Las más bellas palabras pronunciadas por San José y NO lo sabías

Estas bellas oraciones a Dios Padre fueron pronunciadas por San José y las encontramos gracias a la Revelación Mística de la Hermana María Cecilia Baij, Religiosa benedictina en Revelación Mística en el año 1736.

Vida del Glorioso Patriarca San José Esposo purísimo de la Gran Madre de Dios y Padre Adoptivo de Jesús, manifestado por Jesucristo a la Hna. Cecilia Baij en revelación. Año 1736.

Vida de San José revelada a la Hermana María Cecilia Baij

Año: 1736 / Lugar: Monasterio Benedictino de MONTEFIASCONE, Italia

Revelaciones sobre la Vida de San José

Vidente: Hna. Mª Cecilia Baij (1694-1766)

Al tener que dar comienzo para escribir la Vida del glorioso Patriarca San José, confieso la insuficiencia y mi indignidad, y que yo de este Santo nunca he leído cosa alguna, habiendo oído solamente ese poco que Jesucristo se ha dignado manifestarme en la misma manera en la cual se ha dignado manifestarme Su Vida interior.

He sentido cierta resistencia al escribir esta Vida, pero animada por la Gracia Divina y por las Promesas que me han sido hechas por el Esposo Divino de asistirme de una manera particular, como también de la santa obediencia y de la Gracia que el Santo me hizo de restituirme la salud y liberarme de una fuerte palpitación del corazón, me pongo a escribirla tal cual me ha sido manifestada por Jesucristo, y ruego a quien la leerá, para que no se viera escandalizado, si es que yo me llamo ‘esposa predilecta de Jesús’, porque este título de honor Él mismo me lo ha dado una y más veces, puesto que también se ha dignado cambiarme mi apellido, ordenándome para que me llamara María de Jesús.

No se sorprendan, pues, si Jesús se ha dignado honrarme de esta manera, porque es propio de Su Bondad favorecer a los pecadores que se convierten a Él; ahora mucho más Se ha dignado favorecerme siendo la más grande pecadora del mundo, haciendo con esto resaltar aún más Su infinita Misericordia y Bondad, de modo que aún más los pecadores tomen ánimo y confíen en Su Bondad y de corazón se conviertan a Él; como espero hacer yo, criatura miserable y muy indigna pecadora.

Hna. Ma. Cecilia Baij

Resultado de imagen para el niño San José

Muy niño, al conocer el Templo de Jerusalén exclamó:

-“Si tanto gozo se experimenta al estar en el Templo de Jerusalén, qué gusto y consuelo se sentirá al ir a vivir en la propia casa donde está nuestro Dios, y qué grande será la magnificencia de ese lugar?, iAh!, oremos a nuestro Dios para que nos envíe pronto al Mesías prometido, de modo que por medio de Él seamos hechos dignos de ir a ese lugar también nosotros después de la muerte”-.

Suplicaba la pronta venida del Mesías así:

-“Orad a menudo a nuestro Dios para que se digne acortar el tiempo de sus promesas. ¡Oh!, dichosos de nosotros si podemos obtener esta Gracia, ¡y la dicha de ver al Mesías entre nosotros!, ¡Oh, que suerte sería la nuestra!, !Oh, ¡cuánto quisiera gastarme totalmente para servirlo y honrarlo!”-.

Muy joven, otros jóvenes muy libertinos lo maltrataban y por ellos oraba así:

“Vos sabéis, Padre mío, cómo han sufrido de buena gana las injurias nuestros Patriarcas y Profetas; cómo el Rey David sufrió ser perseguido e insultado; y nosotros sabemos que estos eran los amigos más favorecidos por nuestro Dios, así pues tenemos que imitarlos, puesto que Dios nos manda la ocasión”.

En sus momentos de confusión en la juventud orba así:

“Yo soy una criatura miserable; alabemos a nuestro Dios, porque Él es digno de alabanza. Él es perfectísimo en todas sus obras divinas. Él solamente es digno de ser alabado y exaltado”.

