La Santísima Vírgen María también inicia su Pasión…

La misma Virgen Santísima dijo a santa Brígida que su corazón era uno con el de su Hijo por el amor. Aquella mezcla de esclava y madre, y de hijo y Dios, levantó en el corazón de María un incendio de amor compuesto de mil hogueras. Pero todo este incendio de amor, al tiempo de la pasión se convirtió en un mar de dolor.

Reveló la Virgen a santa Brígida que cuando se acercaba el tiempo de la pasión, sus ojos estaban siempre llenos de lágrimas pensando en el amado Hijo que lo iba a perder en esta tierra, y que tenía un sudor frío por el temor que le asaltaba al pensar en el próximo espectáculo tan lleno de dolor. Y ya cercano el día, fue Jesús llorando a despedirse de la Madre para ir a la muerte.

San Buenaventura, considerando lo que haría María aquella noche, le habla así: Sin dormir la pasaste, y mientras los demás dormían tú permaneciste en vela. Llegada la mañana venían los discípulos de Jesucristo a esta afligida madre, quién a traerle una noticia y quién otra, pero todas de dolor, cumpliéndose en ella el texto de Jeremías: “Llora que llora por la noche y las lágrimas surcan sus mejillas; ni uno hay que la consuele de todos los que la quieren” (Lm 1, 2).

Escribe san Juan Crisóstomo: Hasta de las fieras nos compadecemos. Si viéramos a una leona que va detrás de su cachorro que lo llevan a matar, daría compasión. ¿Y no dará compasión ver a María junto a su Cordero inmaculado que es llevado a la muerte? Tengamos compasión de ella y procuremos acompañar a su Hijo y a ella también nosotros, llevando con paciencia la cruz que nos manda el Señor. Pregunta san Juan Crisóstomo: ¿Por qué Jesucristo quiso estar solo en los demás sufrimientos y en cambio, al llevar la cruz, quiso ser ayudado por el Cireneo? Y responde: Para que comprendas que la cruz de Cristo no te sirve de nada sin la tuya. No basta para salvarte la sola cruz de Jesús si no llevamos con resignación la nuestra hasta la muerte

 María sufre lo indecible viendo a su Hijo padeciendo y sin culpa, pero acepta la Voluntad de Dios que consiente esa Pasión que es el precio de nuestra Redención. Si en la Cruz Jesucristo muestra hasta el colmo su Amor por los hombres, también es en la Pasión donde María nos muestra su amor amando con dolor el querer de Dios. Y si en la Cruz, con una visión sólo humana, parece que fracasan Jesucristo y María, para unos ojos de fe la Cruz es el preludio de la gloria de la resurrección: ni Dios ni los que le aman pueden fracasar. Por el contrario, todo dolor si es cristiano, eleva a quien lo padece: como afirma san Pablo,el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios.

María padece junto a su Hijo porque lo ama. Está dispuesta a padecer todo por amarle; y, así, Ella es verdadero consuelo para Jesús que no puede más con su dolor. La piedra de toque del amor es el dolor, se ha dicho. Y María sufre lo indecible viendo sufrir a Jesús, pero en obediencia al Padre acepta el dolor del Hijo y el suyo propio, pues es la salvación de los hombres: he aquí la medida de su amor por nosotros.

Se puede pensar y es cierto que la vida humana es una historia de dolores. No es éste un planteamiento negativo de nuestra existencia. Al contrario, es el más positivo, porque es realista y porque, para que la vida del hombre sea toda de amor, y así alcance la persona la plenitud para la que fue concebida por Creador, debe ser también toda de dolor: el que ama en este mundo, siempre da al amado a costa de sí mismo y por eso sufre. Y tanto más quiere sufrir cuanto más quiere amar. De hecho, como dijo el Señor, nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos.

Necesitamos a María. En nuestra relación con Dios debemos ser pequeños, debemos ser hijos: nos lo ha dicho el Señor. Necesitamos una madre sobrenatural para esta vida sobrenatural de relación con Dios. Y aquí tenemos otra prueba del amor que Dios nos tiene en Jesucristo: ¿Qué mejor madre, qué mejor mujer, podría ser madre nuestra en el orden de la gracia que la que el propio Dios escogió para sí? Que sepamos, como el discípulo amado, acogerla en nuestra casa, en nuestra vida.

Ntra. Señora Del Sagrado Corazón De Jesús: Oración Del Acordaos

ACORDAOS, ¡oh Nuestra Señora del Sagrado Corazón!, del inefable poder que vuestro Hijo divino os ha dado sobre su Corazón adorable. Llenos de confianza en vuestros merecimientos, acudimos a implorar vuestra protección. ¡Oh celeste Tesorera del Corazón de Jesús, de ese Corazón que es el manantial inagotable de todas las gracias, y el que podéis abrir a vuestro gusto para derramar sobre los hombres todos los tesoros de amor y de misericordia, de luz y de salvación que encierra! Concedednos, os lo suplicamos, los favores que solicitamos.

No, no podemos recibir de Vos desaire alguno, y puesto que sois nuestra Madre, ¡oh Nuestra Señora del Sagrado Corazón!, acoged favorablemente nuestros ruegos y dignaos atenderlos. ¡Así sea!

¡Ntra. Señora del Sagrado Corazón, rogad por nosotros!

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