Milagro EUCARÍSTICO de Tumaco/colombia 1906

Milagro eucarístico hizo retroceder las olas del mar ante la hostia consagrada.

Cuando pensamos en milagros eucarísticos nos solemos referir a sucesos en que la hostia consagrada se convierte en la carne y en la sangre de Cristo. Pero hay otros en los cuales la propia hostia consagrada ha sido el vehículo por el cual se ha realizado un milagro. Una de los más conocidos de estos milagros es el de Tumaco, Colombia, donde una hostia consagrada fue el vehículo, sobre el que oró toda la población, para evitar un tsunami que hubiera barrido la ciudad.

El Terremoto de Ecuador y Colombia de 1906 fue un terremoto que azotó las costas de Ecuador y Colombia cerca de la provincia de Esmeraldas el día 31 de enero de 1906 a las 10:36 UTC-5. Tuvo una magnitud de 8,8 (Mw).

El terremoto se produjo a lo largo del límite entre la Placa de Nazca y la Placa Sudamericana. Es probable que el terremoto. Las zonas costeras de Ecuador han sido el epicentro de la mayoría de los terremotos en este país. haya sido causado por el proceso normal de subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana.

Daños

La mayoría de los daños se produjeron por un tsunami que arrasó el pueblo Río Verde en Ecuador. Se estima que el número de muertes es entre 1000 y 1500

El terremoto causó la ruptura de 500 a 600 km de largo e influenció los terremotos de 1942 (7,8 Mw), 1958 (7,7 Mw) y 1979 (8,2 Mw). La coincidencia entre los tres acontecimientos sugiere la presencia de barreras de propagación de menor tamaño en la ruptura de las placas (a pesar de que estos tres eventos sucedieron en la misma zona de ruptura, solo alcanzaron una quinta parte de la energía liberada por el terremoto de 1906).

Tsunami

En Tumaco (Colombia), las olas del tsunami alcanzaron una altura de 5 metros. Fueron las olas que alcanzaron mayor altura registrada del tsunami. En Hilo (Hawái), las olas alcanzaron una altura de 5,8 metros de altura. Además el tsunami también alcanzó las costas de Costa Rica, México, y Japón.

Riesgo sísmico

Se ha planteado la idea de que un posible terremoto de una fuerte magnitud podría reazotar a estos países por culpa de la energía que quedó acumulada del terremoto de 1906. En un principio los análisis sugirieron que con los tres terremotos posteriores a éste, se liberó gran cantidad de la energía acumulada por el primer terremoto; sin embargo el 16 de abril de 2016 a las 18:58 UTC-5 (Hora de Ecuador Continental) un sismo con una magnitud de 7.8 Mw tuvo lugar con epicentro en Pedernales, provincia de Manabí, a escasa distancia geológica del sismo de 1906.

Por: caballerosdelavirgen.org

Oficial – Circular – Urgente. Bogotá, 6 de febrero de 1906. Gobernadores, por orden del Excelentísimo Señor Presidente transcribo siguientes noticias: Tumaco, 31 de enero.– Hoy a las 10 a. m. terrible terremoto. Algunas casas desmanteladas; barracas hundidas; varias bodegas destruidas, […]. Pánico en general, pues mar amenaza terriblemente”.

Con este dramático telegrama enviado desde la capital a todo el país, Colombia tomaba conocimiento de lo ocurrido en Tumaco, isla de la costa sudoeste, escasamente habitada en aquel tiempo: un movimiento sísmico de enormes proporciones pre anunciaba la llegada de un devastador tsunami. Y no era la primera vez que una gigantesca ola amenazaba con sumergirla…

Dos siglos antes, en 1738, Pedro Vicente Maldonado, gobernador de la antigua provincia de Esmeraldas, a la que pertenecía la isla, describía la realidad con la que se encontró al visitar la ciudad: “Tumaco estaba apartada 6 leguas —unos 34 km— de la costa, […]. Tenía 3/4 de legua de circunferencia, el suelo arenisco, con árboles frutales, el mar había desenterrado a los difuntos sepultados en la iglesia. Tenía 300 habitantes…”.

