¿Qué vínculo hay entre el perdón y la sanación? y Oración de Sanación

La primera y más profunda curación que Jesús nos trae es el perdón de los pecados; pero ahora a nosotros nos toca hacer nuestra parte: arrepentirnos y convertirnos.

Definitivamente el cuerpo grita. Y grita esas iras, esas tristezas, esas faltas de perdón.

Así lo explican los expertos interesados en el tema de las somatizaciones. Incluso, culturas orientales les han dado a cada enfermedad una explicación sobre cuál es la emoción no resuelta.

El perdón de los pecados está íntimamente conectado con la curación física y la sanación emocional. No se trata de procesos separa­dos; muchas veces la enfermedad física es una señal de que hay alguna situación espiritual o emocional que aún no se ha resuelto con Dios o con el prójimo:

Pues quien come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propio castigo. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos. Si nos juzgásemos a nosotrps mismos, no seríamos castigados. Mas al ser castigados, somos corregidos por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.” (1 Corintios 11,29-32)

La enfermedad del pecado. 

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Ahora no es solamente la Iglesia la que nos presenta claramente esta conexión entre el pecado y la enfer­medad; también los psicólogos y los médicos reconocen que gran parte de las enfermedades físicas tienen algún elemento emocional. La enfermedad suele ser una señal de que una parte de nosotros todavía necesita la redención.

El caso del paralítico que sus ami­gos hicieron bajar a través del techo es también bastante significativo: Pri­mero, Jesús le perdonó los pecados, luego le dijo que tomara su cami­lla y caminara. Al parecer, el Señor lo estaba sanando por etapas; tal vez había una conexión entre el pecado que necesitaba ser perdonado y la parálisis.

La fuerza de voluntad no basta.

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La enfermedad física es por lo general una señal de que en rea­lidad no hemos sido redimidos del todo, que no estamos sanos a nivel espiritual. Es común que para la curación física se necesite primero el per­dón de los pecados o una sana­ción interior. El arrepentimiento más necesario es el del rencor o resentimiento, pecados que los cristianos por lo general no reconocen como tales.Es necesario insistir en que el amor es el mejor remedio para acabar con la dureza de corazón, los traumas y el rencor que blo­quean el poder sanador de Dios y le impiden llegar a nosotros.

 Al buscar sanación, en la mayoría de los casos, no basta con la fuerza de voluntad. Tenemos que pedirle ayuda a Dios, pedirle sana­ción, para romper las ataduras que nos hacen caer una y otra vez en hábi­tos de pecado de los que no pode­mos librarnos. Cualquiera que sea el problema que más nos cueste supe­rar (resentimiento, adicción, deseo sexual desordenado), la oración por sanación y el sacramento de confesión, nos ayudarán a romper esas ataduras y darnos libertad.

El perdón es doloroso

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Fue por eso que Jesús tuvo que venir a esta Tierra. Fue por eso que Dios lo envió. Para tomar nuestro lugar y morir en representación nuestra. Cumplir el castigo de nuestros pecados. La Justicia de Dios tenía que cumplirse. Pero Dios también es misericordioso. Por eso tomó nuestro lugar en la Cruz del Calvario.

Por lo tanto, vemos que realmente, a Dios le fue más costoso perdonar nuestros pecados, que sanar al paralítico. Vemos que el perdón de nuestros pecados requirió nada más y nada menos que la muerte de Cristo en la Cruz. Este tremendo sacrificio, el mayor acto de amor, misericordia de parte de Dios y también el peor acto de violencia e injusticia de parte de los hombres, fue el que Dios utilizó para poder perdonarnos a aquellos que creímos en ese sacrificio.

Hermanos, Jesús demostró que lo más difícil, Él ya lo cumplió. La resurrección de Cristo nos asegura que Él haya perdonado nuestros pecados totalmente y que el sacrificio fue aceptado.

EVANGELIO DE HOY

Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,1-12):

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Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.
Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados quedan perdonados.»
Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: «Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?»
Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico “tus pecados quedan perdonados” o decirle “levántate, coge la camilla y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados…»
Entonces le dijo al paralítico: «Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.»
Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

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“Hay que tener amigos, nunca se sabe”, dice el refrán. Y el paralítico de la historia de hoy nos lo confirma. Y es mucho mejor si tus amigos comparten tu fe. Quieren que Jesús se compadezca de su amigo, porque saben que Él lo puede todo. No les importa que la multitud no les permita el paso. Había muchos deseosos de ver, escuchar y ser sanados por Jesús. Pero nada les detiene.

