Las Jerarquías y los Coros Angélicos

La doctrina sobre las jerarquías y los coros angélicos no es dogma de fe ni ha sido enseñada formalmente por la Iglesia; sin embargo, encuentra su fundamento en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia y ha sido aceptada de forma general por los teólogos. En buena medida fue el Pseudo-Dionisio Areopagita, un anónimo monje del monasterio del Monte Sinaí en el siglo V-VI (hacia 450-520), quien primero sistematizó esta cuestión en su tratado De caelesti hierarchia (Sobre la jerarquía celeste).

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Se suele enumerar nueve coros u órdenes angélicos. Esta jerarquía se basa en los distintos nombres que se encuentran en la Biblia para referirse a ellos. Dentro de esta jerarquía, los coros de ángeles superiores hacen participar a los inferiores de sus conocimientos.

Cada tres coros de ángeles constituyen un nivel jerárquico y todos ellos juntos forman la corte celestial.

Cada orden, adhiriéndose a la conformidad o imitación divina, recibe la luz, la ciencia, el bien y trasmite, en segundo lugar, un proceso de purificación, de iluminación y de perfección. La contemplación del Misterio Trinitario pasa por la iniciación a las jerarquías angelicales

Hay nueve coros angelicales reagrupados en tres jerarquías

  1. Órdenes o jerarquías supremas (Participan de la trascendencia divina).
    Compuestas por: Serafines, Querubines y Tronos.
  2. Órdenes o jerarquías medias (Reciben la luz divina, animan y ordenan el mundo, lo revisten de belleza)
    Compuestas por: Dominaciones, Virtudes y Potestades.
  3. Órdenes o jerarquías inferiores (Agentes de la economía divina a través de la humanidad)
    Compuestas por: Principados, Arcángeles, Ángeles.

Jerarquías Supremas

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Serafines: (Significan aquellos que arden, sirven como encargados del trono de Dios y cantándole continuamente sus alabanzas. )
Arden continuamente de un amor divino que rebosa de la dulce llama del amor verdadero sin nunca jamás apagarse. Son ardientes, queman en sí y encienden a los demás en el fuego divino del amor. Están en pie en la fuerza del amor fijo e inconmesurable de Dios, porque no pueden separarse del objeto amado. Operan lanzados por un amor perenne, porque se vuelcan en el amado y solicitan, con fuerte reclamo, la continua y dinámica acción de la gracia, despertando por don divino y a través de Dios a aquellos que se han debilitado en el amor.

Los serafines son mencionados en Isaías 6:1–7

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Querubines: (Significan plenitud de conocimiento; los querubines son los guardianes de la luz y las estrellas.)
Después de los Serafines, penetran de cerca los misterios divinos y saben comunicar abundantemente a los otros la luz de la Divina Sabiduría recibida. Reciben la iluminación de la sabiduría y, alumbrados por este don, conocen a Dios. De la luz contemplan la belleza y esta iluminación divina se transmite después gradualmente a los demás.
Ezequiel narra que los Querubines movían las alas, las distendían haciendo un golpe con ellas, y se cubrían (Ez. 10). ¿Qué se manifiesta con las alas, si no el reposo de la contemplación? “Se oyó el ruido de las alas de los Querubines, como la voz del Omnipotente Dios”. Y ésta es la especie de la contemplación que se llama elevación de la mente. Cuando está el alma debilitada por las pasiones del corazón, y oprimida con frecuentes suspiros, escucha por revelación, en sí misma, la voz de Dios que le habla.

