Alegrías y penas del Santo José en Belén. Relato de la Venerable Hna. Ma. Cecilia Baij

También nuestro José se puso a orar, y después tomó un breve descanso sobre el duro suelo, no habiendo otra comodidad. La Divina Madre estaba toda absorta en altísima contemplación, y ya estaba al tanto de cómo había llegado el tiempo en el cual debía nacer el Redentor en ese establo, donde contemplaba el gran misterio.