¡Qué amor más grande se necesita para arriesgar la vida por un amigo! Bien nos lo demostró Jesús. Estas cuatro personas se suben al tejado, abren un agujero y descuelgan al amigo paralítico. Todo por la fe.

Y fe no le faltaba tampoco al mismo enfermo. Que, seguro, miraba con ojos llenos de esperanza al Maestro, en cuanto le dejaron con la camilla a los pies de Cristo. Y recibe no solo la sanación física. Antes de eso, le son perdonados sus pecados. Todo por la fe que tenían. La fe es la clave de todo.

Como siempre, algunos reaccionan mal ante Jesús. A pesar de que ven con sus propios ojos lo que ha sucedido, no acaban de creer. Les falta fe. Porque la fe es la clave de todo.

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El exparalítico se levantó, cogió su camilla, y se fue, dando gloria a Dios. Seguro que él y sus amigos fueron magníficos heraldos del Evangelio. Otros, no solo los escribas, rechazan ese testimonio. Porque, como hemos escuchado en las recién terminadas Navidades, “la Luz vino a los suyos, y los suyos no la recibieron”. Ahí entra nuestra tarea. Decidir si queremos ver a Jesús a toda costa, o si nos dejamos vencer por las dificultades, y nos quedamos a la puerta. La clave es la fe.

Que nuestra fe nos lleve a superar todas las dificultades para ver a Jesús. Que sepamos encontrar un resquicio para colarnos, y que podamos sentir la mirada compasiva de Jesús. Lo decíamos ayer, y se puede repetir hoy. Si hace mucho que no te acercas al sacramento de la Penitencia, hazlo hoy. Coge tu camilla, donde yaces con tus pecados, y sal andando, erguido, como un verdadero hijo de Dios. Pues lo eres. Y que el Señor sea el Rey de tu vida.

Reflexión del Evangelio Por: Alejandro Carbajo Olea, cmf

Estás Enfermo o enferma… Haz esta oración

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En este día, Señor, vengo a ti con el corazón desgarrado, porque no resisto más… Me siento enfermo, pecador, abatido… y a veces, sin un motivo para vivir. Y allá en el de mi ser, en el sagrario de mi conciencia, donde habitas tú en mi profundo yo, siento que sólo Tú puedes sanarme.

quiero reconocer mi poquedad y mi pecado. Mi poquedad, porque me doy cuenta de mis debilidades físicas, psicológicas y espirituales. Mi pecado, porque muchas veces cedí a la tentación y libremente escogí el camino del mal, del alejamiento de Ti, del no-amor contra mi hermano el prójimo. (Algunos segundos de silencio para recordar nuestros pecados). ¡Perdóname, Señor, porque soy pecador! ¡Ten misericordia de mí, Tú que eres la fuente del perdón, de la misericordia y del amor!

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, Ten misericordia de mí!

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Pero también quiero agradecerte y darte gracias, alabarte y bendecirte, porque has hecho obras grandes en mí, sin merecerlo de mi parte, pero dando muestras de tu amor gratuito y omnipresente. También tengo cualidades, fortalezas, infinidad de aspectos positivos con los que tú me has engalanado (Algunos segundos de silencio para recordar nuestras cualidades).

¡Gracias, Señor, por todo lo que me has dado y enriquecido. Gracias por la vida, por mi familia, por mi Iglesia católica, por mis amigos y conocidos, por mi patria …, por el lugar donde nací, porque me has permitido venir hoy día a este lugar a bendecirte y adorarte! Juntó contigo alabo y bendigo al Padre del cielo, a nuestro Padre común en el que todos los seres humanos somos una fraternidad. Con él y el Espíritu Santo eres el único Dios, tres veces santo, el Creador, el Redentor, el Santificador en las 3 personas de la Santísima Trinidad. Eres el único fiel y permaneces más allá de todo cambio y estructura. De manera especial te alabo y te bendigo porque eres manifestación del amor del Padre. ¡Bendito y alabado seas, Señor!

