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Buenos días mi Jesús…

Una oración que es un tesoro de sometimiento a la Divina Voluntad, por Luisa Picarreta

LOS “BUENOS DÍAS” A JESÚS EN EL SACRAMENTO DE SU AMOR

 

Oh Jesús mío, dulce Prisionero de amor, aquí me tienes de nuevo; me quedé contigo con decirte “adiós” y ahora regreso a Ti, dándote los “buenos días”. Me consumía el ansia de volverte a ver en esta prisión de amor, para darte mis amorosos saludos, mis latidos afectuosos, mis respiros encendidos y mis deseos ardientes, y todo mi ser entero, para fundirme todo en Ti, y dejarme en Ti en perpetuo recuerdo y prenda de mi amor constante hacia Ti.

Me consumía el ansia de volverte a ver en esta prisión de amor, para darte mis amorosos saludos, mis latidos afectuosos, mis respiros encendidos y mis deseos ardientes, y todo mi ser entero, para fundirme todo en Ti, y dejarme en Ti en perpetuo recuerdo y prenda de mi amor constante hacia Ti.

¡Oh, mi siempre adorable Amor Sacramentado! ¿Sabes? A la vez que he venido para entregarme a Ti por entero, he venido también para recibir de Ti todo lo que eres por entero. Yo no puedo estar sin una vida para vivir, y quiero por eso la Tuya: a quien todo da, todo se le da, ¿no es cierto, Jesús?

Yo no puedo estar sin una vida para vivir, y quiero por eso la Tuya: a quien todo da, todo se le da, ¿no es cierto, Jesús?

Así pues, hoy amaré con tu palpitar de amante apasionado, respiraré con tu respiro afanoso en busca de almas, desearé con tus propios deseos inconmensurables tu Gloria y el bien de las almas.

En tus latidos divinos estarán presentes todos los latidos de las criaturas; los cogeremos todos y los salvaremos; no dejaremos que escape ninguno, a costa de cualquier sacrificio, sea incluso que me costase soportar toda la pena.

Si me echases de tu Presencia, aún más adentro me arrojaría, y gritaría más fuerte, para implorar contigo la salvación de tus hijos y hermanos míos.

Oh Jesús, Vida mía y todo mío, ¡cuántas cosas me dice este voluntario cautiverio tuyo! Mas las insignias de las almas; y las cadenas que tan fuerte, tanto, Te atan, son el Amor. Las palabras “almas” y “Amor” parece que Te hacen sonreír, Te debilitan y Te obligan a ceder en todo, y yo, valorando bien estos tus excesos amorosos, estaré siempre contigo y en unión contigo, con mi estribillo de siempre: almas y amor.

Las palabras “almas” y “Amor” parece que Te hacen sonreír, Te debilitan y Te obligan a ceder en todo, y yo, valorando bien estos tus excesos amorosos, estaré siempre contigo y en unión contigo, con mi estribillo de siempre: almas y amor.

Por eso, en este día te quiero a Ti por entero; junto conmigo siempre en la oración, en el trabajo, en los gustos y disgustos, en el alimento, en cada paso, en el sueño, en todo; y tengo por cierto que, no pudiendo obtener nada por mí mismo, obtendré contigo todo, y todo lo que haremos servirá para aliviarte cada dolor, y endulzarte por cada amargura, y repararte por cualquier ofensa, y compensarte por todo, y suplicar cualquier conversión, aunque fuese difícil y desesperada. Iremos pidiendo a todos los corazones como limosna un poco de amor para hacerte más contento y más feliz, ¿no está bien así, Jesús?

Iremos pidiendo a todos los corazones como limosna un poco de amor para hacerte más contento y más feliz, ¿no está bien así, Jesús?

¡Oh Prisionero de Amor querido, átame con tus cadenas y séllame con tu Amor! ¡Ah, muéstrame tu Rostro!

¡Oh, Jesús, qué hermoso eres!

Tus cabellos atan y santifican todos mis pensamientos; tu frente serena, aun en medio a tantas afrentas, me da la paz y me deja en una perfecta calma, aun en medio de las más grandes tempestades, de tus mismas privaciones, de tus caprichos, que me cuestan la vida…

Ah, Tú lo sabes, pero sigo adelante; esto Te lo dice el corazón, que Te lo sabe decir mejor que yo. ¡Oh, Amor! Tus celestes ojos bellos, que refulgen luz divina, me arrebatan al Cielo y me hacen olvidar la tierra, pero, ay, con sumo dolor mío se prolonga mi destierro todavía.

¡Ah, muéstrame tu Rostro!

¡Pronto, pronto, oh Jesús! Sí, Jesús, ¡qué hermoso eres! Me parece estar viéndote en ese Tabernáculo de amor; la belleza y majestad de tu Rostro me extasía y me hace vivir en el Cielo; tu boca dulcísima en cada momento me besa; tu suave voz me llama y me invita a amarte en todo instante; sobre tus rodillas me sostienes, y me estrechas con tus brazos con vínculo indisoluble, y yo mil y mil veces besaré ardientemente tu Rostro adorable…

Jesús, Jesús, sea uno solo nuestro querer, uno solo nuestro amor, único nuestro contento; no me dejes nunca solo, que soy nada, y la nada no puede estar sin el Todo. ¿Me lo prometes, Jesús? Parece que me dices que sí…

Y ahora, bendíceme, bendice a todos; y en compañía de los Ángeles y de los Santos, de nuestra dulce Madre, y de todas las criaturas, te digo: “Buenos días, Jesús, buenos días…”

 

Un paso al día 👣

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