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No juzgues a tu hermano; calla, reza y defiéndelo!!!

El Papa Francisco nos deja estas enseñanzas.

Quien juzga a un hermano se equivoca y terminará por ser juzgado del mismo modo. Dios es “el único juez” y quien es juzgado podrá contar siempre con la defensa de Jesús, su primer defensor, y con la del Espíritu Santo.

Usurpador de un lugar y de un papel que no le pertenece es quien juzga al hermano y cosechará una derrota, porque terminará como víctima de su misma falta de misericordia.

“La persona que juzga se equivoca, se confunde y sale derrotada”, porque “se pone en el lugar de Dios, que es el único juez”.

“La persona que juzga se equivoca, se confunde y sale derrotada”, porque “se pone en el lugar de Dios, que es el único juez”. Quien juzga lo hace “enseguida”, mientras “que Dios para juzgar se toma su tiempo”.

“Por esto, quien juzga se equivoca, simplemente porque toma un lugar que no le corresponde -. Pero no sólo se equivoca, sino que se confunde”.

.“El único que juzga es Dios y aquellos a los que Dios da la potestad para hacerlo”

“Jesús, ante el Padre, ¡no acusa nunca! Al contrario: ¡defiende! Es el primer Paráclito. Después nos envía el segundo, que es el Espíritu. Él es el defensor: está ante el Padre para defendernos de las acusaciones”

En definitiva quien juzga, “es un imitador del príncipe de este mundo que siempre va detrás de las personas para acusarlas ante el Padre”.

“Si queremos ir por el camino de Jesús, más que acusadores debemos ser defensores de los demás “

“Cuando veo algo que no está bien en el otro ¿lo defiendo?¡No! ¡Pues entonces calla! Ve a rezar y defiéndelo ante el Padre, como hace Jesús. Reza por él ¡pero no juzgues!”.

“Porque si lo haces, cuando tú hagas algo mal, serás juzgado. Recordemos bien esto, nos hará bien en la vida de todos los días, cuando nos vienen las ganas de juzgar a los demás, de murmurar de los demás, que es una forma de juzgar”.

Oración para No Juzgar

Señor mío, quiero grabar en mi vida las leyes de tu amor, para que mi corazón sólo pueda moverse en una dirección: justicia, equidad, solidaridad, perdón, amor y misericordia.

Debo ser agradecido con todos los talentos que me has dado para ser un fiel imitador tuyo, tener tu Espíritu, ser un verdadero portador de tu bondad, que es compasivo, que no juzga ni condena, que siempre perdona y da a manos llenas.

No permitas que caiga en la tentación de juzgar y criticar a mis hermanos. Yo también me equivoco y fallo. Enséñame a descubrir en los demás lo mejor de cada uno, sus virtudes y sus buenas obras.

Ayúdame Señor, a olvidar con prontitud todo cuanto me han ofendido. Aparta de mí todo sentimiento negativo y de rencor, toda emoción negativa acumulada en mi corazón que causa resentimiento y malos deseos.

Oh Dios mío, quiero amar como Tú amas, perdonar como Tú perdonas. Quiero que me ayudes con la luz de santo Espíritu para poder lograrlo.

Líbrame de juzgar, de mirar las acciones de otros con soberbia y prepotencia, en vez de eso, hazme ver la miseria en mi interior, hazme ver que también estoy plagado de errores y los cometo con frecuencia

Regálame la capacidad de perdonar las personas que me hacen daño. Toca mi corazón para que siempre esté dispuesto a amar con libertad, sin prejuicios, a ser una persona alegre, feliz, que va construyendo un futuro mejor de acuerdo a tus leyes de vida.

Confío en tu bendición y en tu amor que en este momento derramas sobre mí y me ayuda a cambiar esas malas actitudes para afrontar los retos de cada día.

Gracias por tu amor y tu compañía que me hacen experimentar tu poderosa Verdad que va llenando mi vida y mi corazón con amor y tu misericordia, que me va librando de esos malos pensamientos hacia los demás, de esas críticas y juicios que entrego a la ligera.

