San Diego | Origen, Vida, Milagros Y Muerte

San Diego nació en 1474 como Cuauhtlatoatzin, originario de México. Se convirtió en el primer santo indígena católico romano de las Américas. Tras la temprana muerte de su padre, Juan Diego fue llevado a vivir con su tío. Desde los tres años de edad, fue criado en línea con la religión pagana azteca, pero siempre mostró signos de tener un sentido místico de la vida.

Origen de San Diego

San Diego

Poco se sabe de los inicios de la vida de Juan Diego, cuyo nombre original era Cuauhtlatoatzin (“el águila parlante”). Aunque se describió a sí mismo como pobre, puede haber querido decir pobre de espíritu; se ha sugerido que era un príncipe azteca. Estaba casado pero no tenía hijos.

Cuando tenía 50 años, él y su esposa fueron de los primeros indígenas en aceptar el bautismo y convertirse al cristianismo después de su introducción a México por los conquistadores y misioneros españoles. San Diego vivió en una cabaña junto a la iglesia construida en honor a María y se ocupó de los peregrinos que acudían al santuario.

Juan Diego, que  fue llamado por el Papa Juan Pablo II “el confidente de la dulce Señora del Tepeyac”,  habría sido un indio de  la etnia chichimeca. Un “macehualli” que no pertenecía a ninguna de las categorías sociales del Imperio y que contó con la dicha de que la Virgen se le apareciera.

El mismo “papa peregrino” beatificó en 1990 y  canonizado en 2002 a un sencillo padre de familia que gozó del privilegio  de presenciar a la que se definiera como â€œla perfecta Virgen Santa María, Madre del Verdadero Dios”.

¿Porque fue reconocido San Diego?

Fue reconocido por su fervor religioso, su actitud respetuosa y amable hacia la Virgen María y su Obispo Juan de Zumárraga, y su amor eterno por su tío enfermo.

Conversión de San Diego al catolicismo

Cuando un grupo de 12 misioneros franciscanos llegaron a México en 1524, él y su esposa, María Lucía, se convirtieron al catolicismo y fueron de los primeros en ser bautizados en la región. Juan Diego estaba muy comprometido con su nueva vida y caminaría largas distancias para recibir instrucción religiosa en la estación misionera franciscana de Tlatelolco.

¿Quién es el “el águila que habla”?

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Este santo  nació en 1474 en el «calpulli» de Tlayacac en Cuauhtitlán, que se localiza a 20 kilómetros al norte de Tenochnitlán, México. Al nacer, recibió el nombre de Cuauhtlatoatzin, que quiere decir «el águila que habla» o “el que habla como águila”. Este santo nació en latinoamérica, siendo uno de los ejemplos de que no todos los santos nacieron en Europa.

Perteneció a la clase más baja y numerosa del Imperio Azteca. En palabras del “NicanMopohua”, un texto que se incluyó en el librotlamahuiçoltica,  era un “pobre indio” que se definió a sí mismo como “un hombrecillo”, condición a la que atribuyó su falta de credibilidad ante el Obispo.

Antes de las apariciones que le catapultaran a la santidad, ya era conocido entre los suyos como un hombre bueno y justo. Después de sus encuentros con la Virgen su vida fue calificada de ejemplar y las gentes lo veían como un santo.

Desde el momento de su muerte y hasta nuestros días el culto y la veneración a la figura del indígena mexicano se ha extendido. La devoción que le profesan justifica que sean muchas las familias que hayan bautizado a alguno de sus hijos con su nombre.

Apariciones de Santa María Virgen a San Diego

El 9 de diciembre de 1531, Juan Diego se apresuró a ir a misa y a celebrar la fiesta de la Inmaculada Concepción. Sin embargo, fue detenido por la hermosa vista de una mujer radiante que se presentó, en su lengua materna, como la “siempre perfecta Santa María, que tiene el honor de ser la madre del verdadero Dios”.

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María le dijo a San Diego que ella era la madre de todos los que vivían en su tierra y le pidió que hiciera una petición al obispo local. Ella quería que construyeran una capilla en su honor en el Cerro Tepeyac, que fue el sitio de un antiguo templo pagano. Cuando Juan Diego se acercó al Obispo Juan de Zumárraga para contarle lo sucedido, se le presentaron dudas y se le dijo que le diera tiempo para reflexionar sobre la noticia.

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Más tarde, el mismo día, Juan Diego se encontró con la Virgen María por segunda vez y le dijo que no le había concedido su petición. Trató de explicarle que él no era una persona importante, y por lo tanto no era el indicado para la tarea, sino que ella era el hombre que ella quería. Juan Diego regresó al día siguiente y repitió su petición, pero ahora el Obispo pidió una prueba o una señal de que la aparición era real y verdaderamente del cielo.

Juan Diego fue directamente al Tepeyac y, una vez más, se encontró con la Virgen María. Después de explicarle lo que le pedía el Obispo, ella accedió y le dijo que le daría pruebas al día siguiente, el 11 de diciembre. Sin embargo, al día siguiente, el tío de San Diego se enfermó mucho y se vio obligado a quedarse a cuidarlo. San Diego se dispuso a buscar un sacerdote para su tío. Estaba decidido a llegar rápidamente y no quería enfrentarse a la Virgen María con vergüenza por haber faltado a la reunión del día anterior.

Pero la Virgen María lo interceptó y le preguntó qué pasaba. Le explicó su situación y le prometió que volvería cuando encontrara a su tío un sacerdote.

