levántate y anda. QUÉDATE conmigo señor.

Hoy a través de San Lucas se nos recuerda cómo el Resucitado se hace el encontradizo en la situación de frustración de los discípulos. Los dos de Emaús están viviendo una profunda decepción. Sus esperanzas puestas en Jesús se veían frustradas radicalmente. Sus ojos eran incapaces de reconocerlo. Pero, poco a poco, se va iluminando su tristeza. Gracias Padre por recordarnos hoy la belleza del camino de nuestra fe. 

Hechos 3:6 Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que ...
Tomada de internet

Anda, levántate y anda (A. Fraile)

No tengas miedo, tú no te rindas no pierdas la esperanza.
No tengas miedo. Yo estoy contigo en lo que venga…
y nada puede ni podrá el desconsuelo retando a la esperanza.
Anda… levántate y anda.
No tengas miedo, no desesperes no pierdas la confianza.
No tengas miedo. Yo estoy contigo siempre y a donde vayas.
No dejes que envejezca un solo sueño cosido a alguna almohada.
Anda… levántate y anda.
No tengas miedo Yo te sujeto sólo confía y salta.
No tengas miedo voy a cuidarte te alzaré cuando caigas.
Siempre puedes empezar de cero Yo lo hago todo nuevo.
Anda… levántate y anda.
Tú eres mi sueño y mi causa no pienses que voy a dejarte caer
voy a despertarte y estaré a tu lado
para que cada día sea un nuevo renacer.
Y para que tengas vida… Anda Levántate

“No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda»” (Hch 3, 1-10.)…

Bendito seas Señor que das tus fuerzas a mis manos y tus palabras a mi boca para traer tu gracia, tu sanaciòn, tus portentos, tu felicidad. Das a mi corazón tu amor para inundarlo de tu paz y misericordia. Me das tu sabiduría para anhelarte y buscarte con todo el amor de mi alma.
Hoy ilumina mi entendimiento con la luz de la Fe. No permitas que las circunstancias que vivo me hagan vacilar. No dejes que la tristeza inunde mi esperanza y que los momentos difíciles me hagan retroceder.
Ayúdame Señor a tener una Fe que trae milagros, una Fe que transforma el dolor en gozo, una Fe capaz de saltar de alegría en las pruebas y encontrar resurrección cuando todo parece oscuro. Dame una Fe que me ayude a no tener miedo, a vivir en la libertad con la que cristo me ha liberado.
Que el nombre de Jesus sea mi arma para la lucha, sea mi defensa y sea mi escudo. Que el nombre sobre todo nombre traiga salvación a mi vida y a todos aquellos que lo invocan con sinceridad de corazón. Amén.

La fe ahuyenta la decepción y la desesperanza y Hace al débil fuerte.
Pbro. Javier Fuenmayor

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Quédate conmigo, Señor (Padre Pío)

Quédate conmigo, Señor, porque es necesario tenerte presente para no olvidarte. Tú sabes con cuánta facilidad te abandono.

Quédate conmigo, Señor, porque soy débil y tengo necesidad de tu fortaleza para no caer tantas veces.

Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi vida y sin Ti disminuye mi fervor.

Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.

Quédate, Señor, conmigo, para que oiga tu voz y la siga.

Quédate, Señor, conmigo, porque deseo amarte mucho y estar en tu compañía.

Quédate, conmigo, Señor, si quieres que te sea fiel.

Quédate conmigo, Señor, porque aunque mi alma sea tan pobre, desea ser para Ti un lugar de descanso, un nido de amor…

Quédate, Jesús conmigo, porque se hace tarde y el día declina… Esto es, se acerca la muerte, el juicio, la eternidad…

Quédate conmigo; necesito redoblar mis fuerzas a fin de no desfallecer en el camino y para esto tengo necesidad de Ti.

Se hace tarde y viene la muerte.

Me inquietan las tinieblas, las tentaciones, las arideces, las cruces, las penas… ¡Cuánta necesidad tengo de Ti!