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Tronos: (Los tronos están relacionados con las acciones de los hombres)
Gozan de una paz imperturbada, colocados en torno a Dios Altísimo de manera segura y estable. Estos ángeles superan a otros por la gracia de su belleza, en la cual, por un don de benevolencia, la admirable Divina Majestad ha elegido residir pacíficamente.
Sobre los Tronos se sienta “Aquel que enjuicia, el justo… y de cuyo dictamen proviene el juicio” (Sal). Esta orden consiste en la imposibilidad de faltar a la verdad del juicio y tienden, a través de lo alto, al esfuerzo de adaptarse en todo y para todo al Juicio Divino.
Éstos, por lo tanto, colman de la luz del juicio, transmiten a los inferiores los juicios divinos. No solo reciben los rayos de la luz del justo juicio a ellos infundida, sino que, para poder recibirla se abren y se dilatan con una fuerte expansión de su ardiente deseo, de modo tal que, por los dones recibidos, sirven al Señor en el cumplimiento de su misión que consiste, precisamente, en manifestar el justo y recto juicio.

Jerarquías Medias

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Dominaciones: (reflejan la Majestad y soberanía de Dios.) 
Poseen el sentido de la eternidad, de la libertad, y de la severidad. No buscan en el honor la satisfacción de sus ambiciones, pero sí la utilidad del rebaño, y no miran a las cosas temporales sino a las que permanecen para siempre. Son inflexibles en la aplicación de las leyes y generosos en la concesión de gracias. Las Dominaciones vienen a traernos esta libertad para acoger el amor y el llamado a la santidad, sin miedo, sabiendo que “depender de él [de Dios] nos libera de las esclavitudes y nos lleva a reconocer nuestra propia dignidad”. Es este el papel de las Dominaciones, te llevan a ser soberano y liberarte de las pasiones desordenadas.


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Virtudes: (Significan coraje estable)
Les toca a ellos comunicar, dominar los reinos y destituir a los poderosos de sus tronos. A ellos concierne el inculcar a los puestos inferiores el respeto a través de los mayores. Asignan a las órdenes inferiores las tareas a desarrollar y los mantienen constantemente sometidos a Dios gracias a su fuerte expansión.


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Potestades: (son el poder y de la fuerza de Dios).
Son aquellos que nos defienden de los ataques del mal y gracias a ellos se debilita su ofensiva. Controlan la tiranía de los demonios, a fin de que no llegue más allá de los limites. No permiten a los demonios lanzarse hacia nosotros. Este Coro tiene la tarea de gobernar los cuerpos celestes y de ejecutar los milagros que realizan en nombre y por voluntad de Dios.

Por ellos Dios gobierna las estaciones, los cielos y los elementos de la creación. Son varios los santos, padres y doctores de la Iglesia que enseñan esto, como san Gregorio Magno y santo Tomás de Aquino. La potestad, la fuerza, que tienen estos ángeles pertenecientes a este Coro se dirige a servir y a que la voluntad de Dios se realice, se cumpla y logre sus objetivos en las criaturas. De esta manera, este coro viene en nuestra ayuda par vencer los obstáculos que el mundo pone en nuestro camino de santificación.

Jerarquías Inferiores

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Principados: (hace referencia al mando principesco que aquellos ángeles ejercen a imitación de Dios)
Son los que poseen un carácter soberano, con poder de mando, dentro del Orden Divino. Su superioridad radica en la fortaleza. Son fuertes en el cumplimiento de milagros, en obtener los dones celestiales y en redistribuirlos después de haberlos recibido. Se dice que, al final del mundo, “las potencias del cielo serán agitadas”.
En cuanto a su actividad, realizan obras maravillosas sobre los elementos. Debemos encomendarnos a estos espíritus cuando deseamos ser fuertes en la lucha contra los vicios y profundos en el conocimiento de las cosas divinas. Hemos de reconocerlos al recibir estos dones.