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Ella lo miró y le preguntó: “No estoy yo aquí que soy tu madre?” Ella le prometió que su tío se curaría y le pidió que subiera a la colina y recogiera las flores que allí crecían. Obedeció y encontró muchas flores floreciendo en diciembre en la tierra rocosa. Llenó su tilma (manto) de flores y regresó a María.

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La Virgen María colocó las flores dentro de su manto y le dijo que ésta sería la señal que presentaría al obispo. Una vez que San Diego encontró al obispo, abrió su manto y el obispo recibió una milagrosa imagen impresa de la Virgen María en el manto lleno de flores.

Al día siguiente, Juan Diego encontró a su tío completamente curado de su enfermedad. Su tío le explicó que él también vio a la Virgen María. Ella también le instruyó sobre sus deseos de tener una iglesia construida en el cerro Tepeyac, pero también le dijo que quería ser conocida con el título de Guadalupe.

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La noticia del milagro de San Diego se difundió rápidamente y se hizo muy conocido. Sin embargo, San Diego siempre fue un hombre humilde. El obispo primero mantuvo el manto impreso de San Diego en su capilla privada, pero luego lo puso en exhibición pública en la iglesia construida en el cerro Tepeyac al año siguiente.

El obispo ordenó la construcción de una ermita en la que el santo viviría hasta el final de sus días (pues ya había enviudado), como custodio del ayate en la actual capilla de indígenas. Sin embargo, en sus múltiples cartas y escritos, Zumárraga obvió dejar constancia alguna de la construcción de la ermita, del milagro de las rosas o del propio vidente.

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Otras de las labores a las que el santo dedicó su vida fueron las de cuidar, barrer y cargar con todo lo necesario para ese lugar santo, haciéndolo con prontitud, humildad y total devoción.

Milagros realizados con el manto de San Diego

El primer milagro que rodeó el manto ocurrió durante la procesión al Cerro Tepeyac cuando un participante recibió un disparo en la garganta de una flecha en celebración. Después de ser colocado frente a la milagrosa imagen de María, el hombre fue sanado.

San Diego se mudó a una pequeña ermita en el Cerro Tepeyac, y vivió una vida solidaria de oración y trabajo. La noticia de las apariciones de la Virgen provocó una oleada de casi 3.000 indios al día para que se convirtieran a la fe cristiana. Los detalles de la experiencia de San Diego y las palabras de María los conmovieron profundamente.

Durante las revoluciones en México, a principios del siglo XX, los no creyentes intentaron destruir la Imagen con una explosión. Los escalones de mármol del altar, los floreros y las ventanas de la basílica estaban muy dañados, pero el cristal que protegía la Imagen ni siquiera estaba agrietado.

El manto impreso de San Diego ha permanecido perfectamente conservado desde 1531 hasta nuestros días. La “Basílica de Guadalupe” en el cerro Tepeyac se ha convertido en uno de los santuarios católicos más visitados del mundo.

Beatificación y día festivo de San Diego

Su existencia, que había sido cuestionada por católicos y no católicos por igual, fue confirmada por el Vaticano. San Diego fue beatificado el 6 de mayo de 1990 por el Papa Juan Pablo II y canonizado el 31 de julio de 2002. Su fiesta se celebra el 9 de diciembre y es el santo patrón de los pueblos indígenas. Se le han atribuido numerosos milagros, y sigue siendo uno de los santos más populares e importantes de México.

Muerte de San Diego

San Diego murió en la Ciudad de México 17 años después de la primera aparición. Fue enterrado en la iglesia, y su tilma todavía se puede ver en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Juan Diego murió en la Ciudad de Méjico el 12 de junio de 1548,  cuando contaba con 74 años. Recibió sepultura en la  capilla que tanto cuidó. Aunque inicialmente se había barajado la fecha de su muerte para ser declarada como fiesta del Beato Diego, finalmente el Papa Juan Pablo II terminó decantándose por el 9 de diciembre, fecha de la primera de las cuatro apariciones marianas, pues en palabras del Sumo Pontífice, el beato ese día “vio el paraíso”.

Oh, dulce Santo Juan Diego, gloria de los indígenas de México,
Ejemplo de auténtica pureza y humildad de corazón,
Alcánzanos, por intercesión de nuestra Santa Madre,
María de Guadalupe, Reina de México y Emperatriz de América,
La Gracia de su Santísimo Hijo, para desterrar de nuestra vida
Toda corrupción y tentación que nos aleje y separe de Dios,
Poniendo en peligro la Salvación que el Señor Jesús compró
Al altísimo precio de su Pasión y su Muerte en la Cruz.
Consíguenos, por esa misma intercesión, la Paz verdadera
Para nuestra Patria y la Unión, la Concordia y la Solidaridad,
Para que el pueblo mexicano pueda progresar espiritual y moralmente,
Alabando y bendiciendo siempre a la Santísima Trinidad.
Lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, Hijo Único del Padre,
Quien murió por nuestros pecados y a quien deseamos pertenecer,
Con el Espíritu Santo, por toda la Eternidad. AMÉN

Elizabeth Varela Gasca (q.e.p.d.)
Guadalajara, Jalisco, en la Fiesta de Nuestra Señora, Santa María de Guadalupe,
12 de Diciembre de 1997.
IMPRIMATUR – Mons. Ramiro Valdés Sánchez, Vicario General, Arquidiócesis de Guadalajara, Jal. 26 de Enero de 2010.

2 Comments

  1. San Juan Diego del Tepeyac,mi Santo hermano ten piedad de éste pobre pecador,os suplico tú intercesión a nuestra Santa Madre Virgen María de Guadalupe,por mis necesidades económicas por lo que estoy atravesando.

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