Eucaristía

el milagro eucarístico en las manos de santa clara de asís

SANTA CLARA LOGRA LA RETIRADA DE LOS INVASORES MUSULMANES

Clara significa: “vida transparente”
Esta monja del siglo XIII derrotó a un ejército con la Eucaristía, y sin miedo

Nació en Asís en 1194, poco se conoce de su infancia y adolescencia. A los 18 años se consagró a Cristo haciéndose cortar los cabellos y vistiendo el sayo oscuro de la orden de San Francisco que se había convertido para ella desde 1208 en el “loco, cuyas palabras le parecían inflamadas y sus obras sobrehumanas”. Después de lo cual inició una vida de pobreza radical, renunciando a todo lo que tenia y prometiendo vivir sin poseer nada.

La Iglesia Católica era muy atacada durante ese tiempo, y era prohibido que los sacerdotes dieran la comunión a los creyentes, entonces Santa Clara solo la podía recibir una vez al año, y ella le tenía una fe envidiable y un amor impresionante a la Santa Hostia.

Entonces cada vez que ella iba a recibir a Jesús en la comunión ella literalmente temblaba de amor al sentir a Jesús en su corazón. Era una emoción indescriptible. Y ella creó un poema a Jesús, que años después se hizo canción, y hoy es muy escuchado en las misas o grupos y congregaciones católicas.

En Tu cuerpo encuentro mi paz, Señor,
en Ti descansa mi alma
y siento la emoción, Amado Mío
y tiemblo por ti
Estoy temblando de amor, por Ti señor
estoy temblando al sentirte en mi interior
estoy temblando de amor,
y el corazón se me derrite por Ti,
Se me derrite por ti,
se me derrite por ti, señor
Van Tu cuerpo y sangre directo al corazon
y Te refugias en mi
y Te siento tan vivo en mi interior
que tiemblo por ti
Estoy temblando de amor, por Ti señor
estoy temblando al sentirte en mi interior
estoy temblando de amor,
y el corazón se me derrite por Ti,
Se me derrite por ti,
se me derrite por ti, señor

Con su gran pobreza manifestaba su anhelo de no poseer nada mas que al Señor. Y esto lo exigía a todas sus hijas. Para ella la Santa Pobreza era la reina de la casa. Rechazó toda posesión y renta, y su mayor anhelo era alcanzar de los Papas el privilegio de la pobreza, que por fin fue otorgado por el Papa Inocencio III.

Para Santa Clara la pobreza era el camino en donde uno podía alcanzar mas perfectamente esa unión con Cristo. Este amor por la pobreza nacía de la visión de Cristo pobre, de Cristo Redentor y Rey del mundo, nacido en el pesebre. Aquel que es el Rey y, sin embargo, no tuvo nada ni exigió nada terrenal para si y cuya única posesión era vivir la voluntad del Padre. La pobreza alcanzada en el pesebre y llevada a su cúlmen en la Cruz. Cristo pobre cuyo único deseo fue obedecer y amar.

La vida de Sta. Clara fue una constante lucha por despegarse de todo aquello que la apartaba del Amor y todo lo que le limitara su corazón de tener como único y gran amor al Señor y el deseo por la salvación de las almas.

La pobreza la conducía a un verdadero abandono en la Providencia de Dios. Ella, al igual que San Francisco, veía en la pobreza ese deseo de imitación total a Jesucristo. No como una gran exigencia opresiva sino como la manera y forma de vida que el Señor les pedía y la manera de mejor proyectar al mundo la verdadera imagen de Cristo y Su Evangelio.

Muchos milagros documentados ocurrieron durante su vida , incluida una historia particular donde salvó su convento de San Damián, así como la ciudad de Asís, a través del poder del Santísimo Sacramento.

El más famoso entre todos los milagros obrados por Santa Clara de Asís, es el que ocurrió en 1240, un viernes del mes de septiembre. Clara se encontraba frente a la amenaza de los soldados sarracenos que habían logrado penetrar el claustro del convento de San Damián. Logró que éstos huyeran mostrándoles la Hostia Santa.

