Vivir en el Corazón de Jesús

Vivir con el Corazón de Jesús.

Vivir con el Corazón de Jesús quiere decir vivir en comunión con Él. Es la manera de responder a su amor y de repararlo. Esto no se puede entender sin una “determinada determinación” de santidad.

Vivir con el Corazón de Jesús quiere decir ser de los suyos, estar entre sus íntimos con todas sus consecuencias. Él nos pide expresamente que estemos con Él para ser amigos suyos (Cf. Lc. 11, 23). Quiere decir que nos dejemos lavar, purificar, para tomar parte con Él (Cf. Jo.13, 8). Que permanezcamos con Él para participar del banquete de su Reino (Cf. Lc. 22, 28).

Caminar con el Corazón de Jesús.

Caminar con el Corazón de Jesús es negarse a sí mismo y cargar la cruz por amor, respondiendo a la llamada que Él nos hace: “Si alguno quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mt.16,24).

Caminar con el Corazón de Jesús es dejarlo todo para estar con Él: “Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo, y ven y sígueme” (Mt.19,21).

Caminar con el Corazón de Jesús y ser de su familia, es hacer siempre la voluntad de Dios: “Quien hiciere la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre (Mc.3, 34; Mt.12,48-50).


En comunión con el Corazón de Jesús.

Vivir en comunión con el Corazón de Jesús es vivir en estado de gracia santificante que nos hace partícipes de la vida sobrenatural de Cristo. Podemos Conocer y experimentar que Él vive con nosotros y nosotros con Él (Cf. Jo. 14, 20-21. 23).

Vivir en comunión con el Corazón de Jesús es estar con Él en la vida y en la muerte, perseverando en la gracia. Supone: padecer con Él para vivir con Él y sufrir con Él para reinar con Él (Cf. 2ª Tim. 11-13).

Siempre con el Corazón de Jesús.

Vivamos con el Corazón de Jesús ofreciéndole lo que hacemos de día o de noche, despiertos o dormidos (Cf. 1ªTes. 5, 10).

Vivamos con el Corazón de Jesús buscando ratos de intimidad con Él, principalmente participando de la Misa y Comunión, incluso diaria, y permaneciendo en oración, amando y reparando, ante el Sagrario. El Corazón de Jesús nos sigue invitando a que vayamos, veamos dónde mora (Cf. Jo. 1, 39) y permanezcamos siempre con Él.

En el Cielo, pemaneceremos eternamente con el Corazón de Jesús.

Porque estaremos siempre con el Señor (1ªTes.4, 18), gozando de la visión beatífica, conducidos por el Corazón de Jesús.

También sobre nosotros se cumplirá la palabra del Corazón de Jesús: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc.23,43).

Nos atrevemos a decir con San Pablo: “Deseo morir para estar con Cristo” (Fil.1,23). Sí, deseamos morir para estar con Dios, permaneciendo don el Corazón de Jesús.

Conclusión.

Con el Corazón de Jesús lo podemos todo porque Él nos conforta y ayuda (Cf. Fil.4,13).

Por lo tanto, vivamos con el Corazón de Jesús, caminemos en comunión con Él, siempre con Él, en la vida, en la muerte y en la eternidad.

¡Sagrado Corazón de Jesús! No permitas que nos apartemos de Ti. Queremos morar contigo, dentro de tu Corazón.

El Corazón de María nos enseña a permanecer con el Corazón de Jesús, amando y reparando, a través del rezo, meditación y contemplación de los misterios del Rosario.