CAMINO DE CUARESMADÍA 13 – II LUNES DE CUARESMA

HUMILDAD EN LA MANSEDUMBRE

HUMILDAD EN LA MANSEDUMBRE

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Breve silencio para ponernos en presencia de Dios, rogando a María Santísima sea nuestra compañera y guía en este camino hacia el encuentro con su Hijo Jesucristo.

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ORACIÓN INICIAL

Jesús, quiero cruzar junto a ti el desierto de la humildad. Quiero salir más desprendido para poderte buscar con un corazón más libre. Ayúdame a que mi encuentro contigo en este desierto me haga más semejante a ti. Quiero ser dichoso por contarme entre tus elegidos.

CITA

Dichosos los mansos, porque heredarán la tierra. (Mt 5, 4)

REFLEXIÓN

Jesucristo es el ejemplo más perfecto de humildad. Nuestro Dios asume nuestra naturaleza y entra al desierto preparándose para su Pasión. Se retira para entrar una oración profunda con el Padre, donde Cristo acepta ofrecer el sacrificio de su vida y el Padre lo acepta con amor como precio por nuestra redención. Jesús es “manso y humilde de corazón”, es el Cordero de Dios.

Y con más humildad aún, antes de dejarnos y partir al cielo, decide regalarnos su presencia real en la Eucaristía y al mismo Espíritu Santo que habita en nosotros y lo revela en las Escrituras. Jesús sabe que necesitamos de Él, que solos no podemos continuar caminando por nuestro propio desierto hacia el cielo.

Jesús nunca fue más fuerte que en esos momentos; la humildad no debe confundirse con debilidad.

El humilde reconoce que no merece que Cristo haya muerto por Él, pero lo acepta con gratitud como una muestra de su amor y misericordia. Somos pequeños y débiles pero Dios es la Grandeza y la Fuerza. Somos imperfectos pero Dios es perfecto, y nosotros seremos purificados por Él en la medida que permanezcamos unidos a su corazón.

El humilde a través de su limitación se abre y reconoce el amor del Padre. Un amor que se ofrece a nuestra alma y que solo pide una respuesta, desde la libertad.

Dios no quiere un pueblo de súbditos obedientes que cumplen órdenes, sino de corazones que voluntariamente eligen seguirlo y amarlo. No busca sujetos infalibles a la hora de seguir indicaciones, sino almas frágiles que en su miseria deciden acogerse a su misericordia con confianza diciendo: “si quieres, puedes curarme”.

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ORACIÓN

NO TE CANSES SEÑOR

No te canses de esperarme como tu oveja
No te canses de llevar mi pecho a tu cabeza
No te canses de presentarte como mi certeza
No te canses de descubrirme tu belleza

Mi cansancio me pesa sin medida
Ya no avanzo y me quiebra mi herida
Estoy perdido y necesito una guía
Quiero ser feliz, pero no encuentro la salida
No te canses, Señor, no te canses

Del libro Jesús a mi alma. P. Guillermo Serra L. C.

PROPÓSITO

Buscaré un tiempo de oración y tomaré la oración final “No te canses” y la continuaré junto a Jesús, diciéndole desde mi corazón, de qué no se tiene que cansar en mi vida personal.

Autor: Padre Guillermo Serra, L.C.