Se lamentaba por las almas que veía perderse

“Lloro la pérdida irreparable de tantas almas que Dios ha creado para llevarlas al eterno descanso, pero ellas, por su culpa, se pierden. El demonio tiene un gran dominio sobre el género humano; y por lo tanto roguemos para que se digne enviar pronto al Mesías, de modo que le quite el dominio, las fuerzas, y las almas queden así libres de la tiranía de tan cruel dragón”.

Al morir su padre Jacob, oró así:

-“Oh, Dios de Abraham, ¡de Isaac y de Jacob!”. “¡Oh, Dios mío! Eh aquí que he quedado privado del padre y de la madre a quienes Vos habéis creído conveniente sacarlos de las miserias de esta débil vida. Ahora yo os suplico para que os dignéis recibirme totalmente bajo vuestra protección, mientras yo de nuevo me entrego y sacrifico totalmente a Vos. Siempre he sido protegido y defendido por Vos y siempre he sido vuestro siervo, pero ahora de nuevo me entrego a Vos, y os suplico para que tengáis todo el cuidado y dominio sobre mí. Ahora no estoy sujeto a nadie más que a Vos; ¡Dios mío!, hacedme pues la Gracia que yo también pueda deciros con el real profeta: Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me acogerá (Salmo 26, 10). De ahora en adelante Vos seréis mi padre, mi protector, mi madre y todo mi apoyo y refugio; haced de mí y de todo lo que me pertenece lo que os plazca, y que se cumpla en mi vuestra Divina Voluntad en todas las cosas; dádmela a conocer porque yo estoy dispuesto a llevarla a cabo en todo y para todo”.

Alguien quiso golpearlo y así respondió:

“Que Dios os perdone hermano, porque, aunque yo merezca esto por mis pecados, a pesar de esto no os he dado motivo para que hagáis esto contra mía”

-“Dios mío, Vos me habéis asegurado de asistirme y defenderme en todas las circunstancias de mi vida y ya sabéis que yo no tengo a otros fuera de Vos; por lo tanto, acudo a Vos de modo que me ayudéis y me defendáis de mis enemigos”-.

Quisieron corromper su pureza y así clamó a Dios Padre:

“Vos, Dios mío, bien sabéis que me he consagrado a Vos, con voto, mi virginidad. ; Oh, no permitáis que sea angustiado al respecto!”-.

“El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el refugio de mi vida: ¿podrá hacerme temblar? Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme” (Salmo 26, 1-3). “Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque Tú vas conmigo”. (Salmo 22, 4).

Cuando sentía la ausencia de Dios en su vida, así le oraba:

-“¡0h Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob!; ¡Oh Dios mío! del cual tanto bien he recibido, que sois toda mi herencia, todo mi consuelo, ¡tened compasión de vuestro indigno y despreciable siervo! Vos me habéis prometido vuestra ayuda, vuestro favor; ahora es tiempo que mantengáis vuestra promesa y me consoléis en tanta pena mía. ¿Qué mal os he hecho, para que Vos os hayáis alejado de mí? hacedme la Gracia para poderlo conocer!; Oh!, mucho os he ofendido, es verdad, pero Vos sois bueno, Misericordioso, por lo tanto, os pido perdón. Es verdad que yo no lo merezco, pero Vos sois bueno y por lo tanto lo espero”.

Oraba siempre por las almas que se perdían en el pecado:

-“Oh Dios mío y, ¿ por qué yo tengo solo un corazón para amaros, bondad infinita?, y, ¿por qué no tengo yo los corazones de todos los hombres y así consagrarlos a vuestro Amor? Vos sois nuestro Padre que nos habéis creado con tanto Amor y nos conserváis la vida, de modo que al vivir amemos vuestra bondad; ¿y dónde está el amor que como hijos os debemos? ¡Oh!, ¿cómo pueden olvidarse de Vos las criaturas mientras son obras de vuestras manos y tienen vuestra semejanza? ¡Ah¡, es que mi mente todavía no sabe entender por qué las criaturas viven olvidadas de Vos Padre amado!”

