El Amor Reparador de los Sagrados Corazones

“Cuando el amor Divino toma posesión de un corazón, despierta en él un gran deseo de ver a su Dios conocido, amado y servido; esta alma sufre y gime por las ofensas que otros le hacen a su divino Corazón, lleno de amabilidad y ternura por todos. Se siente impulsada para volver a conducirle aquellos pecadores que lo han abandonado”.

“Cuando Dios ama, no desea otra cosa más que ser amado. No ama por otra cosa, sino para ser amado, sabiendo que todo el que le ame se complacerá en este mismo amor” (San Bernardo Abad)

¿Qué es reparar?

Reparar es consolar el Corazón de Cristo y compensarle por los ultrajes que recibe constantemente y encima pedir misericordia por la persona o personas que le ofenden. El amor de reparación es semejante al que nos tiene Jesucristo que fue el Gran Reparador. El Padre Eterno ama inmensamente a las almas reparadoras en las que ve un calco de su Unigénito. Estas almas sólo piensan en consolar a Jesús y lo quieren por puro amor. Se puede decir que es el amor perfecto hacia Dios.

Reparar los pecados ajenos sí, pero reparar también los nuestros. No se trata de pagar sino de reparar. Los encarcelados pagan condena por sus malas obras, pero no reparan porque reparar es ante todo amar.

Cuando un alma ruega por un pecador con deseo ardiente de que se convierta, el Sagrado Corazón encuentra en esta súplica reparación por la ofensa recibida y la mayor parte de las veces esta alma obtiene lo que pide, aunque sea en el último momento (Diario de Sor Benigna Consolata).

Las almas reparadoras ven la Cruz con amor

Queridos apóstoles de Mi Sagrado Corazón, profundizaremos en el gran misterio de la reparación. ¡Reparar es un don! Ser almas reparadoras o ser almas víctimas es un don otorgado por Mi Padre, por medio del Espíritu Santo. Cuando se ama se contempla al Amado, se está con el Amado, se consuela al Amado, y en todo se busca agradar al Amado. El alma reparadora reconoce primero sus pecados, reconoce sus debilidades, asume sus pecados, se confiesa y vive en gracia. 

El alma reparadora es fiel a Jesús

El alma reparadora reconoce el pecado original y vive en santidad, sabiendo su inclinación al pecado, conociendo sus debilidades y flaquezas, y se vigila, y de esta manera repara la inclinación al pecado de todo ser humano.

El alma reparadora es fiel a Jesús, reconoce cuantas veces soy traicionado, cuantas veces la humanidad me es infiel, y con su entrega, su fidelidad, y su obediencia repara el daño que me causa el mundo. 
El alma reparadora vence su voluntad, para gustar, vivir, y practicar Mi Voluntad. 

El alma reparadora me consuela. 
El alma reparadora guarda silencio reparando las muchas palabras innecesarias, y a veces hasta blasfemas de la humanidad; el alma repara guardando silencio. 

El alma reparadora también se deja amar

El alma reparadora repara con su docilidad y confianza la necedad del mundo. Pido que cada apóstol de Nuestros Sagrados Corazones sea un alma reparadora y repare según su estado. Los matrimonios pueden reparar por los pecados contra el Sacramento del Matrimonio, por los pecados contra la familia. Los jóvenes pueden reparar por los pecados de la juventud. Los enfermos pueden reparar por los pecadores que no aceptan su purificación. Todos según su estado de vida pueden reparar, pueden expiar. ¡Oren! ¡Mediten en la Cruz! Las almas reparadoras ven la Cruz con amor, saben que la Cruz los une a Mí. 

El alma reparadora es como la Cruz, siempre está detrás de Jesús, siempre está unida a Jesús. Los exhorto: sean almas reparadoras. Cada quien repare en su vida por sus pecados y los del mundo uniéndose a Mi Dolor. Sean pacientes, el alma reparadora es paciente y sobre todo sabe que es amada por el Esposo Celestial. 

El alma reparadora también se deja amar, porque sabe que el Amor no es amado.

