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Lunes Santo, y el Buen Olor de Cristo

María tomó una libra de nardo precioso y ungió los pies del Señor y los limpió con sus cabellos. Ya antes de su conversión había ungido los pies de Cristo. Úngelos ahora en agradecimiento de haber resucitado a Lázaro.

María ofrece a Jesús cuanto tiene de mayor valor y lo hace con un gesto de profunda devoción. El amor no calcula, no mide, no repara en gastos, no pone barreras, sino que sabe donar con alegría, busca sólo el bien del otro, vence la mezquindad, los resentimientos, la cerrazón que el hombre lleva a veces en su corazón. María se pone a los pies de Jesús en humilde actitud de servicio, como hará el propio Maestro en la última Cena, cuando, como dice el Cuarto Evangelio, “se levantó de la mesa, se quitó sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una jofaina y se puso a lavar los pies de los discípulos (…) para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” 

Minutos de Amor 2014
Imágen de Internet

La regla de la comunidad de Jesús es la del amor que sabe servir hasta el don de la vida. Y el perfume se difunde: “Toda la casa (anota el Evangelista) se llenó del olor del perfume” (Jn. 12, 3). El significado del gesto de María, que es respuesta al amor infinito de Dios, se expande entre todos los convidados; todo gesto de caridad y de devoción auténtica a Cristo no se limita a un hecho personal, no se refiere sólo a la relación entre el individuo y el Señor, sino a todo el cuerpo de la Iglesia; es contagioso: infunde amor, alegría y luz”.

Papa Benedicto XVI

A QUIEN MUCHO SE LE PERDONA,
MUCHO AMA

¡Cuántas veces al mirarte a los ojos, Señor mío,
sentía tu llamada a la conversión, …
a reorientar mi vida hacia un amor más grande,
dejándome abrazar en el sacramento del perdón!

A quien mucho se le perdona, mucho ama.

¡Cuántas veces en el silencio de cada día miraba al corazón de Jesús
y descubría la fuente de su amor
que me ofrecía su perdón y su infinita misericordia!

A quien mucho se le perdona, mucho ama.

¡Cuántas veces me sentí conmovido
por aquella mujer arrepentida
que se sintió perdonada por Jesús,
que derramó sus lágrimas a los pies del Maestro,
que le secaba los pies con su cabello
y se los ungía con un carísimo perfume!

A quien mucho se le perdona, mucho ama.

¡Cuántas veces he llorado mis pecados
como la mujer pecadora, derramando lágrimas,
no a los pies de Jesús,
pero sí en el lecho de mi cama
y en mi más íntima soledad!

A quien mucho se le perdona, mucho ama.

¡Cuántas veces me he sentido incomprendido,
juzgado y criticado por los demás,
a pesar de que lo que intentaba y luchaba
era hacer el bien y derramar amor!

A quien mucho se le perdona, mucho ama.

Que no sea mi Señor
como el fariseo que te acogió en su casa
pero no te alojó en su corazón,
que te invitó a una cena
pero no te ofreció el beso de la paz,
que creyéndose perfecto
rechazaba y discrimina a la mujer pecadora
condenándola en vez de salvarla.

A quien mucho se le perdona, mucho ama.

Sí, mi Señor, ten piedad de mí, porque soy pecador,
porque a veces hago lo que no quiero,
porque busco tu amor y no lo encuentro,
porque cuando todo se tuerce
creo que me has abandonado
y ya no estás ahí junto a mí
acompañándome en mi camino
y en mi soledad me siento solitario
como arrojado al vacío o al abismo.

A quien mucho se le perdona, mucho ama.

Sí, mi Señor, ten piedad de mí,
porque soy pecador,
porque necesito tu amor y tu perdón,
te necesito a ti y tu bendición. Amén.

(Pbro Lázaro Albar)

Categorías:Mujer Oraciones Semana Santa

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unpasoaldia

Un caminante en la fe, obediente a la Santa Iglesia y en espera de la conquista del Santo Cielo

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