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, Ten misericordia de mí!

Y ahora sí, Señor, vengo a pedirte como el ciego del Evangelio, como la hemorroísa, como el paralítico de la piscina… ¡Cúrame, Señor, devuélveme la salud, dame la felicidad, levántame de mi postración!

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Sáname, Señor, de mis enfermedades espirituales. De mis odios y rencores, de mis pecados de impureza, de mi egoísmo reconcentrado, de mi orgullo y pereza, de las cosas ajenas que me apropié, de mi violencia y soberbia. …Me imagino que tu preciosísima Sangre entra en mi alma y me sana de todos mis pecados y de todas las heridas que ellos mismos han dejado… Extiende tu mano bendita en todas las hendiduras de mi ser y transfórmame en un cristiano honesto, coherente, humilde, valiente y enamorado de ti. Tú lo puedes hacer, y yo siento que tú lo estás haciendo.

Sáname, Señor, también de todas mis enfermedades psicológicas. Yo tengo complejos, neurosis, a veces trastornos más graves de los cuales no soy consciente o por lo menos no logro controlar, y debo ir al médico, al psicólogo, al psiquiatra. ¡Sáname,

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, Ten misericordia de mí!

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Señor, porque Tu eres el médico no solo de las almas sino también de la mente y del espíritu Imagino que el halito de tu Espíritu Santo entra en mi y sanándome me transforma Armoniza Jesús Milagroso, mi vida afectiva cura mis heridas emocionales, hazme coherente en mis pensamientos, integra toda mi personalidad. Que pueda dar un grito de alegría y libertad porque dentro de mí siento tu poder sanador que me hace vivir como persona integrada!

Pero, también, vengo a Ti porque tengo enfermedades físicas que, a veces, me hacen la vida imposible…: ese cáncer que me carcome, ese corazón que no trabaja bien y que ha tenido ya varios infartos, ese riñón o pulmón que ya no funcionan ni filtran bien…, esa parálisis en mis miembros que mi imposibilita moverme adecuadamente, ese dolor de cabeza que me hace la vida imposible, ese sida que va terminando lentamente mi vida, ese tumor cerebral que va apagando mi capacidad de relacionarme con los demás y sentir la vida como regalo de tu amor, o esa enfermedad que hoy pongo a tus plantas (algunos segundos para poner ante el Señor la enfermedad que nos aqueja). Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, Ten misericordia de mí!

Señor, cúrame, Que tu Sangre bendita entre en mi organismo y me sane, Que tu mano poderosa haga desaparecer toda huella de enfermedad para tener un cuerpo fuerte, ágil y dispuesto a servirte en nuestros hermanos, Señor de los Milagros, te pido la salud física para ser de ahora en adelante un himno viviente de tu amor en mí y una prueba de mis deseos de ayudar a mi prójimo!

Sé que esta sanación que hoy humilde y confiadamente te he suplicado, no sólo será para mi bien sino también para bien de mi familia, de mis seres queridos, de las personas enfermas que se han encomendado a mis oraciones y que en este momento recuerdo (visualizo a todos los enfermos de mi familia, mis seres queridos y conocidos).

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, Ten misericordia de mí!

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Incluyo también en este momento, Señor, mi querida Nación…: sánala Señor de toda violencia, venga de donde venga, de toda corrupción en sus organismos estatales, militares, civiles y religiosos, de toda pobreza social en la mala distribución de la riqueza, del desempleo. Convierte a …… en el paraíso que tú querías originalmente y que nosotros por nuestro pecado hemos destruido.

¡Gracias, Señor, porque Tú no te dejas vencer en generosidad y porque Tú quieres que pidamos y pidamos en abundancia y nunca te cansas de nuestras súplicas incesantes. ¡Gracias, Señor!

Y ahora voy a volver a mi casa, a mi familia, a mi lugar de trabajo, agradecido de tu bondad y misericordia para proclamar con mi palabra y testimonio que tú eres el Dios de la Vida y que me has sanado, y conmigo a miles y miles más.

¡Gracias, Señor, por todo lo que has hecho, por todo lo que haces y por todo lo que harás!

En los comentarios escribe desde que lugar del mundo nos lees. Gracias.