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El Silencio de María y las siete palabras de Jesús en la Cruz

Un Paso al día 👣 Toma la reflexión del Sábado Santo del padre Santiago Martin, dedicado a Maria Santísima Madre humilde y silenciosa.

En esos momentos de obscuridad de Dios, que a veces se presentan en la vida, en los que parece que no está Dios porque no logras con tu entendimiento dar una explicación al porqué de los acontecimientos, vuelve tu mirada a María si no logras entender a Dios y sin embargo es un Dios al que sigues necesitando.

Algo similar pasó el sábado santo de la pasión, los que deberían estar presentes ante la ausencia de Jesús, no estaban, es decir los apóstoles que estaban escondidos, ellos eran los que en jerarquía se esperaba encontrar en la iglesia recién creada, ellos habían sido instruidos y sin embargo no se les pudo ver, entonces la gente volcó la mirada hacia  María.

A veces, cuando hay ese gran dolor en tu vida, que puede darse por algo que te pasa a ti o por algo que le pasa a uno de los tuyos, como fue para María  la crucifixión de Jesús, voltear hacia  María y ver su  respuesta ante los hechos es un modelo a seguir.

Las 7 palabras de Jesús en la cruz tienen una correspondencia con los 7 silencios de María. Jesús habló y María escuchó, asumiendo cada palabra de Jesús.

Es importante notar y experimentar la humildad con la que María actúa ante ese doloroso escenario, ella nos quiere enseñar. El mundo de hoy se caracteriza por ser especialmente soberbio,  quiere ocupar el lugar de Dios, es el reino del relativismo, María está pidiendo Humildad con su ejemplo.

María no quiere ser diosa o reina, mas bien se presenta como esclava ante el mensaje del ángel Gabriel, “hágase en mi según tu palabra”

Las 7 palabras en la Cruz

1er palabra, “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”

María escucha a Jesús y asume sus palabras, pidiendo perdón y abogando ante el Padre por aquellos que están descalificando, insultando y matando a su hijo

2ª palabra,  “Hoy estarás conmigo en el paraíso”

María entonces ora por aquel ladrón arrepentido que defiende a Cristo y esto no te quepa duda hará que ella esté muy contenta. Siempre que alguien defiende a su hijo,  está más contenta que si esa defensa se la hicieran a ella misma.

3er palabra “Ahí tienes a tu hijo; ahí tienes a tu madre”

Juan era junto con Santiago hijos del trueno, ese apelativo indica que eran hombres de carácter, no tibios. En Juan estamos representados todos, la virgen nos ama a todos, ahora será madre de personas que no somos perfectos y que somos difíciles, ora por nosotros y nos asume como sus hijos por encargo de Jesús. Nos dice que como nuestra madre del cielo nos ama como somos. No dependerá de mí ni de ti, pues es un amor de madre, es un amor incondicional.

María no es jueza, es defensora, abogada, madre nuestra y también madre del juez.

4a palabra, “Dios mío ¿por qué me has abandonado?”

Dios ya no experimenta a Dios o siente la ausencia de Dios. Cuando escucha esto María de su hijo refiriéndose al Padre, que también es su Padre, parecería que también la abandonan a ella al ver sufrir de esa manera a Jesús, abandonado aparentemente por el Padre y por sus discípulos. Es Jesús quien también dará la respuesta más adelante.

María al experimentar este abandono,  no hace la misma pregunta al Padre porque María diría ¿quién soy yo para pedir explicaciones? ¿Por qué tengo que pedir explicaciones si yo soy creatura? Yo no pido explicaciones cuando hay un suceso feliz y todo va bien ¿Por qué lo tengo que pedir cuando las cosas están mal?

5a palabra “Tengo SED”

Tengo sed de ti nos dice Jesús,  te necesito. María responde, yo estoy aquí y quiero ser tu agua. Siguiendo su ejemplo tú y yo  podemos ser el agua para Cristo. Acompañemos a Jesús y démosle de beber, atendiendo la sed de los hermanos que están pidiendo agua porque están solos y sin amor “Tengo sed”

6ª palabra  “Todo está consumado”

7ª palabra, “Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu”

He aquí la respuesta a la pregunta que Jesús hacía cuando se siente abandonado

Jesús se abandona de manera  total y resuelta a la voluntad del Padre con la confianza absoluta de entregarse al Amor eterno.

María, asumiendo en silencio las palabras de Jesús, dice nuevamente FIAT, hágase,  mi vida y la de mi hijo están en tus manos, FIAT confío absolutamente en Ti como Jesús confía, hago mi parte y al confiar en Ti Padre obtengo la PAZ que solo es posible experimentar al poner mi confianza total en Ti.

JUNTO A LA CRUZ ESTABA SU MADRE (Jn 19,25)

María estaba allí. ¿Dónde iba a estar sino? ¿Dónde va a estar una madre, si no al lado del hijo que sufre? Las madres siempre os encontráis junto a la cruz de los hijos, y tú, María no fuiste excepción.

¿Por qué? ¿Por qué el dolor de cualquier hijo os atrae, como imán a las madres?… ¿Qué tiene la maternidad para transformaros en heroínas?

Cruz del Señor

Nadie de los amigos o conocidos quiso estar allí. Solo tú, la madre, el discípulo amado y las tres mujeres se hicieron presentes. La escena evangélica está llena de simbolismo, pero se ve clara una gran verdad de la vida: Todo nacimiento es sufrimiento. Todo amor es dolor. Toda maternidad es dar y entregar.

María, desde el dolor de la cruz, reafirmaste tu maternidad. Allí nos diste a luz a todos los creyentes. No podía ser de otra forma. Junto a la cruz, viendo morir al Hijo que concebiste virginalmente y alumbraste corporalmente, nos concebiste a todos nosotros virginalmente y nos alumbraste espiritualmente. ¡Qué gran nacimiento fue éste!

Junto a la cruz estabas entonces, Madre. Junto a la cruz sigues estando hoy…Pero, ¿dónde están los creyentes para sufrir con los que lloran y engendrarlos de nuevo en el dolor?

La Cruz está vacía…No está ya el hijo, que desde ella resucitó. Ni están los otros hijos. La cruz se encuentra vacía. Sola estás tú, María, junto a ella, esperando a tus que le acompañen.

Acto De Reparación Al Inmaculado Corazón De Maria

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas! Aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres. Terminar con las siguientes jaculatorias:

¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!

Refugio de pecadores, rogad por nosotros.

¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Avemaría, padrenuestro y gloria por las intenciones del Papa.

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