Por lo general, se produce un tsunami cuando un terremoto submarino alcanza una enorme magnitud. Lo que acometió a Tumaco en 1906, de 8,8 grados (Mw) en la escala de Richter, fue “considerado como uno de los más grandes registrados en la historia sísmica del mundo. […] El evento se sintió en toda la región Pacífica y Andina de Colombia y Ecuador”.

Lo que desconocían los fundadores de esa pequeña localidad era que a 100 km de la playa, en las profundidades oceánicas, se encontraba la principal falla sísmica del territorio colombiano… Si lo hubieran sabido quizá se lo habrían pensado dos veces antes de establecer allí sus residencias. Tal vez lo haya permitido Dios para manifestar, de modo admirable, cómo su protección se derrama abundantemente sobre los que en Él confían.

Región agraciada por Dios

En el primer mapa de la provincia, elaborado en 1749, aparece Tumaco como una población caracterizada por un arraigado fervor católico: un conjunto de quince casas alrededor de una iglesia.

A unos 200 km de Tumaco, en el departamento de Nariño, se encuentra Ipiales, ciudad favorecida por la presencia milagrosa de Nuestra Señora de las Lajas. Sobre la gruta, en cuyas paredes la misteriosa imagen fue encontrada grabada en la piedra, en 1754, se levantó un santuario, en el que miles de peregrinos reciben incontables favores sobrenaturales hasta nuestros días.

En 1888, Nariño acogía a un grupo de misioneros agustinos recoletos, procedentes de España. Al frente de ellos estaba el padre Ezequiel Moreno y Díaz que, poco después de su llegada, fue nombrado obispo de la diócesis de Pasto, a la que estaba vinculada Tumaco. El incansable celo por las almas de este misionero agustino lo elevó a la honra de los altares: en 1975 sería beatificado por Pablo VI y en 1992 el Papa Juan Pablo II lo inscribiría en el catálogo de los santos.

No obstante, una de las mayores pruebas de la predilección divina por aquella región está relacionada precisamente con el célebre acontecimiento de Tumaco.

Misteriosa preservación de las aguas del maremoto

La siguiente narración, publicada por expertos del servicio geológico colombiano acerca de la catástrofe sísmica de 1906, nos deja con un interrogante sobre la llegada del tsunami a la ciudad.

Muestran que después de que una primera ola se dispersara al romper con violencia contra dos islotes, “llegó una segunda ola, la cual igualmente pasó sin causar daños, sin embargo, más tarde se notó que una de las dos islas que protegían a la ciudad había sido arrasada por el mar. Varias casas ubicadas en la costa fueron tumbadas por la ola, otras fueron averiadas fuertemente, pero no hubo ninguna víctima”.6

Pero en la costa del continente la situación fue muy diferente. “En una distancia de 80-100 km había muchas poblaciones y plantaciones que fueron destruidas sin excepción, como también lo fueron aquellas localizadas a lo largo de los muchos ríos, la mayoría probablemente por la gran ola de marejada que siguió al terremoto. La pérdida en vidas humanas se estima en total en 500- 1000; sin embargo, es probable que la cifra exacta jamás se conozca”.

¿Cómo se explica que localidades vecinas e incluso otras muy distantes fueran arrasadas por las aguas del maremoto y que de Tumaco sólo se diga que el movimiento sísmico “dejó destruidas y averiadas algunas casas”?

Fray Bernardino García de la Concepción, también agustino recoleto de la provincia de Panamá, al noroeste colombiano —bastante lejano del epicentro—, cuenta que su ciudad “estaba en la mayor bajamar, y de repente (lo vi yo) vino la pleamar y sobrepasó el puerto, entrando en el mercado y llevándose toda clase de cajas: las embarcaciones menores que estaban en seco, fueron lanzadas a grande distancia”.

Se ve claramente que Tumaco se había librado de la inundación que se generalizó a su alrededor. ¿A qué se debió tan misteriosa preservación?