Elevaba plegarias de Reparación por las ofensas a Dios Padre:

“Oh Dios mío, yo soy un miserable, no merezco ser escuchado, pero uno estas súplicas mías a las que os dirige la niña María, porque sé que las suyas son gratas y muy agradables delante de Vos; así mis súplicas unidas a las suyas, estoy seguro de que serán de mucho agrado para Vos, y que os moveréis a compasión de quien vive alejado de Vos y camina hacia la perdición, dándole la Luz para que reconozca sus errores y la Gracia para que se convierta a Vos de todo corazón”.

-“Dios mío que no se pierda ninguna alma que Vos habéis creado a tu Imagen y Semejanza”-

Seguía suplicando por la venida del Mesías:

-“¡0h, dichosos los ojos de aquellos que verán al Mesías encarnado! dichosos los oídos que oirán sus Divinas Palabras! ¡Y más dichoso todavía el corazón que lo amare y se entregare a Él!”-

-“Oh Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, Oh Dios, mío, cuándo llegará el tiempo en el cual estaré feliz totalmente ocupado para Vos? cuándo se cumplirá vuestra promesa? Mi corazón arde de deseo de ocuparme pronto totalmente para Vos. Oíd mis súplicas y atended mis deseos”-.

Y se entregaba a la Divina Voluntad así:

-“Oh Dios mío, inmenso, incomprensible, ¿quién soy yo para que tanto me favorezcáis?  cómo es que vuestra inmensa grandeza se digna tratar conmigo, despreciable gusano; ¿y hacerme tan grandes favores? Que Vos os hayáis inclinado para tratar con los profetas, con los patriarcas, es una cosa bien grande, pero conmigo, muy despreciable siervo vuestro, es cosa para quedar estático por la maravilla. Oh, ¿cómo, Dios mío, corresponderé a tanta bondad, a tanta complacencia, ¿a tanto Amor? Ah, Dios mío, heme aquí todo vuestro, haced de mi todo lo que os plazca. Otra cosa no tengo para daros, sino a mí mismo y toda mi vida; yo quiero entregarme de nuevo a Vos, y si pudiera tener en mi libertad a los corazones de todas las criaturas, todos os los entregaría y todos los consagraría a Vuestro Amor. Dios mío, inmenso, infinito, inefable, incomprensible, recibid el pequeño ofrecimiento de vuestro despreciable siervo y esclavo José, que se entrega a Vos de todo corazón”-.

Así se dirigía a su Ángel Custodio:

: -“Oh, qué hermosa suerte la mía, tratar con una criatura que Dios me dará para hablar de sus grandezas, su bondad, su infinito Amor, sus divinas perfecciones, y esta criatura se dignará tratar conmigo, ¡y no rechazará mi vileza, mi pobreza, mi bajeza, mi indignidad!; Oh, ¡qué bueno sois Vos conmigo, Dios mío!; Oh, cómo secundáis los deseos de quien confía en Vos!”-.

Así oraba por los demás:

-“Dios mío, Vos ya estáis viendo mi pobreza y mi insuficiencia, y que no puedo hacer el bien que quisiera a mi prójimo; por lo tanto, Vos que sois rico en Misericordia y que sois todo caridad y Amor, socorred Vos a las necesidades de todos, consolad a los afligidos, ayudad a los necesitados porque Vos todo lo podéis. Gozo, Dios mío ser pobre, e incapaz, porque Vos sois sumamente rico y todo lo podéis; por eso yo os pido aquello que yo no puedo ni sé hacer”-.

