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Tengo Fe, pero dudo; Ayúdame!

Quiero ver y creer cómo en tus manos, Señor del alba, el imposible se hace posible, aunque sea tarde.

Salmo de lo imposible

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Quiero acercarme, Señor del alba, al corazón del misterio. Quiero ver cómo del corazón puro de una virgen, surge una madre. Quiero ver hacer de lo imposible, posible, y creer cuando no hay razones -sólo en pura fe-, la razón aguante. Quiero ver, con ojos de ver, desde lo profundo del hombre, la tensión de José que espera lo que es suyo y le pertenece y que, cuando llega la hora del regreso de María, no sabe lo que ha pasado en su pureza y ternura de novia y su vida se moja y siente frío, hasta encharcarse.

Quiero ver y creer cómo en tus manos, Señor del alba, el imposible se hace posible, aunque sea tarde. Quiero ver cómo un Dios se hace niño y descansa en unas pajas, y unos pastores le descubren como Dios, entre pañales. Quiero ver cómo la gran noticia se hace fiesta en la noche cuando la gente duerme, y las estrellas velan, la gente grande. Quiero creer cómo lo imposible se hace posible en tus manos y cómo la fe pura enciende el leño seco y arde. Quiero ver cómo tú fuiste bandera discutida, señal de contradicción llevada en el corazón de una mujer al arranque del camino de tu vida, siempre de imposible al posible, porque para Dios todo crece en su corazón de Padre.

Quiero ver tu huida en la noche, en alas del miedo, perseguido, arropado en el calor de la prisa, hacia tierra de nadie. Quiero sentir los latidos del corazón en sobresalto y sentir el sudor de sus frentes y el golpear de la sangre.
Quiero ver de nuevo cómo del imposible surge el posible porque la voluntad de Dios acogida es como águila firme en el aire. Quiero ver la búsqueda del corazón que ha perdido lo mejor y que en cansancio, puerta a puerta, busca con ansiedad encontrarle. Quiero ver cómo, Señor del Alba, tu madre guarda en el corazón lo que su mente no entiende y el corazón sí lo sabe. Quiero ver cómo es posible que Dios pida un imposible y que Tú dejes a tu madre sola, porque el celo de su casa arde en tu corazón de Hijo y la causa del Reino urge, y es hora de dejar la casa y el hogar y las cosas, y a la Madre.

Quiero ver cómo se hace posible en Caná el imposible y cómo se adelanta la hora de tu reloj, sin adelantarse, y cómo las gentes beben el vino nuevo después del viejo y cómo tus discípulos creen en Ti y dan un paso adelante. Quiero saber cómo de nuevo te encarnaste en el corazón virgen de tu madre. Y ya no era madre de raza y sangre y nombre, sino madre porque la voluntad de Dios era la nueva sangre que uniría a todos los hombres en uno solo, en Ti, Jesús, como reúne la gallina a los polluelos al caer de la tarde.

Quiero ver cómo el fracaso de tu cruz, el imposible de la Historia, en las manos de Dios se hizo posible, al dar tu vida y entregarte con el grito y las lágrimas y el sudor y el abandono, como grano de trigo que en el surco, cayendo, en espiga nace. Quiero ver, Señor Jesús, cómo el imposible de tu muerte se hizo posible, al alba del primer día, cuando nadie esperaba que tu Persona y tu estilo de vida fuera puesto en pie como estilo para el hombre nuevo que en ti busca encontrarse.

Señor del alba, primer nacido de la muerte, danos tu Espíritu, que su vida y amor hará del imposible, posible, cambiando la carne en espíritu, donde los valores de tu Reino se hagan vida en el hombre que cree que tu Amor es capaz de salvarle.

Tomado de: “Orando con los salmos”; Comunidad Champagnat

El demonio mudo

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«Sordo, mudo y ciego»: H.P. Lovecraft 

“No hemos de alejarnos de Dios, porque descubramos nuestras fragilidades; hemos de atacar las miserias, precisamente porque Dios confía en nosotros.

¿Cómo lograremos superar esas mezquindades? Insisto, por su importancia capital: con humildad, y con sinceridad en la dirección espiritual y en el Sacramento de la Penitencia. Id a los que orientan vuestra almas con el corazón abierto; no lo cerréis, porque si se mete el demonio mudo, es difícil de sacar.

Perdonad mi machaconería, pero juzgo imprescindible que se grabe a fuego en vuestras inteligencias, que la humildad y –su consecuencia inmediata– la sinceridad enlazan los otros medios, y se muestran como algo que fundamenta la eficacia para la victoria. Si el demonio mudo se introduce en un alma, lo echa todo a perder; en cambio, si se le arroja fuera inmediatamente, todo sale bien, somos felices, la vida marcha rectamente: seamos siempre salvajemente sinceros, pero con prudente educación.

Quiero que esto quede claro; a mí no me preocupan tanto el corazón y la carne, como la soberbia. Humildes. Cuando penséis que tenéis toda la razón, no tenéis razón ninguna. Id a la dirección espiritual con el alma abierta: no la cerréis, porque –repito– se mete el demonio mudo, que es difícil de sacar.

Acordaos de aquel pobre endemoniado, que no consiguieron liberar los discípulos; sólo el Señor obtuvo su libertad, con oración y ayuno. En aquella ocasión obró el Maestro tres milagros: el primero, que oyera: porque cuando nos domina el demonio mudo, se niega el alma a oír; el segundo, que hablara; y el tercero, que se fuera el diablo.

Contad primero lo que desearíais que no se supiera. ¡Abajo el demonio mudo! De una cuestión pequeña, dándole vueltas, hacéis una bola grande, como con la nieve, y os encerráis dentro. ¿Por qué? ¡Abrid el alma! Yo os aseguro la felicidad, que es fidelidad al camino cristiano, si sois sinceros. Claridad, sencillez: son disposiciones absolutamente necesarias; hemos de abrir el alma, de par en par, de modo que entre el sol de Dios y la claridad del Amor.

Para apartarse de la sinceridad total no es preciso siempre una motivación turbia; a veces, basta un error de conciencia. Algunas personas se han formado –deformado– de tal manera la conciencia que su mutismo, su falta de sencillez, les parece una cosa recta: piensan que es bueno callar. Sucede incluso con almas que han recibido una excelente preparación, que conocen las cosas de Dios; quizá por eso encuentran motivos para convencerse de que conviene callar. Pero están engañados. La sinceridad es necesaria siempre; no valen excusas, aunque parezcan buenas”.

Amigos de Dios, 187-189, San Josemaría

San Josémaría, el demonio mudo

Categorías:Demonio Espiritualidad Jóvenes Oraciones

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unpasoaldia

Un caminante en la fe, obediente a la Santa Iglesia y en espera de la conquista del Santo Cielo

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