Llamado de Amor 10 de noviembre de 2017

Tengo sed de que cambien el Corazón

Pequeña víctima, mi Corazón sediento en la Cruz exclamó: ¡tengo sed! Los hombres entendieron que Yo tenía sed corporal, pero más que la sed corporal era la sed de amor. Tenía sed, sed de ustedes, y aún tengo esa sed; sed de vuestra conversión, sed de vuestro fiat, sed de que cambien el corazón. Aún tengo sed y quiero que esa sed la calmen con mi Amor, la calmen con mi Espíritu, la calmen dejando a mi Espíritu de Amor entrar en sus corazones.

Llamado de Amor 21 de diciembre de 2018

Reciban Mi Amor y sus corazones sean sanados

Queridos hijos, abran vuestras almas a Mi Amor Redentor, Mi Amor de Cruz, Mi Amor Humilde, Mi Amor que Perdona, Mi Amor que ama; abran vuestros corazones, y reciban Mi Amor y sus corazones sean sanados.
Hijitos, practiquen la humildad de corazón, practiquen la caridad con los hermanos, practiquen el ayuno y la oración; no tengan miedo de lo que suceda, sino que oren y prepárense, porque el Reino del Santísimo Sacramento está tocando las puertas del mundo, que se abrirán con poder y fuerza, cuando la Misericordia de Mi Padre toque los corazones y rectifique las conciencias de los hombres.

Llamado de Amor 2 de septiembre de 2016

Una vocación en común, la santidad en el Amor

Como cada hijo mío nacido de mis Purísimas Entrañas, lucha por vivir en santidad en cada momento presente de su vida. 
Hijo mío, Dios creó al hombre y a la mujer para que fuesen santos e irreprochables a sus ojos. Todos ustedes, mis hijos, tienen una vocación en común, la santidad en el amor, en el perdón, santidad es vuestra vida, vuestra vida verdadera en Dios. Yo quiero que todos mis hijos sean santos y ¡cómo no me voy a preocupar de mis niños! Jesús me los entregó a mis cuidados maternos desde la Cruz, desde el Calvario.

Allí, mi Purísimo Vientre, se abrió para todas las almas, así como también se abrió el Purísimo Corazón de mi Hijo, y Sangre y Agua brotaron para el mundo. 

Santo es el que abre sus heridas para que mi Hijo las sane

Hijos, la santidad no es una prenda que se encuentra en cualquier lugar, es una gracia que el Padre le concede a las almas en su Infinita Misericordia. Santo, por eso hijos míos, no es el que no peca sino el que reconoce humildemente sus miserias y me las entrega y acoge en su alma el perdón y la misericordia de mi Padre. Santo es el que abre sus heridas para que mi hijo las sane. Santo, hijos míos, es el que cierra su corazón al mundo y solo lo abre para el Cielo. La apertura de un alma es necesaria, mis pequeños. El alma debe estar consciente de sus miserias y de la necesidad del Amor que mi Padre os ofrece, Amor que no solo sana, sino que perdona, salva y redime. 

La santidad es una lucha ardua, pero feliz.

La santidad no se consigue con vuestros esfuerzos, sino con la gracia que proviene del Padre, que os ama sin medida. La santidad es una lucha ardua, pero feliz. El alma que emprende ese caminar de rosas con espinas que os han de purificar en el dolor, de rosas que los guiaran al camino, hacia la gracia más grande del Padre, es decir, a mi Hijo Jesús, venciendo su voluntad para aceptar la del Padre, renunciando a su ego, luchando por amor a Dios y a sus hermanos, ira consiguiendo y trabajando en su santificación, y luchará y se esforzará para alcanzarla en el Santo Temor a Dios y con mi Divina Protección. Sumérjanse en la santidad que no es nada más que abrir el corazón a Cristo, reconocerlo y servirlo en la verdad y honestidad que daré a cada hijo mío, a cada alma. Os amo, mis pequeños, María Madre y Maestra de santidad. Amén. 

23 de mayo de 2014

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