Siempre lleno de Amor a Dios exclamaba:

-” ¡Pues bueno sois, Dios de Israel! qué fiel sois a vuestras promesas! Mi alma desea la Gracia prometida, pero mucho más, desea el aumento de vuestro Amor y de glorificaros en todas mis acciones”-.

Al presentarse al Templo y salir de él con María oró así:

-“Oh Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, Dios mío y mi Sumo bien, reconozco que yo he sido siempre protegido por Vos en todas mis obras. Asistido y consolado en todas mis angustias, defendido de todos mis adversarios, y consolado en todas mis penas; nunca he desconfiado de vuestra protección, habiendo experimentado en todo vuestra gran fidelidad y Misericordia, ahora os pido vuestro favor, ayuda y consejo, en la presente ocasión. Yo me conozco muy indigno del favor sublime que pueda tocarme la suerte de tener como esposa y compañera a la Santa doncella María, y por lo tanto no tengo ninguna pretensión de ello y mientras tanto acudo a ello, porque así esta prescrito, habiendo sido del agrado de vuestra bondad, hacerme nacer de la estirpe de David, de cuya descendencia prometisteis hacer nacer al Mesías; por eso os suplico para que busquéis para la Santa doncella un esposo que sea digno de Ella y según vuestro Corazón y a mi aumenta vuestra Gracia y vuestro Amor. Y yo todo me pongo en vuestras manos Divinas, y hágase de mí todo lo que os plazca, declarándome que otra cosa no deseo que se cumpla en mí vuestra Divina Voluntad”.

-” ¿Serán dignos mis ojos de ver a esta Santa doncella, a este prodigio de la Gracia? ¡Oh, que suerte la mía!; Oh dichoso quien le tocará en suerte tenerla como esposa y fiel compañera! Yo no deseo tenerla como compañera, siendo demasiado despreciable e indigno, pero si pudiera tener la suerte de ser su siervo, ¡cómo me consideraría feliz!”-.

Así fue su respuesta al conocer que era el elegido para ser el esposo de María:

-” Y ¿de dónde a mí, Dios halló, un favor tan grande? Y, ¿cuándo yo he sido merecedor de una Gracia tan especial?; Oh, ¡con razón me dijo el Ángel que Vos me habríais hecho una Gracia muy grande y que me preparara para ello!, ahora entiendo cuál fue la purísima paloma que me fue dada en la mano, de modo que yo fuera el guardián de su pureza. Y lo seré, Dios mío, con la ayuda de vuestra Gracia y con el favor de mi querida paloma y esposa, María”.

-“Dios mío, Vos me habéis hecho una Gracia tan grande en darme en custodia a vuestra predilecta y amada doncella María, que ahora yo no tengo más que desear, mientras en Ella mi espíritu encuentra todo lo que sabe desear, y sus palabras me consuelan lo suficiente. Ella es un tesoro, el cual siempre será más apreciado por mí, puesto que siempre más voy conociendo sus méritos y las sublimes virtudes de las que la habéis colmado”-.

Así le hablaba a la bella Doncella María Santísima:

-“Creed, esposa mía, que Dios me ha hecho una Gracia tan grande en daros a mí por compañera, que ahora no se más que desear, solo el cumplimiento de la Divina Voluntad y de ocuparme en todo para servir a nuestro Dios. Y no será poca mi suerte, que yo pueda manteneros con el trabajo que realizaré para agradar a Dios y a ti, y que me ocupe en el trabajo que he aprendido para mi sustento. Cuando luego Dios quiera que me ocupe en otra cosa, y no sea de vuestro agrado, heme aquí dispuesto a hacer todo”-.

“Si yo no supiera quien es mi esposa y si no la conociera como hija de Joaquín y Ana, diría ciertamente que habría bajado del Cielo, puesto que a mí me parece que una criatura humana no es capaz de tanta virtud y de tanta Gracia”-.

