Carlo Acutis

La hostia sangrante de Tixtla, «un corazón vivo que sufre» Milagro eucarístico, MÉXICO 21 de octubre 2006

Estos signos sobrenaturales recibidos por los fieles devotos, son prueba física de que Jesús está realmente presente en la Eucaristía, a fin de restaurar la fe en momentos históricos, de herejías que niegan la presencia eucarística de Cristo.
la Eucaristía nos concierne a todos y cada uno de una forma directa y personal.

Si a lo largo de tantos siglos Dios ha tenido tantas actuaciones extraordinarias en torno a Ella, no podemos quedarnos indiferentes, pues Dios no actúa sólo para una persona o grupo concreto, sino para todos. Es decir, que cuando Dios realizó cada uno de esos prodigios citados lo hizo pensando también en cada uno de nosotros.

Conclusiones

La primera es confirmar la presencia real del Cuerpo y Sangre de Cristo, así como de su Alma y Divinidad, en la Eucaristía, tras la Consagración de la Misa, que perdura mientras

permanecen las especies de pan y de vino.

Muchos de estos prodigios fueron realizados precisamente para confirmar dicha presencia, que se comenzó a negar en torno al siglo XV y que hoy vuelve a ser abiertamente atacada.

La segunda recuerda el respeto que debemos tener. Si los Ángeles se postran en adoración ante la Eucaristía, nuestra actitud debe ser de enorme veneración.

Toda muestra de respeto, tanto interna como en sus manifestaciones externas, es siempre pequeña ante el Sacramento de los Sacramentos, ante el mayor Prodigio, ante la Obra Maestra del Amor de Dios.

La tercera es que no le somos indiferentes al Señor. Él es sensible a las actitudes que tenemos para con Él. Le duelen las ofensas que le hacemos, le entristecen nuestras indiferencias, olvidos, falta de amor y de correspondencia al suyo. “¡Tú, al menos, ámame!”. Le agrada infinitamente hasta la menor delicadeza de amor para con la Eucaristía y la agradece concediendo muchos dones.

La cuarta puede ser la de aprovechar las gracias que el Señor sigue hoy derramando en los lugares en que se venera alguna de estas Hostias en las que Él ha obrado prodigios. Los ha hecho a lo largo de los siglos y hoy los sigue realizando en favor de aquellas personas que acuden en peregrinación con fe y devoción.

¿Otras conclusiones? Sin duda, pues Dios sigue siempre actuando en su Iglesia.

Si a lo largo de veinte siglos ha intervenido de formas tan frecuentes y prodigiosas, especialmente en momentos de crisis, no hay razón para indicar que hoy no vaya seguir haciéndolo, y más que vivimos en momentos de intensa crisis específicamente eucarística.

El Espíritu Santo quiere promover y renovar la fe en la Eucaristía en las personas, en las familias, en los grupos, en las parroquias… ¡en toda la Iglesia!

EL MILAGRO EUCARÍSTICO EN TIXTLA

El obispo Alejo Zavala Castro de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa en México, en una carta pastoral publicada el 12 de octubre de 2013 acreditó el milagro eucarístico que tuvo lugar el 21 de octubre de 2006 en la iglesia de Tixtla.

Cuando la fe en la presencia real de Jesús en la Eucaristía se debilita y desaparece, Dios nos da señales para que volvamos a darnos cuenta de que durante la Santa Misa la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo se hacen presentes de nuevo, por lo que Él está realmente presente en las formas eucarísticas.

El obispo Alejo Zavala Castro de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa en México, en una carta pastoral publicada el 12 de octubre de 2013 acreditó el milagro eucarístico que tuvo lugar el 21 de octubre de 2006 en la iglesia de Tixtla.

Cuando la fe en la presencia real de Jesús en la Eucaristía se debilita y desaparece, Dios nos da señales para que volvamos a darnos cuenta de que durante la Santa Misa la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo se hacen presentes de nuevo, por lo que Él está realmente presente en las formas eucarísticas.

UN SIGNO DIVINO

El milagro eucarístico en la ciudad mexicana de Tixtla tuvo lugar el 21 de octubre de 2006 en la iglesia de San Martín de Tours durante un retiro parroquial. Durante la Santa Misa celebrada por el párroco Leopoldo Roque, el Padre Raymundo y una monja lo asistían ayudando a repartir la Sagrada Comunión.

En un momento dado, la monja notó que la Hostia que sostenía entre sus dedos comenzó a sangrar mucho. El párroco informó al Obispo sobre lo acontecido, y él, pasados tres años desde aquel acontecimiento decidió que los científicos llevaran a cabo una investigación detallada.

Por eso, se tomaron muestras de la Hostia sangrante para poder averiguar cuál era la causa y la naturaleza de este fenómeno extraño y asegurarse de que no sea una estafa. La investigación científica detallada realizada por varios especialistas duró desde octubre de 2009 hasta octubre de 2012.

El Dr. Ricardo Castañón y el Milagro Eucarístico

Sus resultados se hicieron públicos el 25 de mayo de 2013 durante un simposio internacional organizado por la diócesis de Chilpancingo con motivo del Año de la Fe.

 Los investigadores afirmaron que la sustancia roja tomada de la Hostia es sangre humana real con ADN.

Dos estudios científicos, llevados a cabo de forma independiente por destacados expertos forenses y usando varios métodos de análisis, demostraron que nadie había derramado sangre sobre la Hostia, sino que salió de allí.

La sangre es del grupo AB, y por lo tanto es la misma que la de la Sábana Santa de Turín (lienzo funerario con el que fue envuelto el cuerpo de Cristo después de su muerte) y la misma que en otros milagros eucarísticos.