Inminencia de un trágico cataclismo

Unos años antes de tales acontecimientos, dos agustinos recoletos fueron asignados por el santo obispo de Pasto, Mons. Ezequiel Moreno y Díaz, para que cuidaran de las almas de aquellos parajes. Eran fray Gerardo Larrondo de San José, nombrado párroco de Tumaco, y fray Julián Moreno de San Nicolás de Tolentino.

Hasta el 31 de enero de 1906 habían ejercido su ministerio sin mayores dificultades, en medio de un pueblo de acentuada apetencia religiosa. Sin embargo, la mañana de aquel día, a las 10:36 h, la tierra tembló de un modo horrible, derribando todas las imágenes que se veneraban en la iglesia parroquial. Asumidos por el pánico, los fieles acudieron al encuentro de los religiosos, rogándoles que organizaran una procesión para implorarle a Dios su protección en esa emergencia.

Los sacerdotes trataron de calmar a la multitud, infundiéndoles confianza. Pero cuando les llegó la noticia de que el mar ya había retrocedido un kilómetro de la playa, se dieron cuenta de que estaban ante la inminencia de un trágico cataclismo.

La inmensa ola se detuvo

El padre Larrondo se apresuró a ir a la iglesia y sacó del sagrario una gran hostia consagrada y un copón para protegerla. Se dirigió rápidamente hacia la gente y levantando la Sagrada Forma exclamó: “Vamos, hijos míos, vamos todos hacia la playa, y que Dios se apiade de nosotros”. La multitud, antes sobrecogida por el miedo, se vio animada por un valor inexplicable y, sin dudarlo, se encaminó hacia el peligro, impelida por la presencia de Jesús Sacramentado y por la fe de su pastor.

Pronto el P. Larrondo ya se encontraba pisando el terreno antes bañado por las aguas. En la playa los feligreses no paraban de rezar, mientras divisaban a lo lejos una aterradora pared de agua que avanzaba a gran velocidad. Atónitos, contemplaban cómo el sacerdote, esperando impávido que la ola se acercara, erguía hacia lo alto la Sagrada Especie y con ella trazaba una gran señal de la cruz…

El fervoroso religioso no se intimidó, sino que descendió a la playa y, colocándose dentro de la zona ocupada normalmente por las aguas, en el instante mismo en que la ola estaba ya llegando y crecía hasta el terror y la ansiedad de la muchedumbre, levantó con mano firme y con el corazón lleno de fe la Sagrada Hostia a la vista de todos, y trazó con ella en el espacio la Señal de la Cruz. ¡Momento solemne! La ola avanza un paso más y, sin tocar el sagrado copón que permanece elevado, se estrella contra el sacerdote, alcanzándole el agua solamente hasta la cintura.

¡Un momento inolvidable! Si en el mar Rojo antaño las aguas se abrieron, aquí “la ola avanzó todavía un poco, pero antes de que el P. Larrondo y el P. Julián se pudieran dar cuenta de lo que estaba pasando, la población, emocionada y conmovida, gritaba: ‘¡Milagro! ¡Milagro!’. La inmensa ola que amenazaba con destruir el pueblo de Tumaco se detuvo de repente como bloqueada por una fuerza invisible más grande que la de la naturaleza, mientras que el mar volvía a su estado habitual”.

En efecto, como impulsada por una fuerza superior al poder de la naturaleza, aquella ola se había parado en un instante, y la enorme montaña de agua, que amenazaba arrasar el pueblo de Tumaco, iniciaba su movimiento de retroceso para desaparecer, mar adentro, volviendo a recobrar su ordinario nivel y natural equilibrio.

A los sollozos de terror se sucedieron lágrimas de alegría, y el P. Larrondo mandó que se dieran prisa en traer la custodia para entronizar la Sagrada Hostia, dos veces milagrosa. Entonces recorrió, con toda pompa, las calles y alrededores de la ciudad salvada del exterminio. A partir de esa fecha, el pueblo empezó a reunirse en la iglesia parroquial todos los años, para agradecer el estupendo milagro realizado por la presencia del Santísimo Sacramento, comparable en grandeza —nos atrevemos a decirlo….— a los que se narran en la Sagrada Escritura.

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