Ven Señor y sopla con la fuerza de tu Espíritu para que me llenes de humildad, mansedumbre y caridad.

Amén.

Y hoy viernes de Dolores, esta reflexión…

Virgen de Fátima, hoy vestida de Dolores

Viernes de Dolores, así le decimos al viernes preámbulo de toda una Semana de Pasión y Dolor, en el que se enaltece y venera a una Madre enlutada, con una espada atravesándole el corazón, con lágrimas en sus ojos y con sus manos de dedos entrelazados en señal de la angustia que brota de su alma.

Ella es una madre dolorosa. Esta mujer llena de dolor está representando a todas las madres del mundo que han pasado por la prueba de amargura sin límite de ver morir a un hijo.

María la que llevó en su seno al Salvador del género humano, la que lo meció en sus brazos de madre amorosa, la que lo buscó llena de angustia junto con su esposo José, cuando no lo encontraban en la caravana que los regresaba a casa…. y más tarde lo hallaron en el Templo con los doctores de la Ley cumpliendo la voluntad del Padre celestial, la que lo tuvo durante treinta años en el calor del hogar, hogar de amor y trabajo.

María, la que lo vio partir un día y fue cuando su corazón supo que, “había llegado la hora”… La que supo de su vida de predicación, de peregrino recorriendo caminos, aldeas y ciudades…

María, la que supo de una corona de espinas que rompió la suave piel de la cabeza del hijo querido, de una espalda abierta por profundas heridas de salvajes latigazos, de unos dulces ojos nublados por el dolor, la que lo vio cargando con un madero…. y caer.

María, la que vio como atravesaban con clavos sus manos y pies amadísimos y como era levantado en alto para quedar entre dos ladrones…..

María, la que vio al hijo queridísimo, al hijo bueno, al hijo santo, al Dios hecho hombre convertido en una figura rota y doliente, lleno de polvo, con el rostro sucio y triste, con el cabello, que ella tantas veces acarició, ahora pegado en su cara, endurecido y aplastado por la sangre reseca….Esa María que vivió todo eso….fue una Madre dolorosa.

No bajaron los ángeles para enjugar sus lágrimas. No hubo ningún paliativo celestial ni milagroso que aminorara el dolor de la Madre de Dios. Ella soportó la muerte del hijo de pie, con el corazón roto pero de pie, volviendo a decir “si” a la voluntad del Altísimo.

Y allí, por mandato de su hijo agonizante, se convirtió en nuestra madre.
Madre de misericordia. Madre de la Esperanza.
En este mundo tan difícil y desorientado, Cristo nos la dejó, nos la dio para que sea nuestro faro y consuelo de nuestras penas, porque nadie como Ella lleva mejor el nombre de Madre Dolorosa.

Ejercicio Piadoso Al Corazón Doloroso De La Madre De Dios

Por la señal de la Santa Cruz,+ De nuestros enemigos,+ Líbranos, Señor +

Primer Dolor – La aflicción que causó a su tierno corazón, la profecía del anciano Simeón.- Cuando le dijo: “una espada traspasará tu alma”. (Avemaría)

Segundo Dolor – La angustias que padeció su sensibilísimo corazón, en la huida y permanencia en Egipto.- Porque Herodes quería matar al Niño. (Avemaría)

Tercer Dolor – Las congojas que experimentó su solícito corazón, en la pérdida de su Hijo Jesús. (Avemaría)

Cuarto Dolor – La consternación que sintió su maternal corazón, al encontrar a su Hijo Jesús llevando la cruz a cuestas. (Avemaría)

Quinto Dolor – El martirio de su generoso corazón, asistiendo a su Hijo Jesús en la agonía. (Avemaría)

Sexto Dolor – La herida que sufrió su piadoso Corazón, en la lanzada que abrió el costado de su Hijo Jesús. (Avemaría)

Séptimo Dolor – El desconsuelo y desamparo que padeció su amantísimo corazón, en la sepultura de su Hijo Jesús. (Avemaría)

Ruega por nosotros, Virgen dolorosísima, para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

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unpasoaldia

Un caminante en la fe, obediente a la Santa Iglesia y en espera de la conquista del Santo Cielo

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