Espíritu Santo

La templanza, Nada Con Exceso, Todo Con Medida

En el día a día, nos enfrentamos a diferentes retos, a diversas circunstancias… ¿Y de qué manera tomamos esos retos y circunstancias? Depende de que tan desarrollados tengamos los hábitos buenos o virtudes.

Todos tenemos potencialidades, todos podemos llegar a ser alguien grande, somos como semillas a las que hay que echarles agua, regarlas, cuidarlas para dar frutos, así son tus hijos, asi eres tu, asi somos todos y cada uno de los seres humanos.

La templanza, es un hábito bueno, una virtud cardinal. Con todos los avances y comodidades a los que tenemos acceso en el mundo moderno, es constante nuestra necesidad de “medirnos”. Una sociedad del bienestar como la nuestra, requiere de especial énfasis en la templanza.
Los excesos sólo se dan en el hombre. Un animal una vez que satisface su necesidad está contento. El hombre sin embargo, puede sobrepasarse, y ser un pecador constante. Por eso es tan importante estar alertas.
La templanza se puede entender de dos maneras:
1. Se refiere a todas las virtudes, la templanza tiene que ver con la moderación.

Aristóteles decía que la virtud es el justo medio, es decir, entre dos extremos que son viciosos, se encuentra una virtud. Si una persona es “tan valiente, tan valiente” que corre riesgos innecesarios, en realidad es temeraria. Si es tan precavida tan precavida, que siempre encuentra motivos para no actuar, más bien es miedosa. El valiente es el que no se retrae por los peligros que se presentan cuando tiene que cumplir su deber, pero que no es tan “menso” como para andar “peligrando de a gratis”.
2. En sentido específico, la templanza se refiere al control de nuestros deseos.

Se refiere a todos en general pero las dos fuentes más grandes de placer sensible son:

·a. Comer y beber: Una de las inclinaciones más importantes de las personas es la conservación de la vida, por eso nos alimentamos y lo disfrutamos.


·b. Placer sexual:
Una de las necesidades de la especie humana es su conservación, que siga habiendo hombres y mujeres sobre la tierra, por eso el acto sexual que conlleva la procreación es tan placentero.


Hay quien trata de hacer creer que las pasiones son incontrolables por el hombre, que hay que hacer lo que tenemos ganas, que debemos satisfacer nuestros impulsos, también sexuales, y que de no hacerlo podemos enloquecer. Como dice Gandhi, esa es la manera de hacernos esclavos.

Virtudes asociadas a la templanza:

1. Pudor (cuidado de la intimidad).
2. Abstinencia (moderación en la comida).
3. Sobriedad (moderación en la bebida).
4. Castidad (moderación en el sexo).
5. Pureza (moderación en besos, abrazos y caricias).

Todas estas virtudes son complejas de entender, porque constituyen un entramado. Es como una tela con estampado, en la que es difícil determinar cuales hilos son de cada color porque todos están entrelazados. Para vivir la templanza hay que tratar de vivir la moderación: no dejarnos llevar por las marcas, no dejarnos llevar por el exceso, por los melindres, no perder el tiempo etc.

Vivimos en un mundo de placeres sin alegría ya que los placeres de la sociedad contemporánea producen distintos grados de excitación pero no de alegría. De hecho, la falta de gozo obliga a buscar placeres siempre nuevos, cada vez más excitantes.

Vivir la templanza significa:

· 1. Esforzarse diariamente por ser mejor.
· 2. No ceder ante los gustos, deseos o caprichos que pueden dañar mis convicciones o mi conciencia.
· 3. Estar alegre al saber que puedo dominarme y ser mejor.
· 4. Ser dueño de sí mismo, del propio actuar.
· 5. Congruente con lo que pienso, digo y hago.
· 6. No justificarse ni dar falsos pretextos.
· 7. Conocer las propias debilidades y evitar caer en circunstancias que pongan en peligro mi voluntad.
· 8. Es vencerse al deseo del placer y la comodidad por amor y con inteligencia.
· 9. La persona moderada orienta y ordena hacia el bien sus apetitos sensibles, no se deja arrastrar por sus pasiones