Santa Clara y el cerco de Asís

En 1240, soldados musulmanes venidos para sitiar Asís, invaden el monasterio. Entre el pánico general, sólo la abadesa conserva la sangre fría. No hay posibilidad alguna de socorro humano; pero queda Dios. Y Clara se dirige a Cristo en la Eucaristía, como recuerda una testigo en el Proceso de canonización:

«Una vez entraron los sarracenos en el claustro del monasterio, y madonna Clara se hizo conducir hasta la puerta del refectorio y mandó que trajesen ante ella un cofrecito donde se guardaba el santísimo Sacramento del Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo.

Y, postrándose en tierra en oración, rogó con lágrimas diciendo, entre otras, estas palabras:

“Señor, guarda Tú a estas siervas tuyas, pues yo no las puedo guardar”. Entonces la testigo oyó una voz de maravillosa suavidad, que decía: “¡Yo te defenderé siempre!” Entonces la dicha madonna rogó también por la ciudad, diciendo: “Señor, plázcate defender también a esta ciudad”. Y aquella misma voz sonó y dijo: “La ciudad sufrirá muchos peligros, pero será protegida”. Y entonces la dicha madonna se volvió a las hermanas y les dijo: “No temáis, porque yo soy fiadora de que no sufriréis mal alguno, ni ahora ni en el futuro, mientras obedezcáis los mandamientos de Dios”. Y entonces los sarracenos se marcharon sin causar mal ni daño alguno» (Proceso 9,2).

“La historia de Santa Clara, Virgen”, historia de Tomaso da Celano

Esta famosa narración cuenta cómo esta santa enfrentó a los soldados musulmanes cuando estos intentaban conquistar Asís, Italia, en el año 1240. Ella, orando a la Eucaristía, logró replegarlos a sus territorios. La historia dice así: 

“Por orden imperial, los regimientos de soldados sarracenos [musulmanes] y arqueros estaban estacionados allí [en el convento de San Damián, en Asís, Italia], agrupados como abejas, listos para devastar los campamentos y apoderarse de las ciudades.

Una vez, durante un ataque enemigo contra Asís, ciudad amada del Señor, y mientras el ejército se acercaba a las puertas, los feroces sarracenos invadieron San Damián, y entraron en los confines del monasterio e incluso en el mismo claustro de las vírgenes.

Las mujeres se desmayaron aterrorizadas, sus voces temblaban de miedo mientras lloraban a su Madre, Santa Clara.

Santa Clara, con un corazón intrépido, les ordenó que la condujeran, enferma como estaba, al enemigo, precedida por un estuche de plata y marfil en el que el Cuerpo del Santo de los santos [la Eucaristía] se guardaba con gran devoción.

Y postrada ante el Señor, le habló entre lágrimas a su Cristo:

Mira, mi Señor, ¿es posible que quieras entregar en manos de paganos a tus indefensas siervas, a quienes he enseñado por amor a ti? Te ruego, Señor, proteja a estas Tus siervas a las que ahora no puedo salvar por mí misma’.

De repente, una voz como la de un niño resonó en sus oídos desde el tabernáculo: ‘¡Siempre te protegeré!’

‘Mi Señor’, agregó, ‘si es Tu deseo, protege también esta ciudad que es sostenida por Tu amor’.

Cristo respondió: ‘Tendrá que someterse a pruebas, pero será defendido por Mi protección’.

Entonces la virgen, alzando una cara bañada en lágrimas, consoló a las hermanas: ‘Les aseguro, hijas, que no sufrirán maldad; solo tengan fe en Cristo.

Al ver el coraje de las hermanas, los sarracenos tomaron el vuelo y huyeron hacia las paredes que habían escalado, desconcertados por la fuerza de la que rezaba.

Y Clara, inmediatamente, advirtió a aquellos que escucharon la voz de la que hablé arriba, diciéndoles severamente:

‘Tenga cuidado de no contarle a nadie acerca de esa voz mientras todavía estoy viva, queridas hijas’”.

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