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“No hay nada tan poderoso como bendecir a tu hijo”

5 lecciones que aprendí al bendecir a mis hijos… Relato de una hermana judía que nosotros deberíamos considerar con nuestras oraciones.

Bendecir a nuestros hijos cada noche y a cada momento… No hay nada tan poderoso como poner tu mano sobre la cabeza de tu hijo y recitar las palabras con las que nuestros antepasados bendijeron a sus propios hijos.

por Adina Soclof

Hay 5 cosas que aprendí al bendecir a mis hijos:

  1. Amas a tus hijos más allá de todo:

Toda relación padre/hijo tiene sus problemas, algunos más difíciles que otros. Algunas semanas son peores que otras. Sin embargo, todo parece derretirse bajo la luz de las velas de Shabat. Desde muy pequeños, nuestros hijos se acostumbraron a formar una fila por edad para recibir su brajá (bendición). Saben que en ese momento, todo lo que haya pasado entre nosotros queda de lado. Es un momento de conexión y paz.

2. Reza para que tus hijos vivan con una actitud positiva:

La bendición está compuesta por dos versículos. El primero es específico para cada género:

Para los niños: Que Dios te haga como Efraim y como Menashé.

Para las niñas: Que Dios te haga como Sará, Rivká, Rajel y Leá.

El segundo versículo, que viene de la Torá, es la bendición sacerdotal:

“Que Dios te bendiga y te proteja. Que Dios haga resplandecer Su rostro hacia ti y te agracie. Que Dios eleve Su rostro hacia ti y te conceda la paz”.

Esta bendición incluye una plegaria para que Dios siempre te proteja y que siempre sientas Su amor y protección.

Cuando bendigo a mis hijos, me enfoco en rezar para que ellos sientan que todo lo que pasa es para bien y para que Dios los ayude a actuar de una forma que Lo enorgullezca.

3. No hay un molde apto para todos:

La bendición estándar está compuesta por estos dos versículos, pero puedes agregar tu toque personal.

Cada persona tiene un versículo de la Torá que corresponde a su nombre hebreo. Mi esposo comienza su bendición con ese versículo y le da a cada niño un abrazo de oso y un beso. Como nuestro segundo hijo partirá en unas semanas para ir a estudiar en Israel, este último año mi esposo llevó una cuenta regresiva hasta su partida: “¡Sólo 17 Shabatot más hasta que te vayas!”

Yo les doy un abrazo inmenso y un beso, y trato de elogiar a cada hijo: “Valoro toda tu ayuda de último momento antes de Shabat”. “Los brownies que hiciste huelen muy bien. No veo la hora de comerlos”.

4. No hay un momento mejor para ser agradecidos:

La combinación del brillo de las velas de Shabat y tus hijos bañados y vestidos con sus ropas de Shabat, tiene algo que hace que el corazón se llene de agradecimiento. Yo trato de no permitir que ese sentimiento pase de largo sin agradecerle a Dios por Shabat y por la sensación de paz que descendió sobre nuestro hogar. Le agradezco a Dios por la abundancia de alimento que tenemos para celebrar Shabat. Finalmente, me concentro en agradecer por mi familia, por mi esposo y por el regalo de ser padres de cada uno de esos individuos únicos cuyo cuidado nos fue confiado.

5. Es una gran oportunidad para pensar en los demás:

Al pensar en todo lo que tengo para agradecer, también pienso en quienes no tienen satisfechas todas sus necesidades físicas, o en quienes sufren carencias espirituales. Pienso en esos niños que no tienen padres que los bendigan y me tomo un minuto para enviar plegarias y bendiciones en su camino.

Ahora, desde el punto de vista Católico

Por: Philip Kosloski 

Una antigua tradición cristiana que puedes repetir cada día

Los padres tienen la importante tarea de guiar a sus hijos hasta Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica explica cómo “por la gracia del sacramento del matrimonio, los padres han recibido la responsabilidad y el privilegio de evangelizar a sus hijos. Desde su primera edad, deberán iniciarlos en los misterios de la fe, de los que ellos son para sus hijos los ‘primeros […] heraldos de la fe’” (CIC 2225).

Sin duda, no es una tarea fácil y, en ocasiones hasta puede parecer infructuosa. A veces no conoceremos el efecto que tuvimos sobre nuestros hijos hasta muchos años más tarde.

Una parte importante de “evangelizar” a nuestros hijos es bastante simple y muy antigua. Se llama “Bendición paterna” y consiste en la capacidad de invocar la bendición de Dios sobre nuestros hijos. Como padres, tenemos una responsabilidad especial y el deber de confiar nuestros hijos a Dios, de modo que nuestras oraciones tienen un doble efecto sobre ellos. Dios nos los ha dado y es nuestro deber devolverlos a Dios.

Encontramos ejemplos de este tipo de bendición por todo el Antiguo Testamento. Uno de los ejemplos más conocidos es la bendición de Isaac sobre su hijo Jacob (cf. Génesis 27). Hay muchos otros ejemplos en el Antiguo Testamento y por esta razón muchas personas usan estas bendiciones para sus propios hijos.

Una bendición que se usa con frecuencia viene del libro de Números y se la conoce como Bendición aarónica: “Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz” (Números 6,24-26).

Encontramos otra bendición en el libro de Tobías, donde Tobit ofrece a su hijo Tobías una bendición antes de que parta en su viaje: “El Dios que está en el cielo los proteja y los haga volver a mi lado sanos y salvos. ¡Que su ángel los acompañe con su protección, hijo mío!” (Tobías 5,17).

Una manera sencilla de realizar esta bendición es tomar un poco de agua bendita (si hay disponible) y marcar la señal de la cruz en la frente de tu hijo (o simplemente colocar tu mano en su cabeza). Al mismo tiempo, puedes rezar cualquiera de las oraciones anteriores o decir sencillamente: “Que Dios te bendiga en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

La fórmula de la oración no está escrita en piedra, así que un padre o una madre pueden utilizar una oración espontánea para bendecir a sus hijos. La parte importante es invocar la bendición de Dios sobre ellos, reconocer el poder que Dios nos ha concedido como padres.

Esta bendición se pronuncia normalmente antes de acostarse, pero también puede usarse antes de que los niños vayan a la escuela, se suban al autobús o se vayan de viaje. Te confortará saber que Dios está con ellos cuando salen de casa y que un ángel les acompaña a cada paso del camino.

No es fácil ser padres; educarles en la fe puede parecer una tarea insuperable. Sin embargo, con la ayuda de Dios, todo es posible.

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unpasoaldia

Un caminante en la fe, obediente a la Santa Iglesia y en espera de la conquista del Santo Cielo

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