La fe de Pedro fue puesta a prueba… estás preparado(a) para la tuya?

Pedro es un apóstol que ha dudado mucho. Cuando Jesús anuncia su Pasión, para él es un sorpresa, y llegará a negar a Cristo. Tal vez tenía que pasar por todo esto para ser verdadero testimonio de Dios, con una fe purificada por la prueba.

es.la-croix.com 22 de enero de 2018

Pedro es puesto a prueba

Negación de San Pedro (1873). Carl Heinrich Bloch

Cuando creer es fácil

Él se levantó y le siguió. La confianza de Jesús se manifiesta en el don de un nombre nuevo: Simón se convierte en Pedro, aquel sobre el que sostenerse, sobre el que construir. Es la época de las curaciones y los exorcismos y todo parece posible. La fe de Pedro en Jesús le permite, por obediencia, caminar sobre las aguas. Sin embargo, en este episodio, tan lleno de fe, la duda ya está ahí: mientras camina sobre las olas, Pedro tiene miedo del viento, empieza a hundirse y pide ayuda al Señor, que le agarra y le dice: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?» (Mateo 14, 22-33). Mientras Jesús está presente y sus órdenes son claras, todo parece posible para el que cree

Cuando se hace difícil creer

La fe empieza a ser puesta a prueba con el anuncio de la subida a Jerusalén, para que Jesús sufra su Pasión, muera y resucite. La sorpresa es demasiado grande para Simón Pedro, que se lleva a Jesús aparte y le dice: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús lo pone en su lugar, detrás de él, y afirma: «Tú piensas como los hombres, no como Dios» (Mateo 16, 22-23). Cuando Pedro afirmaba que creía y que sabía que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios, ¿qué había detrás de estas palabras? La prueba de fe para Pedro es seguir creyendo cuando los signos son menos y la palabra de su maestro trastorna su lógica humana, que es también la de los otros discípulos.

El tiempo de la negación

Este camino de fe y de duda lleva a Simón Pedro hasta su propia pasión, reflejada en su triple negación, mientras Jesús es entregado a las autoridades religiosas de Judea. Pedro deja de ser el apoyo, porque toda su confianza ha desaparecido; pero también deja de ser Simón, nombre cuya etimología en hebreo remite al verbo «escuchar», porque no ha querido oír lo que Jesús le ha dicho. Lo único que puede hacer es irse, entre lágrimas amargas, aparentemente derrotado.

Pero unas horas antes, si seguimos leyendo a san Lucas, el maestro le había advertido con estas palabras: «Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos» (Lucas 22, 31-32).

Una fe de resucitado

Después de la resurrección y la ascensión, Pedro se convierte en el portavoz de toda la comunidad. Sus discursos demuestran la inteligencia de la Escritura a la que se ha abierto. Hombre de fe, sana un enfermo de nacimiento en nombre de Jesús y a muchos otros allí donde va, e incluso resucita a una viuda. Hombre de fe, afirma ante las autoridades del Templo: «No hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos» (Hechos 4, 12) y está dispuesto a ir a la cárcel por Jesús, feliz de sufrir por el Mesías, cierto de Su victoria.

Cuando el Señor quiere ampliar la comunidad de creyentes más allá de los límites del judaísmo, envía a Pedro una visión para hacerle comprender que también los paganos son llamados a creer en Jesús. Pedro se convierte, así, en el artífice de su acogida en la comunidad de creyentes (Hechos 10 y 11).

Cuando Pedro, durante la Pascua, es amenazado de muerte por el rey Herodes Agripa (Hechos 12), Dios le libera de la cárcel, como había liberado a Jesús de la muerte, y Pedro puede partir para testimoniar su fe allí donde Dios le llevará.

REMBRANDT HARMENSZOON VAN RIJN REMBRAND

P. François Lestang, maestro de conferencias en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Lyon.

Escena película La Pasión
Anuncio de la Negación, escena película La Pasión

La negación de Pedro, 1625 de Peter Wtewael (1596-1660 

Oración para tener fortaleza en la prueba

Oh buen Jesús, gracias por permanecer a mi lado en todo momento, sobre todo en aquellos en que me siento derrotado por las tempestades en las que a veces creo que voy a sucumbir.

Te entrego todo lo que estoy viviendo y todo aquello que ha puesto freno a mis deseos de superación. Bendice mi trabajo, mis esfuerzos por intentar dar lo mejor de mí. Te alabo y te bendigo por todas las cosas que me das y por todo el amor que me regalas.

Señor mío, sé que cuento con tu bendición y con tu protección en medio de las tribulaciones de la vida.

Yo sé cuáles son mis debilidades y mis limitaciones, todos esos errores que me llevan a faltarte y a faltarles a mis hermanos, pero aun así me amas y me buscas, sin que yo crea merecerlo.

A veces siento que pones a prueba mi fe, mil tormentas hacen tambalear mis pisadas haciéndome perder el horizonte de tu amor; pero sé que al final me darás una prueba de tu gran amor y tu gran compasión, si aprendo a ser paciente ante tu aparente silencio y a tener confianza en ti.

Amor, paciencia y confianza: lo que a mí me falta y espero de Ti. Amor a ti y al prójimo, paciencia ante las pruebas que no faltan, confianza en tu infinita misericordia.

Amén.

«Y saliendo fuera, lloró amargamente»

Lucas 22, 62

No son mis ojos, Señor
no son mis ojos.

Es mi corazón que llora
en las tinieblas
.

Es esta honda clavija
en mi médula desierta
y cada lágrima quemada
es un dolor de fuego
sobre mi alma.

En lo hondo del desgarro
la flaqueza fue el puerto
de mi noche caída
(breve puede ser el tiempo
de la destrucción
pero larga la cárcel del insomnio)

Porque no son mis ojos, Señor,
no son mis ojos

Es mi corazón que llora,
mi llaga en las tinieblas.

Amalia M. Abaria

Las lágrimas de San Pedro
Obra de El Greco
Detalle del cuadro del Greco
Las lágrimas de San Pedro, copia del original de José de Ribera (Museo del Prado)

Oración para cuando tenemos dudas

Cuando las dudas nos asaltan, cuando las preguntas nos obsesionan y se quedan sin respuesta; cuando nuestros ojos dejan de ver,cuando nuestros oídos permanecen sordos…

Cuando la soledad nos pesa, cuando Tú nos pareces ausente; cuando las preocupaciones nos hacen perdernos…

Cuando ocurren desgracias, cuando todo parece perdido; cuando la debilidad gana el terreno y consume al entusiasmo…

Cuando la rebeldía nos supera, cuando la tristeza nos hunde; cuando la noche parece ganar al día, cuando la muerte parece tener la última palabra sobre la vida…

Concédeme, Señor, no dudar ni un solo instante de tu Amor



Categorías:Apóstoles, Cruz, Enseñanza, Espiritualidad, Oraciones, Semana Santa

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2 respuestas

  1. Yo ya pase la prueba y si quieres saber como, te recomiendo que leas mi libro EL SECRETO DE MI TRIUNFO Y LIBERACION

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