El análisis microscópico de la sangre realizado en 2010 mostró que en su capa externa está coagulada, mientras que en las capas internas permanece en estado fluido, lo que indica que la Hostia sigue sangrando.

En la Hostia también se descubrió tejido de músculo cardíaco de un ser humano, que estaba vivo, como lo demuestran los glóbulos blancos y rojos intactos, así como los macrófagos activos que absorben los lípidos. Los estudios inmunohistoquímicos han  demostrado que el tejido encontrado es un fragmento del miocardio en estado agónico.

El doctor Castañón argumentó que este mismo componente ha sido hallado en las demás hostias sangrantes estudiadas, entre ellas, las Hostias de Lanciano y la de Buenos Aires. Y agrega además que en todas ellas se encuentra el mismo código genético… ¡y que además es coincidente con el encontrado en la Sábana Santa de Turín, confirmando que la presencia de Cristo es más cercana de lo que se piensa!

“El suceso no tiene explicación natural; No posee origen paranormal; No corresponde a manipulación del enemigo;, Comporta frutos de conversión, sanación y santidad. (…) Las conclusiones teológicas y científicas obtenidas propician el pronunciamiento de Milagro, en cuanto esta manifestación nos trae un maravilloso signo del amor de Dios, que confirma la presencia Real de Jesús en la Eucaristía”- (declaración de monseñor Alejo Zavala, obispo de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa. )

Detrás del Milagro un forense…

religionenlibertad.com

En el peor momento de una debacle económica, Eduardo Sánchez Lazo pensó que si Dios no podía ayudarlo a salir adelante, entonces no valía la pena seguir creyendo en Él. Había perdido su trabajo de maestro en la universidad, también su empleo como médico forense en la Procuraduría de Justicia de Morelos; y las clínicas y farmacias que había echado a andar, de pronto se habían venido abajo. “Mi situación en aquel entonces no podía ser peor”, asegura el médico forense.

Ante ello, tomó lo que después comprobó era una falsa salida. A sugerencia de un supuesto brujo, decidió depositar su confianza en la “Santa Muerte”; pronto consiguió un empleo en una televisora, que por lo menos le aportaba algunos ingresos. Se sentía bien confiando en sus nuevas creencias, pero al poco tiempo descubriría que era Dios quien en realidad estaba hilvanando su camino, pues lo quería de vuelta a Él.

En la televisora conoció a una persona que, un día de 2010, le comentó que alguien necesitaba un médico forense para un trabajo especial; de inmediato se comunicó con la persona que requería los servicios y aceptó el encargo que le hizo.

Sin embargo, esta vez no se trataba de ir a investigar ninguna “escena del crimen”, como en trabajos anteriores, sino de estudiar el contenido de dos frasquitos; “uno que contenía algo parecido a un pedacito muy pequeño de tela manchada, y el otro un polvito blanco”.

Una investigación desconcertante

El profesor Ricardo Castañón, especialista en milagros eucarísticos, fue quien lo contrató para el encargo y le explicó de inmediato que se trataba de analizar una Hostia sangrante, y confirmar si en efecto había sangre en ella y de qué tipo.

“Lo que había en el primer frasco no era tela, sino una pequeña muestra de ‘hostia sangrante’. De todo esto fui avisado”. El contenido del segundo frasco eran restos de una Hostia, y debían ser estudiados sólo para conocer sus componentes.

“A mí lo que me importaba era cumplir con mi trabajo. El primer resultado que obtuve fue que, en efecto, la mancha era de sangre; el segundo, que se trataba de sangre humana; el tercero, que era del tipo AB, y el cuarto, que provenía de tejido cardiaco. Lo siguiente era lo que importaba más: encontrar el ADN. Pero lo que encontré fue frustración. Repetí una y otra vez la prueba, e increíblemente no obtuve ningún resultado”.

Cuando el profesor Ricardo Castañón acudió por los resultados, lo que el médico forense le puso en la mano fue el dinero que le había pagado por el encargo. “Tenga doctor –le dijo–, aquí está su dinero; no encontré el ADN”.

Sin embargo, justo eso era lo que el doctor Castañón quería confirmar, que la sangre no presentara ADN, porque eso reafirmaba que la muestra pertenecía a un verdadero milagro eucarístico, en su forma de “Hostia sangrante”; es decir, Hostias consagradas que inexplicablemente comienzan a sangrar, como signo de la presencia real de Jesús en la Eucaristía.

“Yo escuché la explicación del profesor, pero la verdad en ese momento me quedé igual, pues no sabía nada de milagros eucarísticos”, señala Eduardo Sánchez.

Nadie me lo contó, yo lo vi –dice emocionado–: lo que estaba ahí era sangre, había leucocitos y eritrocitos, lo cual significaba que era sangre viva, pero increíblemente ésta no presentaba ADN. Eso para la ciencia no puede ocurrir. Poco a poco me fui enterando qué eran los milagros eucarísticos, y en esa medida fui volviendo a la fe”.

Para Eduardo Sánchez volver a creer en Dios no fue tan fácil, como tampoco lo fue aceptar nuevamente los principios doctrinales de Jesús.

“Todo requiere de un proceso. Y en ese sentido comprendo a mis colegas que se resisten a creer, ya que todo lo que hay a su alrededor es ciencia, no evidencias de fe. Pero mi labor es hablarles sobre lo que encontré, no tratar de convencer a nadie acerca de la existencia de Dios. Si creen o no, ya depende de ellos”.

Lo que aún el especialista sigue sin poder explicarse es por qué Dios lo escogió para mostrarle que Jesús sigue entre los seres humanos en la Eucaristía.

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+ 57 3108571644 Luis Alberto Sánchez S. Director

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