobre el mar y Dios hizo soplar toda la noche un fortísimo viento solano, que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los hijos de Israel entraron en medio del mar, sin mojarse los pies, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda.

Los Franciscanos escribieron el testimonio en los registros de su comunidad, donde se conservan hasta hoy día.

Entonces comenzó una tradición que todavía hoy sigue en práctica. El 30 de noviembre de cada año, en la capilla de la iglesia de Avignon, los Penitentes Grises se ponen una soga alrededor del cuello, y arrastrándose de rodillas, repiten el episodio, recordando los pasos que siguieron sus antepasados, por el mismo camino que siguieron la noche del milagro.

Hoy los frailes le siguen dando gracias a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento por haberles dado una señal tan clara de su Presencia real en la Eucaristía.

Los Peregrinos siguen visitando la pequeña iglesia a la orilla del río, para venerar y dar gracias al Señor por este regalo.

Significado del Milagro

¿Cuál es el significado de este milagro? ¿Por qué fueron usados los símbolos del Éxodo de los Judíos en su cautiverio para que este milagro sucediera?  ¿Podría ser que el Señor estaba usando este signo del Milagro Eucarístico para liberar a Su pueblo de las ataduras del pecado?

En el mundo de hoy, nos encontramos cautivos de una forma muy sutil, y destructora pues muchos ni se dan cuenta de que son esclavos. Estamos en un mundo de materialismo, consumismo, libertinaje y ateísmo. Nuestras vidas se encuentran manipuladas por la presión de amistades, películas, revistas, música y anuncios de televisión; Drogas, alcohol, aborto, relaciones sexuales desordenadas, desprecio a la guía de los padres, egoísmo, y muchas otras cosas dominan las vidas de multitudes. Los que tienen la valentía de resistir las pasiones bajas para vivir el auténtico amor cristiano se encuentran bajo ataque constante.

 Sin embargo, tenemos un arma.

Un Milagro Eucarístico que ocurre en cada iglesia católica todos los días para liberarnos. ¿Cómo le respondemos?

El mismo milagro que el Señor realizó en la pequeña iglesia en Avignon ocurre para nosotros todos los días durante la Consagración en la Santa Misa. Nuestro Milagro Diario de la Eucaristía, puede librarnos de cualquier invasor. Nosotros tenemos que saber vivir y depender del milagro Eucarístico que se nos da cada día. No podemos sentarnos y esperar que algo suceda cuando recibimos el Milagro de la Eucaristía.

Tenemos que ir hacia adelante, abrazarlo a El, y tomarlo a El en nuestro corazón. Así nos encontraremos liberados de la esclavitud del mundo, y de todas sus falsas enseñanzas.

El Milagro Eucarístico de Avignon nos recuerda la proclama de Jesús en Lucas 4:18: “Me envió a predicar a los cautivos la libertad, a los ciegos la recuperación de la vista; para poner en libertad a los oprimidos, para anunciar un año de gracia del Señor.”

Un Milagro Eucarístico que ocurre en cada iglesia católica todos los días para liberarnos. ¿Cómo le respondemos?

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