“¡0h esposa y paloma mía, que dicha me causan vuestros cánticos, las alabanzas, que con tanta gracia ofrecéis a nuestro Dios; Oh, ¡siempre más tengo que admirar los tesoros de Gracias que nuestro Dios ha puesto en vos! Procurad también corresponder con igual amor a la divina generosidad, mientras yo también os haré compañía y siempre alabaré y bendeciré a nuestro Dios, que se ha dignado enriqueceros de tanta Gracia y de tantos dones; y vos hacedlo por mí, que me ha escogido entre tantos, para gozar de vuestra amable y deseable compañía”-.

-“Oh, dichosa Ella, que verdaderamente se hace digna de las visitas de nuestro Dios, pues es totalmente Santa y muy perfecta en todas las virtudes”-.

-“Sabed, esposa mía, que ahora ya no me habla el Ángel en el sueño, como antes, sino muy rara vez. Yo sin embargo estoy contento de cuanto dispone Dios, siendo suficiente tener la suerte de tratar con vos, habiendo yo deseado tanto una criatura con la cual pudiera conversar acerca de las grandezas de nuestro Dios, y el Ángel me prometió que la habría conseguido; pero no creí nunca que me hubiere tocado una suerte tan feliz de tratar con vos y de oír vuestras pláticas tan llenas de Sabiduría Celestial”-.

-“Esposa mía, vos sois suficiente solamente con vuestro canto, para consolar cualquier corazón afligido. ¡Oh, que consuelo me causáis!; Oh, ¡que alivio yo siento en mi cansancio! ¡Y qué suerte ha sido la mía poder tratar con vos, por sobre otros! Y si únicamente el veros me causa tanto consuelo, podéis creer como esté consolado por sobre otros. ¿Pero qué hare para mi Dios que se ha dignado hacerme tanta Gracia?”-.

No perdía la esperanza de la llegada pronto del Mesías:

-“Oh Dios mío, es tiempo ya de que se cumpla vuestra promesa y que enviéis al mundo al deseado y esperado Mesías, de modo que redima a vuestro pueblo y al mundo entero, el cual vive en la esclavitud. Veis que pocos son aquellos que os conocen y que os aman, por lo cual tendréis que enviar a Aquel que dará a conocer al mundo vuestro Nombre y vuestro poder, bondad y Misericordia con todas vuestras divinas perfecciones: y solamente vuestro Unigénito será capaz de hacer esto y de enseñar a todos el verdadero camino que conduce a la salvación”-.

Cuando junto a María Santísima pensaban sobre la venida del Mesías:

-“Si tendremos la suerte de saber que el Mesías ha venido al mundo, por cierto iremos enseguida a adorarlo y a expresarle nuestro vasallaje, suplicándole para que nos quiera admitir en el número de sus esclavos y siervos, aunque los más pequeños, y será nuestra suerte si nos aceptara y a cualquier parte del mundo que Él venga, nosotros enseguida iremos a verlo  sin esperar nada. ¡Oh!, dichosos y felices de nosotros si tendremos esa suerte; que nuestros ojos puedan verlo, ¡y nuestros oídos puedan oír sus palabras!”-.

-“Yo creo, esposa mía, que vos también habéis sido muy favorecida por las acostumbradas Gracias de nuestro Dios, porque veo en vos claras señales de ello. Y si estoy tan favorecido yo, que soy un miserable, ¿cuánto más habéis sido favorecida vos, que sois tan querida por Dios y que os ha enriquecido con tantas Gracias?”-.

“No temáis, porque me acordaré siempre de vos, no dejaré de encomendaros a Dios; y luego, al terminar los tres meses, volveremos de nuevo a estar juntos para alabar y servir a nuestro Dios. Mientras tanto no se dividirá ni se desunirá nuestro espíritu y nuestro amor hacia el objeto amado por nosotros que es nuestro Dios, dignísimo de toda alabanza, amor y servicio fiel. Ahora nos quiere hacer probar esta ausencia para ver si nosotros somos fieles a Él, si sabemos conformarnos a su Voluntad; y nosotros estamos en la obligación de mostrarnos muy fieles a Él, porque lo merece y porque mucho más que cualquier otra criatura gozamos de sus favores y de sus Gracias”-.