Haz que te conozca, como tus discípulos, al partir el pan. Esto es: que la unión eucarística sea la luz que disipe las tinieblas, la fuerza que me sostenga y la única alegría de mi corazón.

Quédate, Señor, conmigo, porque cuando llegue la muerte quiero estar unido a Ti, si no realmente por la Santa Comunión, al menos por la gracia y el amor.

¡Quédate, Jesús, conmigo! No te pido tu divina consolación, porque no la merezco, pero el don de tu santísima presencia… ¡eso sí, te lo pido!

¡Quédate, Señor, conmigo! A Ti solo busco: tu amor, tu gracia, tu voluntad, tu corazón, tu espíritu, porque te amo y no quiero otra recompensa que amar.

Quiero un amor ferviente y profundo.

Quiero amarte con todo mi corazón, aquí en la tierra, para seguir amándote con perfección por toda la eternidad. Así sea.

Quédate, Señor, conmigo, porque ten necesito ver presente para no olvidarte, pues ya sabes con cuenta frecuencia te abandono.

Quédate, Señor, conmigo, porque soy muy débil y necesito de tus alientos y de tu fortaleza para no caer tantas veces.

Quédate, Señor, conmigo, porque Tú eres mi vida y sin Ti con frecuencia decaigo en el fervor.

Quédate, Señor, conmigo, porque Tú eres mi luz y sin Ti estoy en tinieblas.

Quédate, Señor, conmigo, para que oiga tu voz y la siga.

Quédate, Señor, conmigo, para demostrarme todas tus voluntades.

Quédate, Señor, conmigo, porque deseo amarte mucho y vivir siempre en tu compañía.

Quédate, Señor, conmigo, porque todo mi ser te está consagrado y Tú me perteneces.

Quédate, Señor, conmigo, y haz de mi corazón una celda de amor de la cual nunca te alejes.

Quédate, Señor, conmigo, si quieres que se te fiel.

Quédate, Señor, conmigo, porque aunque mi alma es muy pobre, deseo que sea para Ti un lugar de consuelo, un huerto cerrado, un nido de amor.

Quédate, Señor, conmigo, y haz que tu amor me inflame tanto que me consuman sus amorosas llamas.

Quédate, Señor, conmigo, porque se hace tarde y declinan las sombras, es decir, se pasa la vida, se acerca la cuenta, la eternidad, y es preciso que redoble mis días, mis esfuerzos, que no me detenga en el camino y por eso te necesito. Se hace tarde y se viene la noche, me amenazan las tinieblas, las obscuridades, las tentaciones, las sequedades, penas, cruces, etc., y Tú me eres preciso, Jesús mío, para alentarme en esta noche de destierro, ¡Cuánta necesidad tengo de Ti!

Quédate, Señor, conmigo, porque en esta noche de la vida y de los peligros, deseo ver tu claridad, muéstrame y haz que te conozca como tus discípulos en el partir del pan, es decir, que la unión Eucarística sea la luz que aclare mis tinieblas, la fuerza que me sostenga y la única dicha que embriague mi corazón.

Quédate, Señor, conmigo, porque cuando llegue la muerte, quiero estar junto a Ti y si no realmente por medio de la Sagrada Comunión al menos quiero tener mi alma unida a Ti por la gracia y por un abrasado amor.

Quédate, Señor, conmigo, no te pido sentir tu adorable presencia y tus regalos divinos que no los merezco, pero tu residencia en mi por la gracia ¡oh, sí que te la pido!

Quédate, Señor, conmigo, pues a Ti sólo te busco, tu amor, tu intimidad, tu Corazón, tu espíritu y tu gracia. Te busco por Ti mismo porque te amo; y no te pido más recompensa que amarte con solidez, prácticamente, amarte únicamente, amarte cuento puedo, amarte con todo mi corazón en la tierra para seguir amándote con perfección por toda la eternidad.