Tips para facilitar que vivamos la virtud de la templanza

· 1. La humildad que le ayuda a reconocer sus propias insuficiencias y cualidades, y aprovecharlas sin llamar la atención.
· 2. La sobriedad que le ayuda a distinguir entre lo que es razonable y lo que es inmoderado y le ayuda a utilizar adecuadamente sus sentidos, sus esfuerzos, su dinero, etc. de acuerdo a criterios rectos y verdaderos.
· 3. La castidad que le ayuda a reconocer el valor de su intimidad y a respetarse a sí mismo y a los demás.
· 4. La mansedumbre que le ayuda a vencer la ira y a soportar molestias con serenidad.
· 5. El conocimiento de las propias debilidades.
· 6. La formación de una conciencia recta y delicada.
· 7. El avance de la capacidad moral que ayuda a distinguir entre lo realmente necesario y los caprichos.
· 8. El diálogo en familia que le ayude a comprender mejor la forma en que se debe actuar ante las diferentes situaciones.
· 9. El conocimiento de los propios dones y capacidades.
· 10. Negarnos cosas lícitas para fortalecer la voluntad.
· 11. Carácter reflexivo que le invita a pensar antes de dejarse llevar pos sus emociones, deseos o pasiones.

¿Qué evita que vivamos la templanza?

· 1. La sociedad materialista y utilitaria que nos lleva a conseguir todo lo que deseamos.
· 2. El egoísmo.
· 3. El permisivismo que nos deja actuar pasando sobre los derechos de los demás.
· 4. El deseo de comodidad que nos lleva a buscar una vida fácil y sin compromiso.
· 5. Falta de conocimiento de las propias debilidades.
· 6. No encontrar a Dios como fin último de nuestra vida.
· 7. No contar con la virtud de la fortaleza. Fuerza de voluntad.
· 8. Egoísmo que lleva a querer tener y hacer de todo, sin pensar que eso no es lo mejor para la propia naturaleza.
· 9. El desorden que me impide distinguir entre lo realmente necesario y lo superficial, y evita que ordenemos rectamente las pasiones a la voluntad.
· 10. Clima de nerviosismo que lleva a desahogar la tensión a través del exceso en ciertos aspectos.
· 11. Conciencia laxa, permisiva, o mal formada.

Fuente: http://es.catholic.net/educadorescatolicos/751/2408/articulo.php?id=29381 Escritos y oraciones Católicas 2012

Oración a Dios para pedir grandes bendiciones

Dios y Señor mío, yo creo en vos, corrobora mi fe; yo espero en Vos, asegura mi esperanza; a Vos os amo, inflama mi voluntad; me arrepiento  de haber pecado, aumenta mi contrición.

 Yo os adoro como mi primer principio, os deseo como mi último fin, os doy gracia como  mi continuo bienhechor, y os invoco, como a mi soberano defensor.

 Dignaos, Señor, gobernarme por vuestra sabiduría, contenedme por vuestra justicia, consolarme por vuestra misericordia, y defenderme por vuestra omnipotencia.

Os consagro mis pensamientos, mis palabras, mis acciones y mis trabajos, para que desde hoy en adelante, sólo en vos piense, hable y obre según vuestra santísima voluntad, y sea por vos cuanto padeciera.

Porque yo, Señor, quiero todo lo que vos queréis, y cuanto vos queréis y como vos lo queréis.

Os pido que ilustréis mi entendimiento, abraséis mi voluntad, purifiquéis mi cuerpo y santifiquéis mi alma.  

Ayudadme a satisfacer por mis ofensas pasadas, vencer las tentaciones, corregir las pasiones que me dominan y practicar las virtudes que me convienen.

 Llenad mi corazón de ternura a  vuestra piedad, de aversión a mis defectos, de celo con el prójimo y del menosprecio del mundo.  

Haced que me conforme a la sujeción debida con mis superiores, que procure ser agradecido con mis bienhechores, fiel con mis amigos, benévolo con mis enemigos y suave con mis inferiores.

Hacedme, Señor, prudente en mis empresas, animoso en los peligros, sufrido en las adversidades, y humilde en los buenos sucesos.

 Que siempre procure tener la atención debida en mis oraciones, la templanza en mis empleos y la constancia en mis resoluciones.

Inspírame, Señor, el tener una conciencia recta, practicar un exterior modesto, una conversación ejemplar y una conducta regular.

Que me dedique a domar la naturaleza, a seguir la gracia, a guardar la ley, a negociar mi salvación y a procurar la de todos.  

Dios mío, descubridme la pequeñez de la tierra, la grandeza del cielo, la brevedad del tiempo y de la vida,   y la duración de la eternidad.  

Haced, Señor, que me prevenga siempre para la muerte, que tema el juicio final, que evite el infierno y que consiga el Paraíso, por los merecimientos de Nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, Dios y hombre verdadero y Señor nuestro, que vive y reina por todos los siglos de los siglos.

Amén.

Fuente: oracionesydevocionescatolicas.com

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