Así se expresaba de su bella Doncella y esposa:

-“Oh amada esposa mía, ¿cuándo seré considerado digno de volver a veros en casa, y entretenerme con vos en sagrados coloquios? ¡Oh, castísima y purísima paloma!, vos estáis lejos de mí, pero mi corazón esta con vos, y mucho os amo porque sois verdaderamente Santa y porque nuestro Dios ha depositado en vos el tesoro de muchas Gracias. Este amor mío creo que será agradable a nuestro Dios, porque por esto yo mucho os amo, porque en vos veo la abundancia de la Gracia Divina, y como nuestro Dios habita en vos por Amor, de modo que en vuestra persona yo entiendo amar a nuestro Dios, amando su Gracia, su Amor; y deseo vuestro regreso para poder encenderme siempre más en el amor de nuestro Dios, mientras vuestras palabras son como dardos que encienden el amor a Él; vuestras admirables virtudes son otros tantos estímulos a mi corazón para hacerme progresar en la perfección y en la práctica de esas virtudes de las cuales vos estáis tan llena”-.

Seguía esperando la llegada del Mesías:

-“Vos, Dios mío, sois el dueño absoluto de cuanto ahora yo estoy mirando. Vuestros son los cielos, vuestra la tierra, el mar, los dos; y todos están sujetos a vuestro dominio; y sin embargo Vos, siendo un Señor tan grande, ¡no menospreciaréis venir a vivir entre los hombres! Y, sin embargo, habrá quien tendrá la suerte de tratar con Vos también de una forma muy familiar; Oh, ¡gran Señor!, Oh, ¡gran Señor!”-

“Pues, si vendrá en nuestros tiempos, no despreciará tratar con nosotros, aunque pobres y despreciables; Oh, ¡felices de nosotros!; Oh, dichosos de nosotros, ¡si seremos hechos dignos de esta suerte!”-.

-“¡0h, Dios grande!, ¡Oh, Dios bueno!, iOh, ¡Dios infinito! ¿Y cuándo vuestro siervo llegue a amaros tanto cuanto conviene?, ¡y cuándo estaré todo dedicado a vuestro servicio?”-.

-“No nos cansemos nunca en pedir, porque confío que muchas Gracias recibiremos; y sigamos alabando y agradeciendo a nuestro Señor tan generoso porque lo merece y porque goza mucho de nuestra gratitud. Nosotros otra cosa no podemos hacer, que serle fiel en todo y alabarle y agradecerle continuamente porque también son continuas sus Gracias hacia nosotros, y agradeciéndole y siendo gratos hacia Él nos disponemos para recibir nuevas Gracias y favores”-.

No dejaba de expresarse a su Bella Esposa con tiernas palabras:

-“Yo conozco esto, porque desde que tengo la suerte de tratar con vos y que Dios me ha dado por fiel compañera, mi corazón se abraza de amor hacia mi Dios, mi espíritu no es capaz de otro consuelo que deleitarse en nuestro Dios, ni de otra cosa se preocupa, ni otra cosa desea, y quisiera todo consumirme en su Amor. Siento también cómo en mi alma hay algo que no sé, ni puedo explicar, y cómo nuestro Dios me hace degustar su dulzura y suavidad de un modo más sublime y excelente que antes. Todo esto yo estoy seguro de que me es participado a través de vuestra intercesión, porque nuestro Dios os ama mucho”-.

Para saber más detalles de la vida oculta de San José, éste es el enlace del Grupo de Whatsapp donde se comparte el relato de su vida:

https://chat.whatsapp.com/EedAA8eLDSMDrTzuMV7fqt