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Arcángeles: (Dirigen directamente la actividad de los ángeles). Son enviados de Dios con tareas de gran importancia. Para operar directamente toman a los hombres y son lo únicos mencionados en Texto Sagrado. Los santos arcángeles tienen el mismo orden que los principados celestes y, como queda dicho, justamente con los ángeles forman una sola jerarquía y orden. No obstante, como en cada jerarquía hay tres poderes: primero, medio y último, el santo orden de los arcángeles tiene algo de los otros dos por hallarse entre los extremos’. Se comunica con los santísimos principados y con los santos ángeles; su relación con los primeros se funda en el hecho de que, como los principados, se orienta hacia el Principio supraesencial y, finalmente, en que recibe sobre sí la marca del que es Principio. El orden de los arcángeles comunica la unión a los ángeles gracias a los invisibles poderes de ordenar y disponer lo que ha recibido del Principio mismo. El orden de los arcángeles se relaciona con los ángeles por servir de intermedio para comunicar a éstos las iluminaciones que reciben de Dios por medio de las primeras jerarquías. Los arcángeles se lo comunican a los ángeles y por medio de éstos a nosotros en cuanto somos capaces de ser santamente iluminados.

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Ángeles:
Los ángeles son el camino a través del verbo, se nutren de Él porque son el refugio perfecto de la luz divina. Vienen, con frecuencia, a anunciar la voluntad divina. Nos comunican la Potencia Divina en la conversión de los pecadores, la misma Sabiduría en la revelación de los secretos, la Misericordia en la glorificación del justo, la Justicia en la condena de los malvados.
Imitemos a los ángeles para obtener el temor de los castigos, para extirpar los vicios, para tener respeto de las cosas Santas y para poder ser atraídos a hacia el Cielo.


Los nueve coros angélicos son necesarios al Señor para poder obtener aquella melodía y armonía celestial que es la sinfonía de su ardiente AMOR.

De acuerdo con una piadosa tradición el arcángel san Miguel declaró a una persona devota que le sería grato se pusieran en uso las siguientes oraciones en honor suyo. La propagación y difusión de esta devoción se debe a una religiosa carmelita del monasterio de Vetralla, diócesis de Viterbo (Italia), muerta con fama de santidad en 1751. El 8 de agosto de 1851 Pío IX concedió indulgencias a la práctica de este piadoso ejercicio.

A ser posible, delante de una imagen del santo Arcángel, hacer un acto de verdadera contrición y rezar a continuación devotamente las siguientes salutaciones:

SALUTACIÓN IUn Padrenuestro y tres Avemarías al primer coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del celeste coro de Serafines, suplicamos al Señor nos haga dignos de una llama de perfecta caridad. Amén

SALUTACIÓN II.Un Padrenuestro y tres Avemarías al segundo coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de Querubines, quiera el Señor concedernos la gracia de abandonar el camino del pecado, y de correr por el de la perfección cristiana. Amén.

SALUTACIÓN III. Un Padrenuestro y tres Avemarías al tercer coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del sagrado coro de los Tronos, infunda el Señor en nuestros corazones un espíritu de verdadera y sincera humildad. Amén.

SALUTACIÓN IV. Un Padrenuestro y tres Avemarías al cuarto coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de las Dominaciones, quiera el Señor concedernos la gracia de poder dominar nuestros sentidos y corregir las pasiones depravadas. Amén.

SALUTACIÓN V. Un Padrenuestro y tres Avemarías al quinto coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del celeste coro de las Potestades, dígnese el Señor librar nuestras almas de las asechanzas y tentaciones del demonio. Amén.

SALUTACIÓN VI. Un Padrenuestro y tres Avemarías al sexto coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro de las admirables Virtudes celestiales, no permita el Señor que caigamos en las tentaciones, sino que nos libre de todo mal. Amén.

SALUTACIÓN VII. Un Padrenuestro y tres Avemarías al séptimo coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de los Principados, dígnese Dios llenar nuestras almas del espíritu de verdadera y sincera obediencia. Amén.

SALUTACIÓN VIII. Un Padrenuestro y tres Avemarías al octavo coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de los Arcángeles, quiera el Señor concedernos el don de la perseverancia en la fe y en las obras buenas, para que podamos conseguir la gloria del paraíso. Amén.

SALUTACIÓN IX. Un Padrenuestro y tres Avemarías al noveno coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de todos los Ángeles, dígnese el Señor concedernos que nos guarden en la presente vida mortal, y después nos conduzcan a la gloria eterna de los cielos. Amén.